Sonorama 2013 (Aranda de Duero, Burgos)

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El Sonorama es el instrumento ideal de medida (para bien o para mal) de la música independiente española. Una macro reunión de prácticamente todas las bandas de nuestro país, las veteranas, las noveles, las que trabajan bien su sonido, las que van a posturear, las que conocen en su pueblo, las que llenan festivales, las que ni ensayan y ganan a dedo concursos de marcas…

Un compendio variado que en su propia esencia tiene la virtud, pues el publico que atrae se puede calificar como normal, normal dentro de la comparativa de pasarela de disfraces, volumen de drogas, cultura musical y actitud de “voy de fiesta” que tiene la esperpéntica oferta festivalera española.

Belle and Sebastian fue una de las apariciones estrella foráneas de cada año. Abrió el jueves para congregar a las primeras multitudes de coros, pero sus compatriotas escoceses Travis fueron los que destrozaron más gargantas ya el viernes. Parte de la piel de Fran Healy y compañía se quedó en las tablas del Sonoroma; es de agradecer su profesionalidad con dos décadas a sus espaldas en la estepa castellana.

Centrándonos en la escena patria, y de paso hablando de profesionalidad, hay una serie de bandas nacionales que representan nuestro mercado independiente por el bombo de hype que nos venden y contamos, que tienen una grave anemia de este concepto. Ya sea porque literalmente son malos, no ensayan o no saben leer un pentagrama, manchan la imagen de la música sobre y tras las tablas. Desgraciadamente, son los que congregan más fans, y es que la música alternativa española va hacia la deriva del “pedorrismo” y el “postureo” sin pausa.

Pero ese es un tema que debe quedar fuera de una crónica afable, la de la verbena anual del Sonorama en la que nos rebozamos en la música que hacemos aquí y no sabemos exportar. El jueves fue para Mendetz en pleno apogeo fiestero con la madrugada ya entrada, Triángulo de Amor Bizarro descargando una tormenta de sonido, con unos minutos de “toque retirada” ya que Loquillo no acababa su concierto en el otro escenario, y Autumn Comets que llenaron el pequeño Escenario Future Stars con el hilo de sus épicas melodías que fueron propagándose en cuestión de minutos por el recinto gracias al boca-oreja.

Sin duda una primera jornada muy intensa, el segundo día empezaba con una de los noveles destacados, León Benavente, cuyo “Ánimo, Valiente” puede ser el grito de guerra para muchos de los artistas independientes que empiezan en este país. Especialmente es decente si existe una verdadera voluntad de sonar bien, es decir, lo que es “currar” de toda la vida, trabajar un concierto previamente como hacen veteranos como Dorian y Xoel López, cuyos estatus de primera línea no han desembocado en “postureos”. Y otros grupos con reconocimiento menos popular pero que están más que curtidos, Havalina, McEnroe y The New Raemon, los tres seguidos el sábado en horario de tarde.

Atendiéndonos a lo bonito, el Sonorama es una reunión de amiguetes todos los años, sí, reunión del público español más culto eso sí, disponible para abrazar nuestra música nacional y no la facilidad de playa-fiesta-dj de moda de turno. Pero para el tintero queda analizar la escena patria, al menos quien ponemos en portada de la imagen que proyectamos, que a fin de cuentas es lo que intentamos vender de primeras. Porque todo empieza a convertirse en una esperpéntica pesadilla hortero-pedorrera.