Entrevistamos a Ricardo Vicente

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Como John Hurt, a Ricardo Vicente se le conoce por su excelente fuerza como actor secundario del pop. Cualquier proyecto gana enteros si su nombre está dentro. Tras La Costa Brava, Tachenko y su mano a mano con Fran Nixon, el aragonés ha decidido bailar en solitario con ‘¿Qué haces tan lejos de casa?‘ (Marxophone, 2013). Nos citamos con él en un céntrico café madrileño para hablar de su debut, de su trabajo como profesor de Filosofía, su público y de referencias como Joni Nitchell, John Huston o Henry Darger.

Se ha hecho esperar tu debut en solitario ¿Era este el momento?

Creo que antes no podría haber sido. Para hacerme a la idea necesitaba un proceso que ha llevado tiempo, no soy de tomar decisiones a la ligera ni medio alocadas. Cuando terminó La Costa Brava, Fran (Nixon) y yo tuvimos que plantearnos las cosas, saber qué era lo siguiente. Ahí comenzamos  a trabajar de forma conjunta. De ahí al EP, luego llegó el trabajo junto a Ramón (The New Raemon)… ha sido la propia inercia la que me ha llevado a sacar ‘¿Qué haces tan lejos de casa?’. Ha sido un proceso natural.

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Una de las imágenes incluidas en ‘¿Qué haces tan lejos de casa?’.

Has pasado de ser aquel secundario de lujo al actor principal, imagino que ese proceso natural del que hablas llegó cuando te viste fuerte para afrontarlo.

Me he visto fuerte y me he visto con un lugar donde poder decir algo.

¿Cómo has encarado este proceso?

Fue al terminar la gira de ‘El Problema de los tres cuerpos’ (Playas de Normandía Cydonia, 2011), de hecho en el propio estudio de grabación ya había salido la idea pero en ese momento, estando en pleno proyecto, no podía tener la cabeza en otra cosa. Al terminar, hablando con Ramón en Galicia, me animó a que empezara a darle forma a mi debut. Escribir no ha sido la parte más difícil porque tengo cierta tendencia a hacerlo de forma compulsiva, lo complicado ha sido plantearme la forma de articular todo esto: fechas, con quién lo hacía… la parte más tediosa.

No creo que ahora todo sea más sencillo; creo que es más alienante

La parte extramusical

Sí, ahí es donde he tenido más ayuda. La editorial, la gente con la que he trabajado durante años, Fran y Ramón… este trabajo ha venido acompañado de muchos amigos. Escribir un texto o canciones es un trabajo que puede hacerse por separado pero para darle la unidad necesitas de gente. No es un trabajo que puedas hacerlo solo. Aquello del “hazlo tu mismo” no acabo de entenderlo y he peleado mucho por mi carrera pero creo que hace falta gente que crea en tu idea. Es que sólo con las redes sociales ya puedes ahogarte. No creo que ahora todo sea más sencillo; creo que es más alienante. ¿Qué estoy haciendo: escribir canciones o retuitear? Hace falta un punto de ayuda.

¿Cómo te mentalizas para enfrentarte solo a un álbum?

Es que al final uno, cuando entra a grabar en el estudio, siempre está solo. Defender una canción en la pecera es un trabajo en soledad. ‘¿Qué haces tan lejos de casa?‘ supone una prueba más a nivel personal, algo que necesitaba. Si me caigo me caigo solo y si las cosas salen bien, salen bien solas. No tengo que pasarlo mal más tiempo del que mi mente me obligue. No estoy decepcionando a nadie.

¿Cómo era ese proceso cuando trabajabas junto a Fran?

También estaba esa soledad. Es cierto que había arreglos, alguna guitarra o coro pero todo el tema de letras y estructuras se hacía en soledad. Nos mandábamos muchas canciones y luego seleccionábamos las mejores pero no era un trabajo físico conjunto. Sí existió ese trabajo con (Sergio) Algora. Él no tocaba instrumentos y ahí sí que existía esa unión, lo de componer juntos.

El problema de los tres cuerpos.
El problema de los tres cuerpos.

Cuando se presentó ‘El problema de los tres cuerpos’ en el Teatro Lara de Madrid hubo muy buena recepción a tus canciones. ¿Fue uno de los momentos que te animaron a lanzarte en solitario?

Lo explico en el libro. Uno no puede vivir sin hacer caso a la recepción. No es para obsesionarte o amargarte pero sí debes aprender de ella. Sirve también para plantearte un horizonte: saber a quién cantas.

¿Tienes claro para quién cantas?

