Nicholas Thorburn logró vomitar todo sentimiento gangrenoso que derrumban mundos tras una separación. Con ellos logró aquella rosa negra en forma de oda que bautizó hace un año como ‘A Sleep & a Forgetting’. Fue una sorpresa tras la experimentación psicotrópica de ‘Vapours’ (ANTI-, 2009) y un cambio de dirección hacia un discurso más clasicista, de teclado, como si la redención de sentimientos vistiera de Rufus Wainwright.

Tras dos buenos álbumes tan desunidos en su forma y contenido y de una calidad similar ¿qué se podría esperar de Islands? Ni por asomo esperábamos encontrarnos con una continuación tan repentina. Así llega ‘Ski Mask’, sin tiempo de digestión. Una nueva carga de canciones más orientada a su álbum de 2009, como si ‘A Sleep & a Forgetting’ fuera un paréntesis, como si de aquel peso que debía expulsar en forma de 14 canciones un San Valentín cualquiera ya hubiese sacado todo lo que necesitaba.

Pero Thorburn no se olvida de ponerle énfasis a sus registros vocales. En ‘Wave Form’, primer adelanto que tuvimos de ‘Ski Mask’ y canción que abre el quinto álbum del canadiense, demuestra saber dominar con maestría la canción pop de medios tiempos. ‘Becoming the Gunship’, segundo adelanto, es otra demostración, más adictiva pero también con elementos menos sorprendentes. Y es que si algo tiene Islands como proyecto es apostar por lo vocal y saber darle ciertos toques que rompan la línea de lo que creemos normal.

Quizás, tras sus dos anteriores álbumes y su aplastador debut ‘Return to the Sea’ (2005), Islands pecan de haber arriesgado poco, de dejar escaso lugar a la sorpresa. Buenas canciones como ‘Hushed Tones’, ‘Shotgun Vision’ o ‘Sad Middle’ terminan por caer en el anonimato. La culpa la tiene la visión general que adquiere un álbum que incide en las líneas de lo que hasta ahora había sido Islands y, conociendo el poder de composición de su líder, acaba quedándose corto.

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