Cuando el Katrina pasó por Nueva Orleans, dejó a su paso una ciudad convulsa, medio muerta. Pero la ciudad del Mississippi no puede morir porque está llena de vida. Sus habitantes se mueven entre vudú y las enseñanzas blues de Professor Longhair. Imposible no vivir. Detroit está muerta. No ha sido un huracán, tampoco un tsunami lo que ha acabado con Rock City. El capitalismo utilizó a la ciudad hasta que acabó en el suelo como una servilleta de papel en un bar madrileño. Calles sin luz, asfalto quebrado y fantasmas de tiempos mejores. Las casas vacías son la tónica pertinente en una ciudad que vio como el sueño americano se van tan rápido como viene.

Como reza el lema de la ciudad, “Speramus meliora; resurget cineribus” (Esperamos cosas mejores, resurgirá de las cenizas) La música es la única actividad por la que Detroit no ha sido olvidada. Desde ahí llegan Haunted House para recordarnos que si hay vida es por las canciones.

El cuarteto de Michigan debuta con un EP en el que las sensaciones fluyen y los sonidos que recogen lo mejor de los ochenta. Ecos a The Cure, New Order o The Smiths no dejan de resonar en las cinco canciones que desfilan entre el dream pop y el darkwave. ‘Guts’ fue el primer tema que los de Detroit mostraron al mundo. Las dos voces fantasmagóricas de Haunted House se mueve arrastrándose entre ritmos que amagan con el avant punk y el surf. La propuesta del cuarteto engancha en una carta de presentación de la que caben esperar grandes cosas.

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