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Los caminos del rock de The Right Ons

Imagine un lugar. Posiblemente allí hayan tocado The Right Ons. La banda madrileña ha cogido, en sus seis años de vida, cualquier tren, barco, coche o avión que les ha llevado hasta una sala donde poder tocar. Se puede escribir mucho sobre todos esos viajes de la banda. Seguro que su paso por Japón es realmente atractivo pero un grupo que lleva la carretera tatuada en la frente es capaz de acercarse a cualquier lugar para ofrecer un par de sermones sobre rock and roll y convertir a unas cuantas almas. En un polígono lleno de pequeñas empresas que intentan sostenerse ante la situación actual, se encuentra la sala Arco, el único lugar de todo de Alcázar de San Juan, Ciudad Real, donde se puede ver música en directo. Allá donde se pueda enchufar una guitarra estarán los padres de Get Out.

The Right Ons | HTM

Son algo más de las seis de la tarde y estoy en el interior del garito. Suena Consoler of the Lonely de The Raconteurs mientras se produce la prueba de sonido. Si algo he sacado en claro en este último año es que todas las bandas estatales con las que uno se ha topado y que practican la maldita religión del rock tienen como rosario el segundo de los discos de la banda de Jack White y Brendan Benson. No debería ser extraño. La dueña de todo esto, ajena a la prueba, limpia la barra y carga las cámaras con tercios de cerveza bajo esa luz rara que inunda los garitos hechos para que no exista tal fenómeno necesario para la vida. Los bares nocturnos siempre tienen un aire distinto cuando aún es de día, transmiten esa fuerza de santuario profanado.

La banda está desnuda. Así son las pruebas de sonido. Un rito tedioso que forma parte de todo grupo. De los grupos de verdad; aquellos que decidieron hacer las cosas por su cuenta. “Un grupo no es sólo el rato que la gente te ve tocando sobre el escenario. Es un curro”, dirán más tarde. Mientras cada componente asegura su instrumento, Carlos Grimaldi –técnico de sonido de la banda y sexto componente-, detiene la música. Rafa Fernández, guitarrista de The Right Ons, continúa con su instrumento la canción. Falta alguien. Al fondo, en una oscura esquina bajo el escenario, se ve a alguien dar caladas a un cigarro. Es Álvaro Guzmán, guitarrista y cantante de los madrileños. Me obliga a recordar a Bruce Springsteen. A las imágenes de Springsteen. Desprende ese aura del que sabe lo que se hace y se presenta. Avisa a Fernández, que probaba su nuevo amplificador, una ganga que consiguió en Cuenca ese mismo día tras el bolo donde pasaron las 150 personas de público. Todo un éxito. El tipo baja del escenario de 1,80 metros de altura sobre el nivel del público y se presenta junto a esas patillas sacadas de los setenta que se asemejan a las que llevó en su día el gran Ginger Baker cuando destrozaba platos en Cream.

“No hay otra manera de girar”

Mientras el resto de componentes siguen preparando el show, salimos a la calle. Fernández saca las llaves de una descomunal ballena azul que se asemeja a una furgoneta. Con ese vehículo recorren toda España. Los seis componentes, el equipaje y todos los instrumentos se embarcan cada semana en una gira que visita desde Ceuta a Barbastro pasando por la propia Alcázar de San Juan. De ciudades con gran nombre a otras que pasan desapercibidas para la mayoría de bandas. “No hay otra manera de girar. Un grupo de rock necesita tanto la carretera como el comer”, declara el guitarrista.

Aquí no hay giras con aviones, un manager pasado de rosca o una corte de fulanas. Las confusas historias de las grandes bandas de los setenta hicieron mucho daño al imaginario colectivo. Los Stones tuvieron el 80% de esa culpa. “El camino lo recorremos nosotros. Descargamos nosotros y montamos nosotros. Cuando termine el concierto recogeremos y nos iremos al hotel”, declara Guzmán. La hoja de ruta de la gira es también obra suya. Todo este viaje suena raro para un grupo que ha tocado por todo el mundo. De Estados Unidos a Japón. A la imagen vienen aquellos que pasan por el mundo bajo gafas de sol y que mueven personal y personal. Tocan ante miles de personas y se van a su hotel de cinco estrellas. Un día en Austin ante los ojos del mundo del rock, otro en Logroño. “Hemos estado de gira en Estados Unidos cuatro veces y hemos estado en Gijón otras tantas. Da igual donde toques, lo que importa es el poso de la carretera. Te hace enfocar las cosas de una manera un poco más madura. La experiencia que tenemos como grupo es global”, afirma Fernández. Durante la conversación en la furgoneta, Guzmán afirma que en 2010, con su anterior disco, Look Inside, Now, dieron más de tres vueltas al mundo. En 10 meses.

