L.A. (La Riviera, Madrid) 14 de diciembre de 2013

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La Riviera es una de esas salas que no perdonan. No es la que mejor suena, tampoco la más grande, pero es una de las pocas y, ahora mismo, parece que debe ser algo con lo que conformarnos. Entre sus hexagonales paredes, cuanto más fuerte suenas, peor. Por eso no plantea ningún problema para L.A. porque no delegan su capacidad en directo al volumen, sino a un líder que saca adelante cada concierto gracias a un carisma cohibido y callado, de los que hacen poco ruido pero siempre están presentes, y a unas composiciones que congregan a un público poco más cálido que el relente del Manzanares.

Presentan ‘Dualize’ (Marxophone, 2013), su último trabajo de estudio, y lo tocan al completo. Gran parte del trabajo que necesitan en directo lo tienen hecho, porque sus composiciones sintonizan a la perfección y no necesitan echarlo todo. Lo echan al hacer un concierto de casi dos horas, reposando en varios “encores” que cambian la dinámica del concierto; temas directos, reposos acústicos, solos y versiones que denotan una estructuración inteligente, aunque las partes acústicas puedan durar más de lo necesario.

Incluso pudimos ver la colaboración especial del cantante de Mucho a los teclados, uno de los puntos álgidos de la noche para banda y asistentes. Acercándonos al final estrenaron en directo ‘Pictures on the Wall’, la cual ya pudimos disfrutar aquí en nuestras HABLATUMÚSICA Sessions.

A medida que avanza la noche, el público iría calentándose hasta un final apoteósico, pero muchas veces hablaban más que atendían, hasta el punto en que Luis Alberto Segura -guitarra, voz, líder y único objetivo de los focos- tuviera que mandarlos callar durante algún tema.

La banda no destaca por su carisma, tampoco se comen el escenario; no es un grupo incendiario. Lo que sí hace bien la banda es portear la portentosa voz de Segura, cuyas composiciones se trasladan bien al directo, sin mayores variaciones. Él luce, literalmente, mientras el resto de la banda apoya su actuación: él solo con una guitarra acústica (y versión de The Beatles, ‘Girl’), toca la batería con batalla de solos incluida, carga con el espectáculo a sus espaldas y al público le convence.

El último bis lo protagonizan los acoples del micro como representación de unos problemas de sonido casi tradicionales en esta sala, que eclipsan unos agradecimientos necesarios para el final de una gira de presentación que concluye con las versiones de Cindy Lauper, ‘Girls Just Want to Have Fun’, y una versión subida de revoluciones de ‘Wicked Game’ de Chris Isaak. Así concluye su gira, en una noche donde la pobre acústica de la sala no permite brillar (los armónicos del bajo lastran cada nota), pero con la experiencia de sobreponerse a cualquier dificultad y corresponder a un público que no aportó todo el calor hasta la traca final.