Jack White vs Josh Homme

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Jack White vs Josh Homme

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Las guitarras clásicas están más presentes que nunca en la actualidad. Pero eso es gracias a los verdaderos gigantes del rock de nuevo cuño. Gigantes que han convertido el rock del siglo XXI en una religión más que en un estilo de música. Eso es una prueba de que los años dorados del género no han pasado y que quedan muchas alegrías por vivir. Pero si hay que escoger a dos rivales para elegir al nuevo rey del rock, hay que medir necesariamente a Jack White con Josh Homme. Dos respetables hombres que resumen muy bien la nueva forma de entender el género y de revolucionarlo a su antojo. Amigos, escojan su bando, la batalla de bandas da comienzo.

  • J Castellanos vota por Jack White

Jack White es el último inmortal, el músico que pudo haber compartido noches bañadas en cigarros con Leonard Cohen en el Hotel Chelsea o compartir un bourbon casero de mala destilación en algún tugurio cercano al Mississippi junto a Robert Johnson y que, sin embargo, el destino nos lo envió como el mesías del rock en un siglo que aún anda buscando su sitio en la música. El hombre capaz de concentrar la atención de Jimmy Page o meter en una cabina a Neil Young. Desde Detroit, la última esperanza.

La música que regala tiene ese punto tan clásico e imperecedero que se puede situar en cualquier época a partir de los 50. Del powerpop al garage de sus inicios, al rock, blues o folk de su última etapa, todos los géneros de gran cultura de raíz estadounidesense. Acostumbrados a una música con fecha de caducidad que envejece de forma terminal en menos de tres años, los trabajos que nos ha ido entregando desde su salto a finales de los noventa nos demuestran que la buena música mejora con el tiempo. Si uno revisa sus álbumes desde The White Stripes a su debut en solitario puede ver que no hacen más que crecer con el paso de los años.

Echando la vista atrás, el dúo formado junto a Megan White no parecía otra cosa que un juego, un rito de iniciación y una forma de llegar a un público con ganas de un poco de acción tras el telón de un mundo demasiado aburrido y asustado. Aquello se quedó corto con el tiempo, tras dejar un legado recogido en seis aplaudidos álbumes que no guardan decepción alguna. Lo que nadie podía esperar es que no era ningún final, sino el principio de algo que aún no tiene techo. Ahí aparecieron The Raconteurs y su revisión del rock y el blues más auténtico, marcando la línea con el respetable debut de Broken Boy Soldiers y más tarde con el inmenso Consolers of the Lonely, uno de los álbumes que más ha hecho por el rock and roll estadounidense en los últimos 20 años. Sin interrupciones atacó bajo la batería junto a la voz de Alison Mosshart con The Dead Weather, sus dos álbumes y un rock de miras más alternativas que mostraban las capacidades del gran rockero del siglo XXI.

El de Detroit consigue dar la impresión de que lo mejor está por llegar. Así toca enfrentarse a su nueva etapa, esta vez en solitario y bajo su mismo nombre. Blunderbuss es una de las mejores colecciones de canciones que se publicaron el año pasado y su nueva vía de escape para explotar. ¿Qué vendrá después? Qué importa, aquí nunca hay decepciones. La cabeza de Josh Homme es otra de las iluminadas por el rock, uno de los hombres que mejor representa la fuerza y la calidad de la música actual, capaz de transformar a unos adolescentes Arctic Monkeys en una de las mejores bandas de la actualidad –Humbug y Suck It and See no son ninguna broma- y pasear los sonidos de Cadillacs pegados al desierto por todo el mundo, pero su estela no llega a cubrir la del ex White Stripes. Es complicado enfrentarse a una carrera sin fallos.

White representa además la obsesión transformada en enfermedad por la música, su creación y su historia. Desde idear un vinilo desmontable para poder introducir dentro un EP a recuperar una cabina de grabación pública que graba en seis pulgadas pasando por demostrar cómo fabricar una guitarra en menos de dos minutos con un par de cuerdas, clavos, una tabla y una antigua botella de Coca Cola. Un alquimista encerrado en los estudios Third Man de Nashville –donde ha trabajado con propuestas de la talla de Beck, Tom Jones, Drive-By Truckers, Black Lips, King Tuff, Alabama Shakes, No Bunny o promesas como Willy Moon, Pujol o los enormes puertorriqueños Dávila 666– desde los que nos ha demostrado que no hay forma de matar a la música y a su leyenda. Qué más da las modas si se tiene el rock.

