“El rock perdió su camino en algún momento”, me contaba David Tattersall, vocalista de The Wave Pictures, hace un par de años. Pues debe ser que ese camino ha desembocado en el trío inglés que, dándose a conocer hace unos años por sus encantadoras tonadas de guitarreo pop sesentero, se han dedicado los dos últimos años a vapulear sus guitarras pero sin perder ese toque de melodía ingeniosa tan característica que tienen. Anoche lo demostraron en el siempre mágico escenario del Teatro Lara, uno de esos sitios donde merece la pena de verdad escuchar música.

The Wave Pictures son el ejemplo que se debería poner en una clase de “Teoría y Práctica de Cómo Hacer Una Banda”, una asignatura que debería ser troncal para muchas de las bandas del panorama independiente español que hemos alimentado mal. Primero, tienen una personalidad definida, saben lo que quieren tocar, por lo tanto, transmiten, que es el objetivo principal de toda banda. Segundo, saben lo que quieren tocar porque son buenos músicos y recogen bien sus influencias y así la música que elaboran es un ente completo. Tercero, son ambiciosos, han pasado de su pop perspicaz a sacar humo a las cuerdas y la batería, y aunque no son Led Zeppelin se nota un trabajo brutal y constante. Genética currante, clase trabajadora, gente honesta. Cero pose.

Son uno de esos grupos con los que parece imposible aburrirse en un concierto, incluso cuando se sacan baladas desnudas de la manga. En estos dos últimos discos (Beer In The Breakers y Long Black Cars) les ha dado por sacarse algunas armonías camperas yanquis, por supuesto reiterando en el protagonismo de la guitarra. Gente normal, gente divertida, gente que hace las cosas simples y bien y que, además, consigue transmitir con la poca audiencia educada de Madrid, esos que van al Lara. Será por eso por lo que tienen casi quince fechas todos los años por la geografía española, porque “alegría, que estamos en España”.

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