The Strypes | Snapshot

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Los niños son el futuro. Estos ya no son tan niños, pero desde luego pueden ser el futuro y espero que lo sean. Arropados por Sir Elton John y su agencia Rocket Music Management, la banda irlandesa apareció casi por sorpresa en los medios como la reencarnación del blues en cuatro chavales de apenas 17 años. Efectivamente son blues, también son rock n’ roll, son frenéticos y viscerales, ahora solo les falta hablar con su propia voz.

La tradición del blues rock de Cream o Creedence Clearwater Revival resuena a través de la joven banda, adulterada con el garage o el punk para dotarlo de espídica velocidad y pulida con las desbocadas guitarras de Jimi Hendrix. Así crean ‘Snapshot’ (Virgin EMI Records, 2013) a golpe de pezuña, imparables como marca la edad pero con la calidad técnica y la sabiduría bluesera de 65 años de penurias y trabajo; un tándem inusitado que no se puede despreciar.

Si me desvivo en halagos hacia ellos, ¿por qué no pienso que sea un disco perfecto? Existen dos factores, interconectados, que causan esto: el primero, que aunque aportan la frescura y la rabia núbil distintiva, musicalmente aún tiene la madurez necesaria como para haber encontrado su propia y original voz; y segundo, el factor edad, porque es cierto que para su temprana edad demuestran un talento sorprendente, pero también lo es que si fueran más mayores, su disco habría terminado en una gasolinera de carretera comarcal. ¿Debería no importar la edad? Desde luego, pero a ellos les hace un favor, así que disfrutemos de las virtudes de la injusticia por una vez.

No es completamente desacertado el símil con The Beatles, el cual se manifiesta en ‘What the People Don’t See’. Las guitarras de Josh McClorey no solo le establecen como una talento excepcional, también en ‘She’s So Fine’ el tono parece arrancado de las manos de Hendrix. Y es que en una banda de tan corta edad nos es inevitable establecer comparaciones, cierto que sus influencias aún están frescas, pero de por sí encierran mucho más valor que cualquier semejanza. ‘Angel Eyes’ es un blues clásico arrebatador, emotivo y crudo, demasiado incluso para alguien que no ha vivido lo suficiente. La técnica del conjunto de músicos es increíble, a veces parece mentira que hayan tenido suficiente tiempo para llegar a ese nivel. A Ross Farrelly no le ha machacado la pubertad como al resto de mortales y la sección rítmica de Evan Walsh a la batería y Pete O’Hanlon al bajo es trepidante, con unas líneas de bajo danzantes que no permanecen estáticas un segundo; una auténtica genialidad.

Solo necesitan lograr descubrir un aliciente personal, un prisma distinto del blues, combinar el género con una visión única que sea solo suya. El mismo disco con veinticinco años no causará la misma impresión, pero este comienzo es, simplemente, espectacular y prometedor. Haciendo una simple regla de tres, si Arctic Monkeys -a los que acompañarán en su gira europea- ha llegado a donde se encuentran ahora, ¿hasta dónde podrán llegar The Strypes? Todo depende de la suerte y de su visión, porque el talento lo tienen y sobrado.