Ariel Pinks Haunted Graffit | Mature Themes

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Critica Mature Themes de Ariel Pinks Haunted Graffiti | HTM

En los tiempos en los que las personas se miran a través de un teléfono y el modo de vida ideal es el del hikikomori que pasa los días entre onanismo y troleo, no es extraño que aparezcan términos como estrella del rock de habitación, al que corresponde Ariel Pink. El de Los Angeles se muestra como un disparate nacido entre el alzamiento de la televisión como asesino de la cultura y el propio asesinato de la música con la llegada de los estadios, los iconos masivos y su conversión en producto. Todo ello, y hace ya una década, apareció Ariel Pink y sus Haunted Graffiti: un friki ignorado hasta hace tres o cuatro años que ha pasado a ser el nuevo salvador del pop e icono independiente estadounidense: El rey de la comedia de Scorsese llevado a la música.

En una lucha que va desde declararlo enfermo mental a, directamente, aprovechar esas sospechas para dar al hype formado a su alrededor, el angelino se encuentra en una época en la que escasean mentes insanas y creatividad. Tras años vagando en un radical alo de sonido en baja fidelidad que apenas permitía su escucha –En trabajos como The Doldrums o Worn Copy– el angelino ha ido perdiendo esa obsesión de sonar mal por gusto para alcanzar un puerto más en el que el centro de su obra sean las canciones.

El camino que ha seguido ha sido largo, intentando conseguir esa pieza que le faltaba para completar un álbum que se marcara como una obra magna. Se acercó hace dos años con Before Today, sobrado de buenas intenciones y también de experimentación “zappaniana”  que no terminaba de calar. Las críticas fueron exageradas, tal vez demasiado influenciadas por el personaje.

Con todo llega Mature Themes o lo que pretende ser la vuelta de tuerca de la discografía Pink, un noveno trabajo –por decir algo, incontable el material del líder de Haunted Grafiti- en el que abandona un grado más de baja fidelidad y apuesta por una mayor experimentación que forma grandes canciones. Mature Themes suena a como lo haría una nota hecha a base de recortes en revistas, una mezcla de grabaciones de recuerdos, anuncios de la televisión malos o sonidos de videojuegos de Sega movidos entre voces difusas y locuras que, sin sentido alguno, acaban sonando preciosas, con un regusto que parece que siempre han estado ahí.

La primera cara del álbum es una completa odisea de sonidos y canciones que parecen sacados de un puñado de grandes bandas y que, por el contrario, han salido todas de la misma cabeza. Desde la gravedad acompañada de teclados en Kinski Assassin y su demostración de que lo extraño puede enganchar completamente, al éxito instantáneo de Only In My Dreams, canción que parece que siempre estuvo por aquí. Is This The Best Spot? responde a la parte más experimental y esquizofrénica de Ariel Pink, contrapuesta al gusto clásico de la canción Mature Themes, un pequeño trozo de Brian Wilson. Cuatro canciones que resumen a la perfección todo un universo tan complicado como el de Ariel Pink.

Esa voz de catacumba que el angelino es capaz de sacar tiene su mejor versión en Driftwood y Early Birds Of Babylon, corte que parece nacido del Zappa de Mothers. La segunda cara de este nuevo trabajo parece perderse entre la potente calidad de la primera y una mente esquiva con canciones que miran más hacia una dirección del dreampop y synth –Symphony of the Nymph o Farewell American Primitive-. Live It Up lleva ese sonido de consola de 16 bits para cerrar con el delirio de Nostradamus & Me  y una versión descafeinada del Baby de ese (re)descubrimiento llamado Donnie & Joe Emerson del que Pink puede colgarse una nueva medalla, como la que ya debería tener por este nuevo trabajo. Su disparate más coherente y celebrado.