Darkside | Psychic

7
697

Las reuniones entre iguales se han convertido en hervideros de pesimismo y querencia por la paz social. Lugares, siempre son lugares, donde servilletas de papel y mondadientes se convierten en muñecos vudú del banquero y el pseudoestadista. Ni el DYC es capaz de aguar el oscurantismo del 2013. Fue en una casa con su salón, su crisis y sus hielos donde cayeron los primeros sonidos de ‘Psychic‘ (Matador, 2013). Fue en la noche que decae sin amanecer y los tragos no son alcohol si no bocanadas amargas, donde me encontré con una bestia salvaje tejida con canciones.

A los primeros compases de ‘Golden Arrow’, pieza inicial, los muebles comenzaron a desaparecer y los tonos se volvieron dos entre blanco y negro. Así es el primer trabajo de Darkside; no hay grises, como a Maradona le gustaría. Apenas unas sombras de instrumentos de cuerda, fugaces sonidos y cierta niebla pasa por encima durante  cinco minutos fríos, regates de un comienzo que se efectúa con varios golpes que marcan un ritmo tenebroso por lo asolador. Tiene algo de esa construcción que Pink Floyd comenzaron a llevar en ‘Echoes’, como el final de un camino que se interrumpió con la llegada del progresivo.

Tras el primer paseo, un andar se arrastra sobre hojas. El caminar es ‘Sitra’, pequeña introducción que nos lleva hasta la marcha imperial de ‘Heart’. Bombos mecánicos. La guitarra de Dave Harrington responde a la fina voz de Nicolas Jaar que suspira entre ecos. La dupla logra moverse en las canciones haciéndolas excitantes, contrariadas, una onda que contiene elementos terroríficos pero sensuales.  Con su fin el inicio de la pieza central de la obra: ‘Paper Trails’. Abrasivo ritmo, la seducción que ya había practicado Jaar con los ritmos de ‘Mi Mujer’ en sus inicios y que explota bajo elementos rock en todo ‘Psychic‘. La adicción de la canción se mezcla con la sangre en un baile tóxico del que es complicado escapar.

Tras esta danza aislada vuelve el ritmo apocalíptico a ‘The Only Shrine I’ve Seen’. Los juegos vocales y tambores se transforman en  elementos de un funk macabro en la segunda mitad de la canción. Una joya. Los matices y las formas son cambiantes, una serpiente que cambia de piel constantemente. ‘Freak, Go Home’ responde a la parte más electrónica que respira el álbum, a la cara más conocida de Jaar, un descenso por el Alpe d’Huez que supone ‘Paper Trails’ y que va a parar al ambiente sórdido de ‘Greek Light’ y el final de ‘Metatron’, una canción que podría aproximarse a los ambientes que ya recordaban a la banda de Roger Waters en sus primeros setenta.

En la era de los formatos y la infravaloración de la calidad del sonido, ‘Psychic’ exige lo contrario. A cada pasada aparecen elementos nuevos que lo convierten en interactivo, pidiendo a gritos el mejor equipo. Una vez terminado, la soledad invade cada hueco de tu cuerpo, una soledad infinita y reconfortante, tóxica y que pide volver a pasar una vez más por las ocho pistas del álbum.