¿A alguien le importa el cartel del Arenal Sound?

“Yo al Arenal Sound vengo de fiesta”.  Quizá porque es de los pocos eventos importantes de la zona, a lo mejor porque es el festival más asequible para los bolsillos en crisis o puede que sea cosa de la playa, los chiringuitos y el botellón. Lo cierto es que en estos cuatro años, el Arenal Sound se ha convertido en una casa de acogida a la que acuden aquellos que quieren pasar una semana de vacaciones. Poco importa ya el cartel.

Desde que saliesen a la venta los primeros abonos, donde algunos veíamos confirmaciones pordioseras, la gran mayoría veían el verano de sus vidas soltándose la melena en un camping al lado de la playa con música (no importa cuál) por menos de 50 euros.

Predominio de la electrónica, una buena dosis de mestizaje y cada vez menos indie. Sabíamos que esto era a lo que nos enfrentábamos cuando llegamos el martes 30 de julio a Burriana (Castellón), pero no imaginamos tal exceso de camisetas de tirantes fluorescentes, bikinis de flecos y gafas polarizadas que andaban por el paseo de la playa del Arenal como buscando el parking de Fabrik.

Esta vez, la recogida de pulseras fluía con normalidad gracias a una mejor organización del festival, así que los asistentes no tardaron mucho en irse acoplando en sus respectivos campings. Las dos primeras jornadas recibían las fiestas de presentación con artistas como Bravo Fisher!, Dinero, Xoel López o Maadraassoo para cerrar el martes y The Parrots, Extraperlo, Grises o Les Castizos, el miércoles.

El jueves 1 de agosto comenzaba de verdad el Arenal Sound para ese pequeño porcentaje de asistentes interesados en los conciertos. A primera hora, con la última luz de la tarde, Lori Meyers subían al escenario Desperados para dar un concierto idéntico a cualquier otro, ni siquiera la aparición de Anni B Sweet es ya una sorpresa.  El relevo lo tomaban White Lies con un directo que no llegó a cubrir las dimensiones de un cabeza de cartel, pero tolerable a pesar de algunos problemas con el sonido.

En el escenario Legendario esperaban La Habitación Roja para deleitar con sus himnos al público perspicaz que decidió disfrutar de los valencianos en lugar de ahogarse entre el público de La Pegatina en el escenario Coca-Cola.

El momento más esperado para muchos llegaba con Editors en el escenario principal. Abrían con ‘Sugar’ y se despedían con ‘Papillon’ después de un directo sobresaliente, superando con creces el escaso nivel de su último trabajo. Seguidamente, en el otro escenario comenzaron a sonar We Are Standard, tan cachondos e impecables que les faltaba espacio en el escenario, a pesar de que el colapso en la entrada impidió a muchos llegar a tiempo para disfrutar de los bilbaínos.

Lo peor del festival había llegado. Steve Aoki aparecía en el escenario Desperados mientras una masa de gente sedienta de morbo y carente de educación buscaba un hueco entre golpes y empujones. Tristemente, el de Aoki se convirtió en el concierto más multitudinario de todo el festival. Algo fácil cuando te enfrentas a un público al que consigues embobar con unas tartas, unos cañones de confeti y una barca.

Con este mal sabor de boca y un “mañana será otro día”, llegó el viernes. Bigott abría la jornada en el escenario Legendario con el directo salvaje al que nos tiene acostumbrados, dando paso a Manel en el principal, que cautivó a un gran número de asistentes. Llegó el turno de Is Tropical, que a pesar de enfrentarse a un público bastante reducido, se dejaron la piel haciendo bailar a un público entregado, llegando incluso a subir a una de sus admiradoras al escenario.

Noche potente en el Desperados. Tres cuartos de hora después aparecían The Kooks, satisfaciendo al público más indie con un directo en el que Luke Pritchard pisó fuerte al ritmo de grandes éxitos que nos devolvían al recuerdo de años anteriores, cuando los británicos eran mucho más que un cabeza de cartel en el Arenal Sound. La música necesita más ‘Naive’, más ‘Seaside’, más ‘Ooh La’ y más ‘See The World’ y la noche del viernes en Burriana lo agradeció.

Una de las mejores jornadas se cerraba con lo que fue electrónica para admirar. Totally Enormous Extinct Dinosaurs demostraron que el espectáculo puede existir haciendo música de verdad y no limitándose a dar al play en una sesión preparada. En el Coca-Cola, Meneo y Elyella DJs elevaron la madrugada a lo más alto haciéndose ya  imprescindibles en el festival. Space Elephants cerraban interrumpidos por una lluvia repentina que venció al calor del Mediterráneo permitiéndonos dormir hasta tarde.

