DCode 2014: la teatralidad de Beck y la consagración de Royal Blood

El festival madrileño contó con artistas como Bombay Bicycle Club, La Roux, Band of Skulls o CHVRCHES.

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Bombay Bicycle Club en el DCode 2014
Cuando iba a la universidad, septiembre era todavía un mes de libertad. No me acercaba a la facultad ni aunque la vida me fuera en ello, atesorando cada día estival que iba dejando a mi espalda. En la jornada de presentaciones, llegabas a aquel armatoste de Ciudad Universitaria y contemplabas como su sucia arquitectura te esperaba para un año entero más. Ahora, los estudiantes que han tomado mi testigo no sufren eso, porque vuelven a su hogar formativo para algo mucho mejor.

Antes de exámenes, clases y seminarios, la familia complutense regresa para vivir la Música. Y no lo hacen solos, porque este DCode 2014 ha visto cómo se convertía en el centro de atención de turistas, estudiantes, familias y melómanos en general que disfrutaban del único festival de estas dimensiones del que puede presumir la capital, y lo hace tras un año de esfuerzos por pulir las impurezas de pasadas ediciones.

La localización disfruta de una acústica soberbia, a no ser que el artista del pequeño Escenario Campus Live decida ponerse introspectivo; entonces los grandes conciertos se lo comerán de lleno. La limpieza, las facilidades, los servicios, todos los remates han sido puestos a punto con un gran resultado. Eso sí, nunca había estado en un festival con tal cantidad de policía, pero bueno, es solo un reflejo de lo que sucede lejos de este oasis educativo y, por un día, musical.

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Cuando te declaran apto tras varios y meticulosos controles y pasas los distintos pivotes humanos de cuantiosas y variadas promociones, llegas al campo convertido en oda al directo. Una vez dentro, no hay mucho descanso entre bandas. Sales de un concierto para entrar al poco tiempo en otro y así debe ser. Hay distintas actividades complementarias, pero los escenarios presiden, gobiernan y ejercen su poder como dueños y señores del festival.

Los enormes Perro cumplen con su humor y fantástico directo, continuando con su paso por cada escenario conocido en España. Tras el descaro, llega el virtuosismo de Band of Skulls, una de esas bandas que te entretienen, disfrutas sin llegar a la pasión, hasta que te los encuentras en directo y su rock clásico pero personal te convierte en creyente. Los solos sin descanso de Russell Marsden dan paso al contagioso espectáculo de Francisca Valenzuela. La chilena no permanece estática en ningún momento, conduciendo el concierto con su magistral control vocal, sus grandes composiciones y sus hipnóticos movimientos.

Con estos artistas, comprobamos uno de los puntos tan fuertes como débiles del evento: su falta de personalidad o variedad de propuestas; todo dependerá de tu punto de vista. Podrás pasar del rock and roll más pesado al pop más ensoñador en cuestión de minutos. Eso es algo bueno, ¿verdad? Ofrecer diversidad es uno de los pilares básicos del Arte, encontrar propuestas distintas en el mismo punto. Si vas solo por un artista concreto, la marea de géneros podría engullirte.

En un solo día, debe caber todo. Si el festival se expande, podríamos encontrar más grupos de cada género en cada cita; hasta entonces, abramos la mente a la novedad y la pluralidad, porque se disfruta. Pudimos pasar de la artista chilena más celebrada al podería de Anna Calvi, un ejemplo del potencial femenino que reclama su lugar en el panorama musical. La tremenda voz de la británica dejó en mal lugar a una Russian Red que no pudo cumplir las expectativas con su nuevo trabajo, dando un espectáculo profesional y bien medido, pero falto de la excelencia que su lugar en el cartel exigía.

Con menos tiempo y tablas, Royal Blood conquistaron el festival. Todo el mundo quería ver de lo que era capaz este dúo revelación, incluso pedían al técnico de sonido que subiera el volumen -cosa que hizo-, dando lugar a un concierto que supuraba fervor, lleno de nervio y una lección de potencia en toda regla. Una revelación más asentada es Jake Bugg, un ídolo para el público más joven que repasó sus dos trabajos con cierto aire de desgana. Pero si hablamos de tablas, tenemos que hablar de tres referencias: Bombay Bicycle Club y Vetusta Morla por un lado y Beck por otro.

Los británicos y el conjunto madrileño aprovecharon sus mayores éxitos para presentar un directo refinado y de un saber hacer sobresaliente, dejando entrar momentos de relajación perfectamente medidos. Beck, por su parte, demostró ser el más curtido y, por ello, se le fue de las manos. Grandes éxitos, un escueto repaso a su última entrega, ‘Morning Phase’ (Capitol, 2014), y mucha teatralidad que sobrepasó de lo confiado a lo banal.

La cita cerraba con su faceta más electrónica y bailable, despegando con unos Wild Beasts pausados al tiempo que La Roux calentaba al público de los grandes escenarios. CHVRCHES mostraron su synth pop dulce y accesible antes de que cerraran la cita Digitalism y Ochoymedio DJ’s. Siempre habrá factores por pulir, pero el listón sube a cada año, dejando un último reencuentro que sella un gran destino para el festival madrileño.