Apocalypse Now | BSO

0
1139

Esta semana ha muerto Ray Manzarek, el tipo que sustituyó los acordes del bajo por su órgano acompañando el arrojo (al vacío) de Jim Morrison. Este es mi homenaje a Ray y a The Doors.

Suelo descubrir casi todo (lo que sé y lo que me gusta) a través de una pantalla de cine -probablemente si no fuera por Michael Douglas mis primeros polvos hubiesen sido bastante más sosos- y The Doors no es una excepción. La primera vez que oí la voz de Jim Morrison fue a través de las escenas de Apocalypse Now. Esta fue la película con la que dio comienzo la mitificación de un grupo maldito. Una simbiosis perfecta. Las cuerdas vocales de un Morrison destrozado por el alcohol, un rodaje que se convirtió en el mismo infierno, un director borracho de ambición que no paraba de meterse coca, tormentas tropicales, Vietnam y el teclado de Manzarek. This is the end beautiful friend

Las aspas de un helicóptero cortan el humo del Napalm vertido en un bosque de Filipinas. Jim Morrison comienza con los primeros versos de The End, Ray golpea su instrumento y un Martin Sheen con un pedo monumental está tirado en la cama echando de menos la demencia de los días pasados en Sài Gòn. El actor bebió demasiado para hacer esta escena y su actitud llegó a asustar a los cámaras. Esa mirada perdida  y ese extraño baile bajo el sonido de la canción de los Doors es tan real como la sangre de su mano al golpear el espejo. Sheen echó demasiado corazón. Igual que el Morrison que subía completamente paranoico al escenario, ese que un día se desnudó escupiendo el verso más desgarrador de The End. Father? Yes Son, I want to kill you / Mother… I Want to… Fuck You.

Cuando Francis Ford Coppola presentó Apocalypsis Now en Cannes dijo: “Esto no es una película sobre Vietnam, esto es Vietnam”. Coppola quiso adaptar el argumento de la novela de Joseph Conrad ‘El corazón de las tinieblas’, ambientada en el África colonial del siglo XIX, a la invasión estadounidense de Vietnam y lo que consiguió fue una obra mesiánica que traspasa todas las barreras líricas posibles. El horror, como dice el capitán Kurtz en su monólogo improvisado, estuvo demasiado cerca.

La elección de “The Ride Of The Valkyries” de Wagner fue otra de las maravillosas ocurrencias de un Coppola que cada vez estaba más agobiado con un rodaje que se retrasaba todos los días y cuyo presupuesto comenzaba a ser ridículamente excesivo. Wagner compuso el sonido perfecto para retratar a esos helicópteros que arrasan con una de las bahías de Vietnam. Terrible y poético. Igual de terrible y poético que la tormenta tropical que arrasó con todos los decorados. Coppola tuvo que refugiarse en los brazos de una estrella del porno que conoció en las segunda parte de ‘El Padrino’ para no morir de rabia. Pero hubo más tormentas. Por ejemplo, el ataque al corazón de Martin. La mujer de Coppola recuerda como el director fuera de sí dijo en una reunión: ¡Martin Sheen se morirá cuando yo lo diga!

A parte de The End y Wagner Coppola incrustó en una escena el “Satisfaction” de los Stones. Sheen había sobrevivido y estaba de vuelta.

Impagable la imagen de ese jovencito Laurence Fishburne meneando el culo como Jagger en el bote mientras escucha la guitarra impagable de Keith Richards. Escenas tan extrañas e inconexas como estas conforman una imperfecta obra maestra cuya banda sonora original, compuesta por Carmine Coppola, irradia el mismo tono nauseabundo que las imágenes. Escúchense pistas como Voyage o Nung River.

‘Apocalypse Now’ es Vietnam, es Denis Hopper medio loco dando problemas a Martin Sheen en el rodaje. Es una vaca sacrificada por una tribu de la selva para una de las escenas del film y un obeso Marlon Brando que no se había leído ni una sola hoja del guión. ‘Apocalypse Now’ es  la cordura de Francis Ford Coppola diciendo adiós a su dueño. Pero sobre todo, ‘Apocalypse Now’ es The Doors. La voz de Morrison, el órgano de Manzarek y el ego enfermizo de un tipo con barba.