  • José Roa vota por Josh Homme

Es complicado y hasta cruel hacerme degradar a uno de los que conformaron mi santísima trinidad, pero no podría negar que siento mayor devoción por unos que por otros. Y ése es Joshua Homme. Un genio donde los haya, preciso, versátil e incansable músico cuyo variopinto y continuo trabajo le sitúa varios pasos por delante de su homónimo del blues, Jack White.

Ambos comparten la virtud de haber logrado un éxito considerable en todas y cada una de las bandas que han formado, pero Homme se lleva la palma por varios motivos. El primer álbum publicado del que él formara parte fue el Wretch (1991) de Kyuss, ¡con tan solo 18 años! Aquí ya demostraba un estilo singular, aun áspero y con perfeccionamiento por delante, pero su personalidad se plasmaba inigualablemente a través de sus míticos riffs. Mientras, White supuso una trascendental parte del garage revival y más adelante del blues y subgéneros como el delta. Sus comunes influencias son más perceptibles y, por lo tanto, no tan individual, los californianos Kyuss creaban de la nada toda una escena que luego se denominaría stoner rockRevival frente a creación única, de la cual estamos viviendo ahora en Europa su propia revisión treinta años más tarde.

Con el paso del tiempo, con dos bandas ya a sus espaldas, crea la bestia de Queens of the Stone Age a su imagen y semejanza, precisamente el mismo año que aparecerían The White Stripes. Ya solo con el nombre me quedo con las reinas, pero es que hay más, mucho más. La aparente simpleza de ambas bandas radica en dos factores totalmente distintos, optando los californianos por una dureza mucho más marcada. Esta se iría refinando con el paso de los discos, viendo ya en el Rated R (2000) una versatilidad mucho mayor que su oponente; un disco repleto de detalles, potencia y ganchos inolvidables que demuestran el amplio horizonte de una banda frente a un, aunque original, menos creativo dúo. Y entonces llegó Songs for the Deaf (2002), una soberana obra maestra del rock/metal de este siglo, un posible paralelismo al Elephant (2003) que llegaría un año más tarde, aunque falto de la uniformidad, contundencia, proporción, identidad y transformación que supuso el tercer álbum de los de Homme. Los cuales aún tienen mucho que decir con su inminente sexto disco …Like Clockwork (2013).

Técnicamente ambos pueden presumir de un virtuosismo digno de mención, sin extremas virguerías innecesarias, siempre centrados en la emoción y las necesidades del tema, aunque White tenga más presente ese aislamiento del inacabable, y sin quejas por mi parte, solo clásico. Sin embargo, las referencias vuelven a ser más palpables en el embajador musical de Nashville, directas de bluesman que él ejecuta con naturalidad y, por otro lado, basa esa singularidad con mayor importancia en su equipo, sus pedales de efectos y ese sonido en eterna búsqueda por parte del guitarrista. En el caso de Homme su personalidad se refleja en sus líneas, su técnica, con un estilo exacto y minucioso que nunca falla y ha marcado un sonido inconfundible, sea cual sea el cambiante equipo que ha pasado por sus manos. Como voces principales de sus grupos de mayor importancia ambos hacen un trabajo envidiable, distintos estilos que van de la preferencia por la melodía de Homme a la libertad divagante de White. Aquí, he de reconocer, veo un empate difícilmente comparable. No todo va a ser perfecto.

Dos grandes músicos incuestionables, enormes artistas con unas merecidas mayúsculas que incluso duele tener que comparar, pero a veces hay que rendirse a las evidencias. Uno más clásico, otro más rompedor, Jack White podría ganar cualquier batalla, pero desgraciadamente para él, Josh Homme está aquí, ahora más que nunca y él no necesita que sus canciones se canten en estadios de fútbol ni ninguna carrera en solitario para deslumbrar por encima de cualquiera.