Bueno, es un poco complicado. No tengo clara la personalidad del que me escucha.

Aunque es generalizar, siempre se os ha asociado a un público más maduro.

Sí, eso es porque yo no puedo producir canciones con estética adolescente como tampoco podría componer en inglés o dedicarme a la música disco. No conozco los lenguajes. ¿Es gente madura? hablamos de gente que ha tenido una trayectoria vital y unas decepciones parecidas a las nuestras. Aquellos que seguían a La Costa Brava han tenido las mismas vivencias generacionales que nosotros y creo que es positivo porque se crea fidelidad. Las personas somos fieles a nuestro pasado. En mis canciones hay muchas referencias a cosas de hace ocho o nueve años que no pueden conectar con alguien que no las ha vivido. Siempre nos reíamos mucho de ‘Treinta y tres’, de aquel “ciertos mensajes en tu móvil”. ¿Quién utiliza eso ya? La gente que te escucha sabe perfectamente que te has pasado horas mandando mensajes, pagando cinco céntimos por cada cosas que querías decir, aquellas noches enteras agobiado con el teléfono: ese es nuestro pasado. No te hablo de un pasado remoto pero es que las cosas van muy rápido.

Profesor de Filosofía por las mañanas y músico por las tardes. ¿Dónde convergen ambas facetas?

Intento separar las dos vidas, que no me afecte. Para mí es sano hacerlo. No puedo negar que hay una realidad y que puedan pasarme cosas por la mañana que me afecten por la tarde pero intento protegerme. Además, el hecho de tener un trabajo por la mañana da salud. Mis textos son más líricos y metafóricos que filosóficos, mi tradición filosófica es muy racionalista y científica, en lo que estoy especializado. Eso no se ve reflejado en mis textos.

Tanto en ‘¿Qué haces tan lejos de casa?’ como a lo largo de tu carrera las referencias son algo que caracteriza tus canciones. ¿Echas de menos referencias culturales en el pop actual?

No me atrevería a decir que es lo que falta, tal vez sea arriesgado decirlo pero lo que sí puedo decir es que mi tradición, que mira muy fijamente a Norteamerica, viene de ahí. Hay cosas que no sabría explicar sin utilizar referencias, el hecho de explicar que tal o cual cosa es como John Huston. De hecho ‘John Houston’ es una canción que utiliza títulos de su filmografía y las mezcla con mis obsesiones. Sería un buen ejemplo del paradigma. No es que me haya dedicado a hacer un experimento pero es el punto hasta el que soy capaz de llegar con esta fijación por los símbolos. Es el leit motiv y funciona.

‘A Joni Mitchell con todo mi amor’ ¿Qué te atrae de su figura?

Bueno, es bastante acojonante. De hecho, en la canción, estoy hablando de la relación entre Graham Nash y ella. Generalmente, en la tradición, la gente con mucho talento tiende a la autodestrucción. Sí, tenemos muchos ejemplos de casos masculinos pero los femeninos no abundan tanto. Lo que me interesa de esa relación fue cómo se invirtió el patrón machista. Me parece muy interesante aquello de que ella fuera una bala perdida y Nash fuese el sufridor. Es un buen ejemplo para contar una historia desde otra perspectiva, de ver al hombre sufriendo. También lo utilicé porque son muy fan de ambos. Tal vez Joni Mitchell no sea una artista con demasiados éxitos pero lo que me fascinó es que ha vivido la música de una manera real.

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Una de las ilustraciones de Henry Darger.

Otro de esos personajes es Henry Darger ¿Cómo explicarías su vida a alguien que no le conoce?

Un autor del arte marginal norteamericano que, bueno, pasó toda su infancia de orfanato en orfanato y cuando creció vivía de limpiar suelos en hospitales. Un enfermo mental que siempre quiso tener un perro y nunca ganó lo suficiente para darle de comer. Vivió en un ático hasta su muerte y cuando sus caseros abrieron su casa se encontraron con libros de más de 15.000 páginas llenos de ilustraciones brutales. Su arte era muy particular; nunca distinguía entre chicos y chicas, dibujaba a niñas con genitales masculinos, las Vivian Girls, como la banda. La verdad es que es una obra apasionante de alguien que nunca fue escuchado. Esa idea me golpeó la cabeza. Muchas veces el arte marginal se utiliza como plataforma publicitaria, de hecho el folclore está lleno de esa gente que pide atención porque hace cosas raras y puede llevar a cierto descrédito. Todos tenemos nuestros problemas pero de ahí a vender la moto… en mi caso, al menos, sería una malísima estrategia.