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[2012][7]

Los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Hay cosas que no cambian, es marzo y ya ha llegado la primavera, los muertos venden más que los vivos, el cadáver podrido de Whitney Houston huele a dólares. Y saca nuevo álbum ‘El Jefe’ y el número uno es suyo… Wrecking Ball ¿y para quién sino? ¿Adele? Ella y sus lípidos (y su bipolaridad según comentaba un artículo* del diario El País el pasado fin de semana) quedan reducidas a la mínima potencia cuando llega el Señor de las tierras y dice: “esto es mío”. Bruce Springsteen vuelve un año más (como pasa con las películas de Woody Allen, sanas y anuales, mejores o peores, pero necesarias) y ya es número uno de las listas de Estados Unidos y Reino Unido.

Que ‘The Boss’ sea número uno no debería extrañar. Son diecisiete álbumes de estudio en casi cuarenta años de carrera con ocho números 1 y un total de catorce top 5, sí, bonitas cifras, pero lo que esconde este actual número es una industria incapaz de consolidar jóvenes promesas (además de que, obviamente, Springsteen es Springsteen) sino también un Bruce con cierto hedor a agotamiento. Ha vendido menos, por supuesto que Internet y mil factores (que si una mariposa aletea en Katmandú), pero la audiencia ha envejecido, y él también. “Sacrilegio las palabras que estás a punto de mencionar”, eso siempre dirán los ultras, pero no lo voy a decir, porque una vez más ‘El Jefe’ supera las circunstancias haciendo lo que sabe hacer: estar en la calle.

Porque la salud de Springsteen siempre ha dependido de cantar de la clase obrera, de la gente de la calle, y es algo que ha hecho desde Born In The USA (1984). Y hablar de la gente nunca es caduco, sobre todo si lo haces en un lenguaje generalizado en el que cualquiera puede identificar sus problemas del día a día: This Depression o Land Of Hopes And Dreams. Opera al nivel gente de la calle, es empático porque es uno más, no toma un especial giro sonoro porque es más del Bruce antiguo que el que podamos ver en el futuro, habla cara a cara a esa clase media maltratada por la crisis por los “bancos voraces” (los malos). Una lección de cómo hacer canciones protesta sin caer en el tópico, simplemente con un tono moderado.

Wrecking Ball es un disco en el que ‘El Jefe’ muestra el mismo grado de preocupación y enfado que tenía hace un cuarto de siglo sin señales de senectud, casi sin quererlo, con rock and roll divertido habitual. Tampoco hay que pedirle una fórmula sonora nueva, es la que nos gusta, pero armónicamente algunas canciones son una contradicción respecto a la letra, además de algunos problemas de producción. Ron Aniello ha sido el responsable de este resultado, tal vez demasiado alborotado. Abuso de los coros que por mucho que puedan representar al pueblo entorpecen el mensaje directo de Springsteen a la gente de la calle, ese calado que tenía antes con una simple sección de cuerdas marca de la casa The E Street Band. He ahí el óxido de Bruce, por lo demás, demos gracias al dios que queramos porque siga haciendo música.

por Dani García

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