Reportaje de The Right Ons | HTM

Se nota que The Right Ons disfrutan haciendo esta vida. A finales del pasado año llegó Get Out, su tercer y último disco. Un álbum cargado de guitarras crudas y potentes que dejaban entrever al modus operandi de la banda en directo. “Nos ha salido de una manera muy natural, no ha habido premeditación para mostrar lo que somos en directo. Tal vez sea porque las canciones están enfocadas a un rock más clásico”, declara Fernández. Tiene razón. En sus anteriores discos aparecían claros matices funk que han desaparecido. Ambos reconocen haber perdido esa “esencia negra bailonga” que han sustituido por “una negritud más rockera” propia de los músicos blancos de Detroit como MC5, The Stooges o Grand Funk. “Es el tercer disco y no vamos a hacer siempre lo mismo, el sonido va creciendo con los kilómetros. Nos gustan muchas músicas distintas”, declara Guzmán, que contempla sonriente la idea de un cuarto disco que apunte al jazz fusión. Mientras Hernández reza porque esa idea no pase de ser una broma, un tipo completamente ebrio se acerca hasta nosotros y afirma ir sobradamente ciego, algo que constata su forma de caminar. Dice que va a coger el coche y que le enseñaron a conducir una hora antes. Rock and Roll a las siete de la tarde.

Un show audiovisual

Los siete temas del L.P. están grabados en directo, una seña de identidad de la banda que se ha perdido en la música moderna. “Teníamos 15 buenos temas, de los cuales grabamos nueve y al final quedaron estos siete que grabamos en nueve días”, declara Fernández. “La mayor parte del disco está grabado en directo. No hacemos más de tres tomas porque a partir de ahí se empieza a perder toda la frescura del sonido”, afirma Guzmán, que asegura que suelen “quedarse con la primera de las tomas”. “En los discos de los Stones escuchas panderetas fuera de tiempo, guitarras desafinadas… eso le da la esencia”, informa el cantante.

Pasada la media noche es el momento de defender un directo explosivo ante el público que se acerca hasta la sala. No pasan las 100 personas, un número minúsculo comparado con otros recintos en los que habrán tocado, un éxito para el lugar. “Somos más partidarios de tocar en salas pequeñas que en festivales. El trato personal, el calor de la gente, la inmediatez, es de verdad. Es como es la música de verdad. Hace poco estuvimos viendo a Dawes en El Sol –Madrid- y decían que habían tenido 240 bolos el año pasado. Tocan cuatro o cinco veces por semana. Eso es un ritmo bestial. Eso es el rock”, declara Fernández.  Las canciones de sus tres discos fluyen como el alcohol en las venas del tipo que pasó a saludar antes. Uno tras otro, los cortes de los madrileños y su actitud sobre el escenario invaden los ánimos del público que cada vez está más eufórico. Es esa actitud la que les convierte a The Right Ons en una de las mejores bandas sobre las tablas. “Cuando tú vas a un concierto, es un show, algo audiovisual. No es sólo música, necesitas ver a un grupo en su totalidad”, defiende Guzmán mientras Rafa Fernández interrumpe con un “¡es rock!”. “Es una manera natural de hacer música, no forzamos nada. Es lo que pide el cuerpo, no voy a estar ahí haciendo calceta”, sentencia este.

The Right Ons | HTM

La fuerza en su modo de hacer rock and roll en directo es más propia de un grupo norteamericano que español, al menos hasta hace unos años. “Creo que es una cuestión cultural. En el pueblo más perdido de EE.UU. llevan 70 años escuchando rock and roll y lo tienen mamado. Saben que es espectáculo. Aquí hemos vivido en el franquismo hasta casi los ochenta, donde no existía esa actitud y donde empezó a aparecer pero la música no era lo suficientemente buena. Nuestra generación debe mucho al rock sueco y nórdico de finales de los noventa donde aparecieron muchos grupos como Hellacopters, Turbonegro y Gluecifer y su actitud sobre el escenario”, afirma el guitarra principal. Cuando el concierto termina, los componentes se toman un breve descanso para después bajar con el público. Mientras otros como Utah, el bajista, y Guzmán se hacen fotos con el público, el resto va al principio de la sala a vender el merchandising. “Este es el trabajo del grupo de rock”, sentencia Fernández.

por J.Castellanos