Converse Make Noise Malasaña 2014 (26 de abril, Madrid)

Converse impulsa la escena emergente madrileña con el Make Noise Malasaña 2014.

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Sheila MartínJose Roa

La esperanza de la música emergente iba a ser mimada ese sábado 26 de abril en un escenario inigualable, porque no existe mejor barrio que Malasaña si se trata de dejarse caer entre locales, averiguar la amalgama que esconden sus rincones y permitir que la energía de la música recién nacida cale hasta el fondo. Media mañana y Converse Make Noise Malasaña arranca.

Un ir y venir de gente fluye desde primera hora de la mañana, agradeciendo que el Sol también haya querido estar presente en la cita y acompañe a la cola que por momentos se forma en la puerta de Cuervo StoreHardcute Ukelele, Dúo Divergente y Celica XX, desnudando excelentes su Niños Luchando (Discos Calabaza, 2013), fueron los encargados de dar el pistoletazo de salida a aquella jornada, que rompía decidida y sonriente para deleite de quienes vencieron el limitado aforo.

La sobremesa es cuestión delicada y después de Holydubs Krew (99 Covens & ICF) en Tuffi, el Fotomatón Bar se muestra como escenario idóneo para acoger las primeras cervezas. El Palacio de Linares, Jygüer y Juventud Juché se hacen con la tarde madrileña haciendo rugir guitarras desde el número 2 de la Plaza Conde de Toreno.

Charada y la Sala Maravillas también estuvieron ahí, con un Betacam solo y decidido ante el peligro de un público expectante y un John Gray pleno en actitud, tocando el techo no sólo con la mano, haciendo del ambiente todo vítores y aplausos que cerraban con una versión de los Backstreet Boys. Ahora sí que sí, caía la noche y no era para menos el jolgorio formado, que continuaba paralelo en el Café La Palma y el Wurlitzer Ballroom.

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Un día de largo recorrido, guiados de manera hipnótica por la música, llega a su fin en un clásico de la noche madrileña: el Wurlitzer. Aguarda en las entrañas de la bestia el garage, el punk y las sesiones Dj que alargarán la noche hasta las 3 de la mañana.

Había, extrañamente, más gente en la fila de entrada que dentro del local. Mejor, el “wurli” puede ser asfixiante cuando el sudor de su público se vuelve conjunto y comienzas a respirar alcohol evaporado. Dentro de este ambiente tóxico que la noche nos obliga a disfrutar, abren la recta final Deers.

Las chicas desde luego tienen ganas y energía, y no dejaron de demostrarlo hasta el final de la noche, fuera o no su concierto. Pero el escenario aún no había estallado hasta que Los Nastys se hicieron con él. A veces la actitud es todo lo necesario para una banda y a los madrileños les sobra, una actitud explosiva de la que infunden sus breves, simples, directos y estridentes temas.

El escenario se había licuado del calor y Los Wallas lograron domarlo para devolver la dirección y el saber hacer, dejando al instinto brillar pero con una ejecución precisa. Los padrinos de esta escena independiente lograron que un estilo musical monótono cobrara vida y mil caras gracias a una interpretación más que efectiva.

Los instrumentos quedaron abandonados a su suerte en el escenario y llegó el momento de los Dj set de Orlando y La Voz En Color. Dando las últimas bocanadas de un día infinito, repasaron un enorme muestrario de joyas del garage, el rockabilly y el punk para que la noche de la música independiente de Converse pudiera durar para siempre.

Fotografía por Sergio Albert para Converse