King Krule | 6 Feet Beneath the Moon

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Holden compró su gorra de para cazar personas. También tapaban aquellas canas que le hacían parecer y más viejo de lo que era. Aquel casco de tela gruesa le acompañó en su particular montería entre vagones, parques y casas de putas. Odiaba a todo el mundo y así lo hizo saber Salinger en aquel libro de extraña traducción que todo adolescente debería leer antes de tragarse Gandía Shore.

Archy también lleva gorra. Y tenía ese gusto por el odio. Nació en Inglaterra no hace ni 20 años y en lugar de escaparse de cacería, intentar matar al Reagan de turno o rememorar el balazo de Chapman a Lennon,decidió llamarse King Krule tras haber sido Zoo Kid o DJ JD Sports e inició una carrera musical de la que tuvimos noticias en 2011 con un gran EP que se ha convertido en un largo llamado ‘6 Feet Beneath the Moon’.

Está hecho a base de 14 canciones que se transmutan, que destrozan estilos y los hacen crudos. Es por los fraseos de Archy. Cortan. El. Aire. La contundencia de un tono cavernoso y directo también le hace parecer viejo. Hay jazz, electrónica, eso que se inventaron del dubstep o un slowrock. Como el Tom Waits con más ganas de vodevil, poco importa lo que haya detrás con una voz como esta.

Archie Marshall es un crío que no entiende un mundo sin MP3 pero que ha conseguido un álbum que se degusta lento como el vinilo, relajado como en un salón, lejos de unos cascos blancos baratos que se vendieron caros. La cosa empieza con ‘Easy Easy’; una forma de marcar los tiempos, el método radical para mostrar qué es King Krule. Hay mucho que enseñar.

‘Border Line’ responde a las armas más domadas por el monarca veinteañero. Seis cuerdas sin alterar, toques r&b y oscura profundidad. A estas reglas se suman ‘Ocean Bed’ o ‘The Krockadile’. ‘Baby Blue’ es preciosa. Una balada cósmica que sabe jugar con los silencios. Voz y puntiaguda guitarra pelean a destiempo durante todo el álbum y nos brinda una sensación de desamparo difícil de olvidar. Apenas unos versos disfrazan a ‘Cementality’ de canción. Actúa como juego para devolvernos una nueva máscara de King Krule. ‘A Lizard State’ es jazz clásico casi swing, a ratos rap y casi siempre él mismo. Una de las mejores de todo el trabajo. ‘Will I Come’ responde a esos cortes más experimentales, bajo ecos marca de la recién estrenada casa que se muestran claros también en ‘Neptune Estate’ o Ceiling’.

Es muy joven pero se ve viejo. Como Holden. Las mentes inquietas lo parecen cada vez más dentro de una sociedad lobotomizada por la doctrina del capital y la estupidez. 19 años son muy pocos para hacer algo. Pero también es una buena edad para hacerlo todo.