David Bowie vs Lou Reed

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Lou Reed y David Bowie

Difícilmente se pueden encontrar dos personajes tan relacionados entre sí y que tan poco tuvieran en común como David Bowie Lou Reed. Dos gigantes camaleónicos que han vivido siempre por y para la música. Ya sea vestidos con tachuelas o con parches en el ojo, revolucionaron la música siempre con su buen gusto musical y su conocimiento de la armonía, algo que ha quedado relegado a un ámbito marginal en el rock y pop actual. Pocos sacaron discos más divertidos, interesantes y misteriosos incluso en la actualidad. Resolvamos el misterio pues: ¿David Bowie o Lou Reed?

Cuando en 2011 Lou Reed dijo que sacaría un álbum junto a Metallica la cosa parecía rara y sonaba aún peor. La voz de terciopelo quemado y roído del genio de la música rastrera de Nueva York era el aceite del vaso de agua de pesadez y contundencia de la banda liderada por James Hetfield. Lo único para lo que sirvió a Reed aquello –espero- es para darse cuenta que su lírica, su mano para la música, quedó en algún asiento VIP del Staple Center.

Contaban que el neorrealismo italiano dejó de funcionar cuando sus directores y guionistas pasaron de ir subidos en los autobuses rodeados de la crudeza de la vida a tener sus propios y brillantes coches. Tal vez sirva para explicar la evolución del arte del de Brooklyn. Los yonkis, las putas, los antros de chaperos y travestidos dejaron paso a mansiones y reuniones pedantes que creen que el centro del arte se ve desde Hollywood Hills. El realismo sucio dejó paso al fariseísmo bañado en corbatas caras. El poeta del subsuelo ascendió demasiados escalones sin querer dejar atrás a su musa, que es la ciudad más oscura. No pudo.

David Bowie siempre se encontró en otra dimensión. Su arte se ha basado siempre en mundos de ensoñación que el dinero ni la fama pueden destruir. Traspasar fronteras reales para crear lugares, personajes y mundos propios. Si hablamos del Bowie actual, tenemos a un ser recluido en algún piso caro de Nueva York del que sale en contadas ocasiones. Un ser lleno de rumores que siempre le han acompañado y que se han transformado. De una cantidad de cocaína a la que un ser humano no podría hacer frente a extenderse un rumor sobre los pastelitos que compra cada día en su repostería preferida. La vida para ambos ha cambiado demasiado, la diferencia es que el ingenio de  David Bowie apenas ha mermado. La capacidad para sorprender en el que una vez fue Ziggy Stardust, o Aladdin Sane o El duque blanco sigue intacta pese a que el mundo se considera hoy un lugar cercado contra toda inocencia. Cuando los rumores sobre su salud crecen responde con un álbum que nadie esperaba. The Next Day ha supuesto el puñetazo a la industria, no sólo por una calidad que va en gustos pero que sigue manteniendo el nivel, sino por conseguir quebrar cualquier rumor en un lugar tan interconectado que aburre.

Todo el mundo sabe lo que es David Bowie. El hombre que ha redefinido la música popular tantas veces que suena a exageración manchega  no necesita mucha presentación. La pregunta no es quién es mejor de los dos. La cuestión es qué sería de Lou Reed como nombre propio de no ser por Bowie. El británico ya era toda una institución en la música en los años setenta. Nadie había conseguido una serie de trabajos tan brillante desde el 69 hasta el 77. Space Oddity, The Man Who Sold the World, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Aladdin Sane, Station to Station, Low o Heroes son algunos de los discos que figuran entre los mejores álbumes de la historia. Todos firmados bajo el mismo nombre.

Cuando Lou Reed dio el tiro de gracia a The Velvet Underground decidió atacar con su primer trabajo en solitario; un reciclaje de canciones de su antigua banda que se postuló como fracaso absoluto. Un Reed abatido se agarró a los brazos de David Bowie y este le llevó a componer aquel Transformer que hoy en día sigue sonando rompedor. Berlín también fue fruto de la producción de Bowie y su inseparable Mick Ronson. Cuando el británico decidió dejar volar solo al neoyorkino, su éxito por entonces era ya tan brutal que fue su tumba. Prueben a escuchar Metal Machine Music.

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Seguro que estará de acuerdo conmigo hasta el mismísimo Lou Reed en que ha perdido esta batalla de antemano. Y es que si algo le gusta al poeta de Nueva York es perder con estilo. Si no por qué iba a subirse en un escenario con The Velvet Underground para provocar la desbandada entre el público, por qué iba a utilizar imaginería sadomasoquista y cuero negro con tachuelas en plena vorágine hippie. David Bowie por contra fue un hombre mucho más oportunista. Supo cuándo le necesita una cultura pop a punto de deshacerse por los tirones de la psicodelia y asociarla con un tipo de sonoridad de masas sin renunciar un ápice al buen gusto y las melodías complicadas y sorprendentes. ¿Cómo competir con eso?¿De qué le serviría al hombre más derrotado del mundo enfrentarse al hombre que le ayudó a dar forma a dos de sus mejores discos?

Tras esta sarta de obviedades, juzgaremos como se merece al verdadero hombre que se adelantó a su tiempo, sin importarle el resultado. Al tipo duro que por su cuenta y riesgo salvó el futuro del rock and roll y fue el padre del rock alternativo que todavía hoy tiene recovecos por explorar, al poeta de la calle que sólo quería traer la sensibilidad de la novela a la música, al enemigo del glam desde el glam, del pop desde el pop, de la música de autor desde las letras actualizadas de un Allen Gingsberg más neoyorquino que nunca. Finalmente lo lograste, viejo amigo. Escribiste la gran novela americana. Alguien que escuche esa maravilla que es Animal Serenade y no se le encoja el alma más que con cualquier actuación en directo de David Bowie, debe tener muy poca sensibilidad. The Day John Kennedy Died.

Y eso que realizó el directo después de que dijeran de él que ya estaba muerto. Poco le habría importado a muchos. Fue la quincuagésima derrota del hombre más valiente del mundo. Ese que se puso a hacer contabilidad como mecanógrafo con su padre tras deshacer The Velvet Underground. Pensaría que nadie iba a recordarle por un trabajo discográfico que fue del fracaso al fracaso. De la misma forma que le ocurrió con su disco debut, una jodida maravilla que pasa desapercibida para quienes sólo cuentan los grammys conquistados y números uno en los más buscados. Sólo alguien que está acostumbrado a andar por el camino salvaje con putas y yonquis y hacer las mejores canciones de ello, a que le señalen por la calle y se rían de él en las reuniones con las grandes discográficas, sólo alguien como el tío Lou pudo sacar algo parecido al Metal Machine Music, incomprensible todavía hoy, cínico hasta el fin del mundo.

¿Por qué sin embargo marcó un después en la historia de la música?¿Por qué con sólo una guitarra consiguió explorar todas sus facetas como compositor? Transformer, Berlin, Coney Island Baby, New York… del jazz al rock experimental, sin olvidarnos del pop más refrescante. Todo con la sinceridad de un hombre que no sabe lo que hace, aunque algunos insistan en darle sólo importancia a las canciones más conocidas. Y es que amigos… si el mundo es de un tal David Bowie (incluso hoy), la naturaleza humana siempre tendrá más parecido con Lou Reed.

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