Dirty Projectors | Swing Lo Magellan

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Critica Swing Lo Magellan de Dirty Projectors | HTM

Vivimos en esta época en la que la cultura tiene forma de agujero negro, una especie de tornado anómalo que absorbe todo lo intelectualmente significativo y lo convierte en pequeños placeres minimalistas. Un redil donde las mejores piezas artísticas conviven en condiciones decrépitas mientras el gobierno aprieta. Los productos que no son socialmente significativos apenas se consumen, sin embargo entre ellos siempre hay alguno que guarda un potencial artístico brutal, rico y estimulante. Esas canciones, o novelas o películas experimentales o de culto a las que me refiero quedarán ahí eternamente para degustar poco a poco o encumbrar cuando sea necesario. El último álbum de Dirty Projectors, Swing Lo Magellan, pertenece ya (antes de su lanzamiento) a ese selecto grupo.

Es posible que las masas aboguen por géneros musicales de mierda, que cada vez cueste más sudor encontrar algo nuevo (que tampoco hace falta, con que sea bueno uno se conforma), es posible que el folk o el rock nunca vuelvan a ser cómplices de esas melodías que masticaban a la vez millones de personas en los 60’s, pero a mí todo esto me da igual mientras exista gente como Dave Longstreth. El líder de Dirty Projectors es sencillamente un loco (de genial), un graduado en Yale de actitud excéntrica e inconformista hacia a su música -una clase de género experimental entre folkie impávido y rock indie, con coros inmaculados y terriblemente envolventes y con una percusión arrítmica y pegadiza sobre la que se podría construir otro disco completamente distinto-. Una cosa rara y maravillosa compuesta por 12 canciones.

Los que dicen que hoy no se inventa nada deben escuchar la maleable voz de Longstreth. En el rincón opuesto de ese otro grupo irreverente llamado Xiu Xiu, la banda de Brooklyn descansa en melodías complejas pero disfrutables. Tras un trabajo sobresaliente titulado Bitte Orca, Dirty Projectors sigue experimentando a lo bestia, esta vez absorben influencias africanas en cada acorde, en cada Ouh escupido por el coro, en cada golpe de tambor…  Golpes erráticos que mecen la voz perdida de Longstreth en See What She Seeing, un corte abrumador, cuyo coro repite I can see what she seeing con un marcado acento africano mientras un violín rebaja la violencia de esas guitarras adulteradas.

Uno de los mejores temas de este álbum en constante movimiento es Gun Has No Trigger, con ese final donde la voz de Longstreth se rompe y donde el lamento de los uuh de fondo te cala hasta los huesos. La guitarra eléctrica y llorona de Maybe That Was It, los violonchelos de About To Die o esa guitarra folk que comienza a mutar en el primer puente de Unto Caesar son otros momentos imprescindibles de Swing Lo Magellan. Un álbum hecho para degustar con auriculares, con el volumen muy alto y solo. Un trabajo que se divorcia descaradamente del directo. Imposible traducir los famosos arreglos de Longstreth al lenguaje que se habla en el escenario.

Otra de las piezas magistrales de este álbum engendrado en el barrio de Paul Auster es The Socialites, una extravagante balada con la voz de Amber Coffman. Una canción cuyos sintetizadores parecen derretirse y donde la guitarra va saltando de acorde en acorde con un desparpajo insólito. Tremendo el décimo disco de Dirty Projectors. Dolería que no apareciera entre lo mejor de este año.