Repuestas las pilas, nos enfrentamos al sábado. Los días iban pesando, pero los sounders están hechos de un material invulnerable gracias al que exprimimos al máximo esta penúltima jornada en la que abrían paso cuidadosamente Jero Romero y Antònia Font. El barcelonés Carlos Sadness engatusó a unos cuantos con su peculiar estilo en un concierto decente y distraído. Todo un logro si tenemos en cuenta que en la segunda mitad competía contra Iván Ferreiro, que desvirgaba el escenario principal en esta jornada. El gallego reunió a los nostálgicos fans de Los Piratas y los nuevos fans, los de ‘Turnedo’, en un concierto humilde y conmovedor.

Siguieron los dañinos Klaxons con un concierto sólo apto para fans y por fin, pasada la media noche, The Drums. Algunos de sus componentes ya estuvieron entrando en calor el día anterior durante el concierto de The Kooks y su buen rollo hizo que la espera por el concierto se hiciese más ansiosa. Durante más de una hora bailamos con Jonny Pierce en un concierto grabado a fuego en la memoria de todos quienes vibraron al corear éxitos como ‘Money’, ‘Best Friend’ y, sobre todo, ‘Let’s Go Surfing’, que crecía a la par que el público se sumergía en una espiral de saltos, pogos, aplausos y buenos recuerdos. Larga vida a The Drums.

The Bloody Beetrots sorprendieron y dejaron huella con su peculiar electrónica dando paso a Chase&Satus Dj Set and Rage. El escenario Desperados se iba así a dormir para estar listo en la tarde del domingo.

Las resacas en Burriana se multiplican por tres y llegado el domingo, el ambiente comenzaba a adquirir un color pálido que anunciaba el final. Después de una buena ducha de agua fría, de esas que sólo quienes resisten en el camping pueden entender cómo dan la vida, nos dirigimos a la villa musical para ver el directo de La Bien Querida y Los Punsetes en el escenario Legendario. Encantadora la primera, acojonantes los segundos, pero admirables y dignos de respeto ambos. Es cuando se ven conciertos así que reluce la esperanza de que la música nacional permanece a salvo.

Dorian, por su lado, fueron la gran decepción del escenario Desperados. Empeñados en que el público responda con sus nuevas canciones, convirtieron su concierto en la mayor desgana del domingo. The Maccabees llegaban tratando de despejar a un público aún abofeteado por el sopor de los catalanes. Los de Londres llevaron a cabo un directo impecable y delicado, con una puesta en escena detallada, que terminó provocando el insomnio del público con canciones como ‘Pelican’. Así se elevaba a lo más alto un concierto notable que finalizaba con una gran ovación.

Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. A las 00.45 del ya lunes 5 de agosto, el escenario Desperados recibía a The Fratellis. En medio de ese parón indefinido, los de Glasgow rompieron la noche como sólo ellos habrían sido capaces al ritmo de puro indie rock, ese con el que puedes bailar, beber y ligar a la vez. Éxito tras éxito iban inundando el recinto dando constancia de que siguen vivos y aún les queda mucho por enseñar a los pobrecitos que nunca han tarareado ‘For The Girl’, a los que no se han conmovido con ‘Whistle For The Choir’, los que jamás bailaron con ‘Henrietta’ o los que no han podido vivir la sensación única de escuchar ‘Chelsea Dagger’ en directo.

Ahora sí, el cansancio se había esfumado por completo y Kakkmaddafakka lo tenían muy difícil. Con su segundo disco recién estrenado, los noruegos siguieron en su línea de saltos, banderas, bailes y volteretas, pero superar a The Fratellis era casi misión imposible y se notaron apurados para salvar el concierto.

El escenario lo cerraban The Zombie Kids. Prácticamente los mismos fans de Steve Aoki regresaron al recinto para disfrutar de la electrónica repetitiva de estos residentes en Madrid, que entre sexo y drogas lograron cerrar satisfaciendo a su público. Los más lúcidos se decantaron por Virginia Díaz, que ponía sus canciones preferidas en el escenario Coca-Cola al mismo tiempo. Tras esta, la juerguista y espléndida Eme Dj para arrancar el mañaneo y despidiendo este Arenal Sound 2013, The Warriors.

Cerrando con un éxito de 280000 asistentes en total, el recinto del Arenal Sound ya ha anunciado volverá a abrir sus puertas del 31 de julio al 3 de agosto de 2014. Será entre octubre y noviembre, cuando se disparen las primeras confirmaciones, que podremos empezar a evaluar la puntería en el cartel de este quinto aniversario. Aunque, visto lo visto, los organizadores podrían prescindir de él y abastecerse únicamente del ambiente del camping, el botellón del paseo marítimo y la música de los chiringuitos. Y es que, ¿A alguien le importa el cartel del Arenal Sound?

Contenidos similares: