Tomavistas 2014: El Columpio Asesino, Sidonie y una gran y arriesgada apuesta

El festival Tomavistas se estrena en Madrid con una propuesta interesante, repleta de grandes bandas nacionales.

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Cristina Martínez de El Columpio Asesino en el Tomavistas 2014
No puedo evitar meditar sobre la idea del festival musical. Cuando se acerca la fecha de alguno de estos eventos, las cavilaciones vuelven a mi mente, tratando de comprender lo que el público general busca en estos. Escucho a gente reconocer que la música da igual, que merece la pena solo por la experiencia del festival y vuelvo al estado mental de desconcierto de cada estío anual. Aunque la oferta de actividades extramusicales sea siempre un punto a favor, el festival es música; por eso gana el Tomavistas.

En su primera edición ha logrado reunir a una buena muestra de los independiente y lo no independiente del panorama nacional. La realidad es que las etiquetas comerciales aquí sobran. A pesar de sufrir la sacudida de un fin de semana cancelado, el festival madrileño ha sabido responder. Un cartel totalmente nacional es peligroso en España y así se ha corroborado, consecuencia de un público que desconoce la calidad que tiene en su propia casa.

DÍA 1. Viernes 18 de julio

Llegando al festival, compruebas desde la entrada que la propuesta es diferente. Un espacio visualmente cuidado que demuestra su cualidad de festival por los dos escenarios, porque no es la experiencia de césped, suciedad y desfase. Bueno, no lo fue hasta la subida al escenario de Perro. Los murcianos tiraron de humor, naturalidad y grandes canciones interpretadas con brío y descaro. “Somos muy fans de Cañita Brava”, reconocían. ¿Y quién no?

A lo largo del día, el pequeño Escenario Gonzoo dio cabida a bandas como EdredóN o Fira Fem, que supieron superar las deficiencias sonoras que el primer día acarreó hasta los números finales. Fueron estos, en el Escenario Tomavistas, los que aprovecharon un sonido testado en el ruidismo ininteligible de Triángulo Amor Bizarro -que salieron desencantados cuando cortaron su concierto antes de terminar- o la psicodelia fracturada por un exceso de armónicos de Nudozurdo.

Los platos fuertes de la noche llegaron con dualidad. León Benavente me asustaba, ya que su álbum no logró conectar conmigo. En directo, son otro animal. Aunque la primera mitad tardara en arrancar, el desenfreno, la intensidad y la profesionalidad de su segunda parte sí caló. Hasta con caída incluida en ‘Rey Ricardo’, que supo aprovechar con un guiño al cambiar la letra.

Por otro lado, cerrando la noche llegaron El Columpio Asesino para presentar ‘Ballenas Muertas En San Sebastián’ (Mushroom Pillow, 2014). Su propuesta es personal, sucia, inquietante. No tienen que demostrar nada porque han probado que funciona y gustan, pero a mí nunca me ha entusiasmado. Versión de ‘Vamos’ de Pixies y a esperar al día siguiente para más música.

DÍA 2. Sábado 19 de julio

Con un día de calentamiento, el sonido ya merece ser el de un festival, entre el público nos conocemos las caras y hay que aprovechar las últimas gotas de esta primera edición.

El Escenario Gonzoo nos presentó el cuidado psych rock de Baywaves y a unos Wallas desbocados, haciendo de estas dos bandas el mejor exponente del pequeño escenario. Abajo, junto a la pista del Hipódromo, era una fiesta entre amigos.

Pasajero, Mucho y The Right Ons colmaron el Tomavistas de rock and roll, con colaboraciones en cada concierto -incluso en el de Sidonie más adelante- y espectaculares conciertos. Los de Martí Perarnau nos regalaron su rock cósmico de potencia y melodía; y consiguieron alegrarme el día con su perfecta versión de ‘Level’ de The Raconteurs. Igualmente brilló el ‘Volcán’ (3 Cipreses/Warner, 2013) de The Right Ons, que siempre han sabido dar un buen espectáculo de intenso rock and roll. No hay obstáculo que les pare, ni siquiera el dedo vendado de Álvaro, guitarra y cantante de la banda.

La recta final llegó con apuestas interesantes y caballos ganadores. Guadalupe Plata, triunfadores en los 6º Premios de la Música Independiente, nos bajaron al pantano con su espectacular blues descarnado, de notas sucias e historias truculentas. No hablan con el público, no necesitan más que tocar para decirlo todo. El público sí habló, pidió que volvieran al escenario y regresaron para cerrar con otro tema.

Diametralmente opuestos a Sidonie, una banda que sabe cómo manejar al público. Conocidos singles y canciones de su último álbum, ‘Sierra Y Canadá’ (Sony, 2014), para despedir los conciertos de una primera edición que merece regresar, con el mismo espíritu y un mayor reconocimiento.