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LA GUILLOTINA

Columna de opinión a cargo de José Roa, redactor de Hablatumúsica.

¿Quién no ha querido tener un grupo cuando era pequeño? Te juntabas con tus amigos, aporreabas los instrumentos y soñabas viendo a tus grupos favoritos estar en su lugar, con los focos en tu rostro y la fama llamando a tu puerta.
La polémica Ley del aborto de Gallardón ha puesto en su contra incluso a su propio partido, pero, ¿dónde están los artistas?
Antes de que los hijos de la robótica controlen el mundo, dejemos que escojan lo que triunfa y lo que no en el mercado musical.
Compartir es adquirir algo de tu propiedad y cederlo a otras personas para su uso. Compartir es vivir, dicen. Robar es sustraer a otra persona algo que es de su propiedad.
Los programas-concurso televisivos como "La Voz" o "Tienes Talento" lanzan estrellas efímeras al tiempo que se hacen ricos.
Si el Ayuntamiento de Madrid pretende deshacerse de la cultura de la música en directo en la capital española, primero deberá pasar por nuestra guillotina.
Llegas a un concierto y, en un inmenso escenario, solo hay un hombre y un ordenador. ¿Es un músico? No, él hace electrónica.
Veía hace poco en un programa de televisión que, en clave de humor, un reportero paseaba por el Primavera Sound preguntando a los asistentes si conocían a las bandas que él acababa de inventarse, tratando de probar si es cierto que el fenómeno “hipster” se ve reflejado en su fama.
No poseemos una protección natural por la cultura, no sentimos esa necesidad práctica, quedando todo en bonitas palabras muy elogiadas, pero que resultan vacías de sentido cuando no se apoyan en actos consecuentes.
Si de algo sirvió el premio a "Mejor álbum del año" para Arctic Monkeys, fue para la fabulosa bofetada de Alex Turner a la industria.
No siempre se puede ganar, pero tenemos varios ejemplos de artistas que luchan por defender lo que es suyo: su música.
El turno a caer bajo la maza anticultural del Ayuntamiento madrileño es para el Festival Internacional de Jazz. Otra muesca más, ya es suficiente.