La música procedente de las islas británicas siempre ha sido un referente en todo el mundo, y aunque la prensa estadounidense se empeñe en imponer las creaciones de sus compatriotas y dedicar críticas ácidas a cualquier cosa que salga de la pérfida Albión nunca podrán borrar de la historia a The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Sex Pistols, The Clash, The Stone Roses, Blur, Arctic Monkeys y un larguísimo etcétera.

La reivindicación de la música británica frente al empuje norteamericano ha tenido momentos memorables como la de Jarvis Cocker, frontman de Pulp, invadiendo el escenario durante una actuación de Michael Jackson. Muse está entre esos grupos que va a marcar el sonido de una década, pero lejos de la generación del britpop han estado siempre en contacto con la escena de su país hermano.

Continúan su carrera musical publicando 2nd Law. Según la segunda ley de Newton, otro inglés, el cambio de la cantidad de movimiento de un cuerpo es igual a la resultante de las fuerzas exteriores que actúan sobre dicho cuerpo. Resumen: para que algo se mueva debe existir algo que lo mueva. Parece otro mensaje encubierto de los británicos, de esos que se opusieron a que su gobierno participara en la guerra de Irak, de esos que hablan tanto de sí mismos como de algo externo a la banda.

Si hablamos del trabajo aislándolo de anteriores productos de la banda nos encontramos con una banda influenciada por Queen por los coros y las transiciones que siempre reposan en pasajes alegres como en Madness o Big Freeze, a Bono de U2 en la reformada forma de cantar de Matt y a unos descafeinados Foo Fighters en las canciones cantadas por Chris: Save Me y Liquid State. Un disco con calidad compositiva aunque algo contenido y carente de contundencia, con gran querencia por los pasajes instrumentales que suenan a banda sonoras épicas más propias de películas de Sergio Leone allá por los 60 y 70 que de una banda del 2012. Un disco de pop-rock suave con tintes clásicos, orquestales y en momentos aislados de electrónica (máximo exponente Unsustainable) e incluso funky como en Panic Station o Big Freeze.

Tratándolo como algo aislado ya parece una amalgama poco coherente de canciones que recuerdan a música ya escuchada aunque bien desarrollada. Al fin y al cabo es difícil mezclar todos estos géneros sin crear la sensación de el trabajo es un torrente de ideas buenas sin cohesión.

Al comparar el LP con el resto de la obra de Muse se hace todavía más extraño. El cambio de influencias es evidente, de la oscuridad por la luz. Desaparecen Deftones, Rage Against The Machine y Smashing Pumpkins de sus canciones. La evolución de Muse ha sido hacia un sonido suave y aterciopelado con toques de electrónica y funk que no modifican la tendencia general. Ya estamos dejando de lado pensar si algo es mejor o peor, tenemos delante algo radicalmente diferente a lo anterior pero que no transgrede nada en absoluto. La mayor diferencia entre este largo y los anteriores es que con Invincible y unos escarceos con otros géneros llenan su completa duración.

Nadie pone en duda la calidad de Muse, pero precisamente el conocimiento de su genialidad hace que seamos más exigentes con ellos, que su peor rival a la hora de compararlos sean ellos mismos. Siguen siendo unos intérpretes que pueden enorgullecerse de mantener un nivel de directo prácticamente inalcanzable, pero compositivamente se encuentran lejos de su mejor versión.

Esa fuerza que estaban buscando cuya resultante haga que todo se mueva como dicta la segunda ley de Newton no debe ser tan fácil de encontrar, pero las diferentes muestras que se encuentran en el trabajo casi hacen pensar en que esto es un paso intermedio para los británicos. La pregunta que deberíamos hacernos es cual será el paso que vendrá a continuación.

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