Queen VS Pink Floyd

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Pink Floyd
Sobran las presentaciones. Dos mitos, enfrentados en el umbral de la grandeza. Los de Mercury, defendidos con los exquisitos y británicos argumentos de Sam Gutiérrez. Por los del muro toma parte J.Castellanos.
  • freddie_mercury_queen_music_band_desktop_1024x768_hd-wallpaper-763899Sam Gutiérrez vota por Queen (#QueenHTM)

Se me ocurre poca batalla de bandas similar a la que nos ocupa. Por lo que supusieron (y lo que aún suponen), estos dos colosos se miden en una de las comparativa más niveladas de la historia de la música. Aunque paradójicamente no es ni por su estilo ni por el género de sus melodías, sino por el impacto que tuvieron ante millones de seguidores y la infinidad de grupos que se inspiraron en cortes como Bohemian Rapsody o Comfortably Numb. Por todo ello, qué complicado resulta escribir sobre formaciones de tal peso, y aún más tomar parte por una de ellas.

Personalmente lo de Pink Floyd me parece soberbio. Roger Waters y cía hicieron flipar al mundo con un rock espacial inaudito hasta la fecha. Sin embargo, y aunque soy un chico discreto, soy de la escuela Freddy Mercury. Soy del We Will Rock You. De dejar huella por allí donde pisas. Y si hablamos de huella, pienso que la de Queen fue mayor que la de Pink Floyd.

Pink Floyd fue música. Pero Queen fue mucho más que eso. Queen fue liberación, Queen fue una actitud, fue una manera de pensar que sedujo a medio mundo. La humanidad enloquecía al ritmo del mejor frontman de todos los tiempos. Por qué a nadie le pasa por la cabeza cuestionarse eso. Freddy Mercury es sinónimo de carisma. Por hacer de cada concierto un espectáculo audiovisual a caballo entre la música y el cine. La manera en que Freddy era capaz de dirigir a la masa ha sido imposible de igualar. Y para muchos, lo será siempre.

 

Sin embargo, tras la imponente figura de Mercury se escondían Brian, Roger y John, tres muchachos que no precisaban de la atención de su líder, pero que fueron auténticos emblemas. Con todos los ojos sobre Mercury, Brian May desarrolló una carrera legendaria acariciando su “Red Special”, lo que le llevó a ser considerado uno de los 10 mejores guitarristas de todos los tiempos. Roger Taylor,  aporreó como nadie la batería en los 70 y 80, y John Deacon al bajo, con su peculiar estilo sin púa, inspiró a futuras generaciones. Además, May y Taylor demostraron en multitud de ocasiones que habrían podido perfectamente ser solistas en cualquier banda de prestigio internacional. Pero en Queen, todos tenían claro su rol y Freddy Mercury era quien partía el bacalao. Todos estos elementos tocaron techo en 1985, en el Live Aid en Wembley, una actuación inigualable que logró la estratosférica cifra de 1’9 billones de espectadores en televisión. Hace pocos años, en 2005, este concierto fue nombrado el mejor de todos los tiempos.

Musicalmente, en los veinte años de máximo esplendor de los londinenses, fueron un torrente inacabable de música. Desde el rock progresivo de sus inicios, Queen logró la fama de manera gradual pasando por un sinfín de géneros. Mercury y May, principales compositores del grupo, cataron infinidad de estilos, en los que implementaron su sello personal. Nadie era capaz de adivinar el futuro contenido de sus álbumes. Queen supuso un soplo de aire fresco en el rock y un toque de desparpajo en el pop. Fueron modelo. Y no solo musicalmente. Queen forjó una identidad y fue espejo en la manera de entender su profesión, en las formas de vender el producto y en como acercarlo a la masa. Queen no fue solo música, Queen fue un show que duró más de veinte años. Y a día de hoy, el show continua, y debe continuar.

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  • J.Castellanos vota por Pink Floyd (#FloydHTM)

Siempre que toca defender a Queen sale el soporífero tema del mejor frontman  de todos los tiempos, que es como hablar de las nueve copas de Europa del Real Madrid en un debate sobre si habrá remontada en Liga. Los de Mercury fueron una buena banda para los que gustan del guitarreo gratuito, el barroquismo más cargante y la pose. La identidad de Queen no se basaba más que en un pisoteo de huellas de lo que hacían los que descubrían nuevos estilos en la época más creativa del rock, una especie de The Killers de los setenta, si me permito exagerar. ¿Les suena Led Zeppelin? Queen iba caminando sobre los estilos que la gente abrazaba sin crear uno propio y teniendo como único nexo de conexión la voz de “el mejor frontman de todos los tiempos”. Una lucha por conseguir hacer sonar lo que el público quería escuchar a cada momento, alejándose de esa identidad que toda banda tiene la obligación de buscar.

Pink Floyd no tuvo entre sus filas ese gran frontman que sirviera como gran copa de Europa. Ni siquiera se destacaba por tenerlo, ahí la diferencia. Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright o Nick Mason se escondían tras juegos de luces primero y grandes marionetas después para dirigir el interés del espectador a lo que la banda quería contar, que era mucho. La música era lo importante, el personaje estaba fuera para Pink Floyd, por mucho que el ego de Waters superara el tamaño de cualquiera de esos hinchables.

 

Existen dos tipos de música. La que intenta transmitir algo y aquella que prefiere hacer pasarlo bien. Pink Floyd trató a lo largo de su carrera moverse entre sentimientos, sonidos, descubrimientos, experimentación llevada a grandes picos del drama griego que supuso su historia como banda. Desde la obra maestra de su debut The Piper and The Gates of Dawn, dirigido bajo los primeros brotes de locura de Syd Barrett y convertido en uno de los discos más grandes de la psicodelia y el pop –aquellos Floyd encandilaron en directo a Paul McCartney y Eric Clapton en los primeros años de la música underground-, a su etapa más reconocida a mediados de los setenta ya sin Barrett, calvo, gordo y bañado hasta su muerte en mares de LSD. Desde el 68 con A Saucerful of Secrets al 79 con The Wall, último trabajo con los cuatro músicos, aunque con Wright ya en nómina como artista contratado y con un Nick Mason más pendiente de coleccionar Aston Martin que de crear música. De la BSO de More a Animals, de Atom Heart Mother –con ese himno al mundo festivalero que Wright creó con Summer’68–  a Obscured By Clouds, The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here, tres obras maestras creadas en apenas cuatro años, 11 álbumes que rozan la perfección, cifra a la que no ha conseguido llegar nadie y un sonido que únicamente suena a Pink Floyd. Arte, música y mensaje unidos, sin frontman con capa de terciopelo, enanos con bandejas de cocaína, barcelonas, cardados o pasar por los malditos ochenta.

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  • Mikel Diez Arrazuria

    Menudos enfrentamientos haceis¡¡¡¡Adoro y disfruto,los dos¡¡¡Tengo la discografia de los dos y disfruto de unos y otros segun me apetezca.Al igual que Deep purple-Led zeppelin,Para mi las dos de 10¡¡¡¡ o como si haceis un Judas-Maiden,,adoro a los dos.Lo que haceis tiene su interes,pero en el fondo es algo esteril………disfrutar de la musica y si os gusta no pareis a pensar si es mejor o peor que nadie.

  • Edison Castro Duque

    Me cuesta mucho tener credibilidad en una persona que se dice a sí mismo admirador de QUEEN y no sabe escribir bien el nombre de su frontman… Señor, el frontman es FREDDIE MERCURY y no Freddy.

    Solo eso…