The Black Keys | El Camino

6
1363

Un tipo negro con pintas de perdedor, de unos 40 años, se muestra expectante. Pantalón chino negro subido más de la cuenta y camisa color hueso con cuello de los setenta con las mangas desabrochadas sobre una camiseta interior blanca que le da un aspecto de oficinista ridículo. Al fondo lo que parece una cabina de vigilancia o algo peor en la que reza “Office”. Y una cabina. Comienza a sonar una canción. El tipo baila de un modo tan grotesco y esperpéntico que supera a la idea inicial. Es brillante. Ahora cada vez que escucho la canción no puedo quitarme al tipo de la cabeza.

La melodía que aquel bailaba era Lonely Boy, adelanto de El Camino, el nuevo LP de The Black Keys por el que, ustedes leyendo y yo escribiendo, nos encontramos aquí. (Bueno, también está por ahí Fernando Naval). Qué grande es el rock cuando es bueno.

En estos tiempos en los que cuesta creer que un mismo grupo consiga encajar dos álbumes de calidad, los de Akron ya van por el séptimo. Si, tan sólo siete de sus siete discos publicados tienen la calidad suficiente como para ser evaluados con, al menos, un notable. Todo esto en un espacio de tiempo de una década. Una banda de los setenta perdida en la actualidad. Rara avis.

Este El Camino supone seguir ahí, en la senda. Pudo subirse el éxito de Brothers, con el que cosecharon premios durante todo 2010. El público gigante y efímero que llena estadios hace que pierdas noción, calidad y fin y acabas terminando con los pelos de Rod Stewart en alguna mansión. No veo a estos dos así. El disco está lleno de todos esos guitarrazos de blues rock que tanto gustan a los fans, manteniendo su estilo pero a la vez se adentran en nuevas vertientes inexploradas por la pareja –digo pareja aunque Danger Mouse ejerció de parte activa como miembro-. Apesta a blues viejo, sí, pero se oyen ecos de Motown y de rock de los cincuenta: sencillo y contundente. Fats Domino, Jerry Lee Lewis o Chuck Berry. Exquisitas melodías sin complicaciones. Lo que le da ese punto que evoca a la extinta discográfica se encuentra en la producción de coros, y ritmos añejos. Un gusto. La producción ayuda. El ya mentado Danger Mouse, a parte de producir el disco, comparte la elaboración de los temas y dota al disco de esa resonancia y calidad con la que hace cada vez que trabaja en un disco. The Good, The Bad & The Queen, The Rapture, Gorillaz o Beck le avalan. Si yo fuera Kings Of Leon me pondría en contacto con él antes de volver a un estudio.

El disco se convierte en uno de los mejores del año. Justo cuando iba a terminar, cuando las listas de discos estaban a punto de echar el cierre aparecen estos dos y te pegan un puñetado de menos de 40 minutos. Que pase eso todos los años.

J. Castellanos

 

 [2011] [8.5]

                                                                                                       

____________________________________________________________________________________

                                                                                                                                                                                                        Fernando Naval

[2011] [8.2]  

Puede que en medio de la corriente dubstep y chill wave que arrastra y apuntala las nuevas tendencias no se vea con buenos ojos que siga habiendo músicos respetados que con una sencilla guitarra, una batería y mucho descaro arranquen críticas formidables de la prensa especializada en música independiente; o puede que en el ambiente de convivencia de distintos estilos y concepciones de lo alternativo siente como un poco de aire fresco que recuerde al blues como una fuente inagotable de inspiración. Algunas bandas tienen hoy en día ganado el suficiente respeto como para mover el foco de la atención del público independiente hacia otro lado, una de ellas es Black Keys.

No hay duda cuando acabas con el atracón de riffs de guitarra que es El Camino de que te encuentras ante unos Black Keys que van a más con respecto a sus anteriores trabajos, con cortes que van desde influencias del inmortal Aqualung de Jethro Tull: Little Black Submaries, por su sonido vintage y los juegos de la voz siempre cálida y aguda de Dan Auerbach; influencias de Led Zeppelin en la hard rockera Money Maker (aunque a lo largo de todo el disco se nota la influencia del gran Jimmy Page), que comienza con el riff y nos presenta una voz con un reverb influenciado por la psicodelia de los 70 de Jefferson Airplane.

En este trabajo lleno de canciones de un gran nivel, a la altura de los propios Black Keys, resulta complicado encontrar un hilo de unión, una coherencia. No hay duda de que para que un trabajo suene redondo ha de ir en una dirección, y eso se echa en falta en El Camino. Se nota una falta total de tacto al poner detrás de la magnífica Sister, uno de los cortes más brillantes, la insípida Hell of a Season; o después del genial single Lonely Boy el tibio tema con espíritu western Dead and Gone. Los nombres propios del largo son sin duda, además de los ya nombrados, Little Black Submarines, Run Right Back y Nova Baby que apuntalan el trabajo de Black Keys.

El grupo no es sólo una mezcla de riffs de pentatónicas de guitarras de sonido añejo, baterías al más puro estilo Rolling Stones por cortesía del intuitivo Patrick Carney y órganos hammond; es un ir y venir de la voz de Dan  por registros agudos, un derroche de composiciones brillantes y auténticos himnos blues. Cortes como Sister en los que la batería va a negras y con toques tan sutiles como frases en las que marca el ritmo con el charles o con contras en los toms, y en las cadencias abandona a la guitarra para entrar al tercer tiempo demuestran el carácter de esta banda que renueva sólo en parte, aunque con mucho criterio, los clásicos blues.

¿Con qué nos quedamos entonces? ¿El trabajo busca reclamar un hueco al blues y romper la línea actual? ¿Significa únicamente una aportación más en un clima de convivencia de estilos? A veces todo no es tan fácil como buscar un sentido práctico y lógico, en la wikipedia encontramos que el nombre Black Keys es el nombre que ponía un amigo artista (y esquizofrénico) para denominar a la gente que no estaba del todo bien de la cabeza. Su estilo no entiende de modas ni de tendencias, están muy bien de la cabeza, lo que no quieren es estar del todo en la onda, aunque la onda sí que quiera estar un poco en Black Keys.