La banda de Bono lleva más de una década ofreciendo pan sin sal a sus fans mucho más centrados en actuar como santos ante los ojos de la industria.
Pudiera ser que el hombre de la fotografía fuera músico y soliera tocar en la plaza de Kiev antes de que las llamas la ocuparan.
Después de toda gala, ceremonia o presentación, viene la obligada afterparty: una escaparate donde comprar y vender.
Esta fotografía demuestra que la música es un arte para escapar tanto de la monotonía de la oficina como de la monotonía de matar.
Putin da miedo y por eso sólo un grupo de lesbianas que realmente no lo son dijo algo, poco, sobre los derechos de los homosexuales.
La nueva Plataforma en Defensa de la Cultura va a terminar con las irrisorias quejas de una industria que ha perdido su identidad.