Corizonas (Crico Price, Mad) 15.11.12

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Corizonas (Crico Price, Mad) 15.11.12

La unión de esos tipos melenudos vallisoletanos llamados Arizona Baby con Los Coronas, esa banda madrileña que comenzó allá en los noventa versionando rock primitivo, pusieron punto  final ayer a la primera gira de su criatura The News Today. Y fue apoteósico. Dudo que haya un lugar mejor que el Teatro Circo Price de Madrid para celebrar el final de una gira, bueno realmente dudo que haya un lugar mejor para tocar en esta ciudad, sea principio, medio o final de gira. Una vez dentro de este templo acústico, Corizonas no se hicieron esperar. Primero apareció Rubén Marrón para coger su guitarra y comenzar a tocar mientras llegaban todos los demás. Los acordes traídos del sur de Estados Unidos invadieron el circo hasta que llegó el maestro de ceremonias. Javier Vielba  iba vestido con camisa roja y americana aterciopelada, luciendo su enorme barba y alzando los brazos para volverlos a bajar para volverlos a subir y con una enérgica teatralidad comenzar a entonar Hey Hey Hey.

La puesta en escena consistía en los siete músicos delante de cuatro paneles de luces y una pantalla donde imágenes de archivo, en color, en blanco y negro, reales o sacadas de westerns, dibujos animados, figuras abstractas y caras conocidas se sucedían al ritmo de un rock sureño portentoso, masticado y digerido a la perfección. El sonido era tan perfecto que se podía sentir cada cuerda de cada guitarra de cada uno de los señores que estaban encima del escenario. La versión del Everybody Knows This Is Nowhere de Neil Young fue el primer plato fuerte. Pero Vielba no se hizo con el escenario (tardó unas cuatro canciones) hasta que dijo eso de que el halcón no iba a dormir por la noche,  sonaron las trompetas de The Falcon Sleeps Tonight y el escenario se llenó de tierras áridas e indios cabalgando. Vielba levantaba las manos y señalaba al cielo mientras echaba su melena hacia atrás. La gente se colgó a sus movimientos y su nervio. Este melenudo con gafas que es capaz de rasgarse la voz y hacer gorgoritos en la siguiente canción, que baila con gracia escurriendo sus botas por el escenario, que marca el ritmo con sus brazos y que tiene la potestad para unirse al batería y aporrear el cuero cuando le apetece es ni más ni menos que la encarnación de un predicador.

El público fue el coro y sus voces se fundieron con la banda mientras el Price se transformaba en Monument Valley. Sonaron la portentosa Hotel Room con sus vientos endiablados y ese corte acústico, ese lugar mágico -así lo llamó Vielba-, El Rancho. Fernando Pardo también hizo de orador contando la unión de los dos grupos y alabando a Loza, el batería, cuya canción sonó de maravilla en boca de Vielba. Y así hasta la primera despedida. Las luces siguieron apagadas. Todo el mundo sabía que faltaba prender fuego a la sala. Y así fue.

Marrón volvió a salir el primero y después de hacer el amor con la guitarra llegaron todos. Y sonó Shiralee y la gente se volvió loca. Pero todavía quedaba un resquicio de cordura hasta que Vielba quiso comprobar si la leyenda del Price es tal como la pintan. Y para eso eligió Piangi con me, un tema de The Rokes que ellos mismos versionan en italiano. El Price tembló. Pero el clímax no llegó con toda la gente gritando Sha la la la la la piangi con me, no, el clímax, que duró como diez minutos, llegó con I Wana Believe. Vielba levantó los brazos y dijo que creyéramos en lo que nos diera la gana, cantó durante diez minutos y sin que la música se agotara volvió a levantar los brazos para celebrar la vida. Después siguió gritando y aporreando la batería hasta que el fuego invadió las almas de los que allí nos congregamos. Como en los buenos polvos la sensación de éxtasis no se consumió bruscamente, se diluyó mientras la banda despejaba el escenario… Va a ser complicado olvidar este directo.