Toundra | (III)

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La gratificante sensación de descubrir una buena banda viene siempre acompañada de la desagradable noción del tiempo que has perdido sin conocerla. Como se suele decir, más vale tarde que nunca y tarde es cualquier momento con esta banda, que continúan en su constante enumeración con su tercer trabajo de estudio, (III) (2012); otra prueba de la vigente excepcionalidad de Toundra en nuestro panorama en su concepto, su calidad y su valor.

Manteniendo su tradición, volvemos a encontrarnos con un álbum íntegramente instrumental compuesto por siete temas que bien funcionan como uno solo. Este trabajo conceptual no se define por una idea común, tanto como por el hecho de que cada tema forma pasajes de una misma macro-composición. Desde Ara Caeli hasta Espírita, no podrás echar en falta ninguna voz mientras surcas las diferentes texturas que la banda ofrece, haciendo de las constantes variaciones la única voz que puedas necesitar.

El cuarteto madrileño dibuja a golpe de martillo largas composiciones que se recrean en el brutal cambio de dinámicas, la fuerza de su base rítmica -con un trabajo a la batería espectacular, técnica y creativamente-, la sustitución de una línea melódica vocal por unos arreglos de guitarra ricos en sus armonías y contrastes, junto a una variada agrupación instrumental soberbia desde su composición a su ejecución. A pesar de su naturaleza instrumental, durante los 40 minutos que dura, este álbum no permite caer en el aburrimiento o la indistinción de cada tema. Los infinitos detalles que los definen marcan la diferencia y los hacen únicos. Son una auténtica montaña rusa musical, manteniendo en gran parte de los cortes un ritmo cambiante, desde los placenteros fragmentos calmados a los exaltantes momentos de colosal potencia sin caer en la urgencia, dejando que cada sección madure pacientemente y crezca a su ritmo natural, alcanzando en Lilim su máxima expresión. Entre innumerables riffs, melodías principales de guitarra, arreglos y demás, a pesar de su mencionada fuerza, nunca pierden el carácter melodioso en sus composiciones.

Las estructuras de los temas afianzan esa versatilidad y el constante cambio entre tiempos, intensidad, dando esa sensación de unidad al conjunto; a excepción de Requiem. Quizás el tema menos intricado en su configuración y más singular dentro del conjunto, su evolución entre el folk y el rock clásico lo llevan desde la pausada balada hasta una épica conclusión fascinante donde las guitarras y los violines hacen las veces de acompañamiento y de guía principal. Un tema extraordinariamente único. Y es que no solo rezuman talento, también les sobra coraje, porque para hacer un disco instrumental, conceptual y de sus características, requiere enormes dosis de confianza y, a falta de una palabra que lo defina mejor, un par de huevos. Yo desde luego agradezco esta valentía.

Dada la gran cantidad de instrumentación de la que dispone el álbum, la producción cumple sobradamente. Es un disco de rock, a pesar de los apellidos que se le puedan adjudicar a su estilo, es rock sin artificios, complejo pero directo y su producción realiza un fascinante trabajo en el control de tal cantidad de capas, con un resultado compacto en el que ningún detalle queda relegado al olvido. No hay usos de post producción que varíen el sonido; lo que escuchas es lo que se ha tocado, es auténtico y por ello un valor añadido y, en absoluto, negativo en el trabajo a la mesa de mezclas.

Estamos forjando una escena que crece en calidad y en cantidad a pasos agigantados, ofreciendo una alternativa de peso gracias a bandas talentosas con mucho que decir y poco espacio para hacerlo. No hagas caso a quien diga que no tenemos un nivel musical aceptable, no te lo creas. Es un mito y, como todo mito, solo hay que mirar de cerca para ser capaz de desmentirlo. Porque sí, joder, aquí también se hace buena música.

Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.