Lana del Rey | Ultraviolence: tedioso atractivo

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Portada de 'Ultraviolence' de Lana Del Rey.
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[dropcap type=”1″]R[/dropcap]itmos crudos, ecos misteriosos y místicismo estadounidense ante la voz arrastrada, inmutable y profunda de Lana del Rey. La primera sensación que da al enfrentarse a ‘Ultraviolence’ (Polydor, 2014) es atractiva. La cara A del nuevo trabajo de Elizabeth Grant muestra un estilo más depurado e interesante que, sin embargo, va difuminándose con el paso de los temas.

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Los primeros cinco temas muestran un trato cuidadoso, pensado de forma inteligente. Arreglos y producción son óptimos, mejorando ‘Born To Die’ (Polydor, 2012) y su obsesión por abarcar mil derroteros. Las guitarras, los coros y la sonoridad general se centra en un rock decaído, sensual. Lana del Rey mueve su voz con baile pesado, decreciente y empalagoso que explota su seña de identidad. El ejemplo está en ‘Shades of Cool’ o James Bond con la percha de Sean Connery en una escena de cama demasiado larga, casi incómoda.

El problema de ‘Ultraviolence’ es el que para muchos puede ser su virtud. La voz de la neoyorkina se destapa en su registro más plano. Tras la experiencia de canciones como ‘Shades of Cool’ o ‘West Coast’, el álbum termina por provocar un hastío que no desaparece hasta ‘The Other Woman’, una balada de mirada al pasado que se convierte en la exageración del mundo del Rey y que quizá sea por lo que mejora una segunda parte sin atractivo dentro de un álbum construido para ser grande que ha quedado a medio camino.

[quote_box_center]Polydor | 2014[/quote_box_center]