Lorde | Pure Heroine

El misterio que encierra Ella Maria en su aura de adolescente madura pero potencialmente insegura es bastante más atractivo que el veneno que chorrea de la lengua bífida de Miley Cyrus. Ella Maria es Lorde y su nombre es el de una antiestrella pop que obvia el sexo, el dinero y el exceso de provocación en sus letras. Y también en su música, porque ‘Pure Heroine‘ (Universal, 2013) es un álbum de pop lleno de pureza, con arreglos elegantes, una voz llena de personalidad y de candidez y unas letras que bajan hasta las aceras. Donde vive la gente que cuando se ríe ilumina el camino y que cuando llora todo se emborrona. La gente de verdad. La gente que nos importa. Los que verdaderamente mueven el mundo. Lorde obvia las limusinas, las joyas, las mansiones, los cuerpos esculturales y se centra en la vida real.

A veces lo revolucionario es regresar a lo primario. Y esto es lo que ha hecho esta neozelandesa de 16 años con un debut que está teniendo un éxito mastodóntico en todo el mundo. Ha conseguido destronar de las listas de éxitos a Cyrus y Katy Perry y eso es una buena noticia, más allá del gusto musical que cada uno profese, porque ‘Pure Heroine‘ camina entre la ambigüedad de varios géneros como el soul o el electro pop más liviano, donde cada instrumento, cada coro y cada nota está en su sitio.

‘Royals’ es la canción con la que ha conseguido destilar todo ese encanto que ha enamorado al mundo. Esta canción donde el chasquido de los dedos marca el ritmo de pop clásico que se columpia con los demás ingredientes, y con esos aullidos, es una especie de oración. Lorde asumiendo el papel de ‘El guardián entre el centeno’ cuando habla de lo necesario para ser feliz, que no es más que ser uno mismo y rodearte de gente de VERDAD. Pero no es lo mejor del álbum, ‘Team’, por ejemplo, se compone de una voz a lo dama del jazz que sujeta toda la responsabilidad.

También hay algún espejismo como ‘Glory And Gore’, la canción más adornada del disco y por tanto una de las que hacen que éste pierda la frescura que consigue enganchar tu atención en un principio. Demasiado parecido a los singles de las divas de las que Lorde, precisamente, quiere huir. Cuanta más presencia tiene Lana del Rey en el álbum, peor, y algo de ella hay entre los diez cortes. En el abrelatas titulado ‘Tennis Court’, por ejemplo. Pero sólo musicalmente porque como hemos recalcado (y han recalcado todos los medios) hasta la saciedad, las letras que encierra el disco y la actitud de su cantante son abrumadoras en su honestidad.

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