El gusto musical nos define, nos agrupa con aquellos más afines y nos representa cuando las palabras no lo logran. Nuestros gustos musicales se perfilan durante la adolescencia y la temprana edad adulta, manteniéndose de tal modo hasta la vejez. Sin embargo, la ciencia siempre encuentra una puerta trasera por la que eludir las reglas de la naturaleza.

Los científicos presentan un nuevo truco de trilero con el que pueden cambiar radicalmente tus gustos musicales. Quizás no consigan escoger el estilo por el que decantarte, pero pueden borrar de un plumazo una vida de bandas y artistas para sustituirlos por otros. No es un plan diabólico, sino un resultado sorprendente en unas comunes (ahora) pruebas neurológicas.

Según ha publicado el diario científico Frontiers in Behavioral Neuroscience, el paciente Mr. B. se aficionó completamente a Johnny Cash tras recibir un tratamiento contra su trastorno obsesivo-compulsivo. Cabe remarcar que nunca fue un asiduo seguidor de la música, con un gusto regular hacia bandas como The Beatles o The Rolling Stones.

Tras insertar quirúrgicamente un dispositivo de estimulación cerebral profunda (básicamente, un aparato que libera descargas en zonas concretas del cerebro) en el núcleo accumbens (encargado del miedo, el placer, la risa, la adicción y la recompensa), los síntomas del paciente comenzaron a disminuir notablemente, a la par que comenzaba a sentir una afición imprevista hacia el country del “hombre de negro”, especialmente su etapa durante lo años 70 y 80.

La pasión por el catálogo de Cash creció hasta el punto de convertirse en la única música que escuchó durante ese tiempo, haciéndose con todos sus discos y DVD’s. Esto duró hasta que su cerebro dejó de recibir impulsos del dispositivo, con lo que volvió inconscientemente a sus antiguos gustos. ¿La buena noticia? Ya tenemos solución para Pitbull, Juan Magán o Shakira.

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