The Kooks vs Vampire Weekend

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Vampire Weekend en una alfombra

El buen tiempo ya está aquí. Pero esta vez de verdad. Los festivales están a tiro de piedra. De hecho ya ha terminado la primera edición del Coachella, el pistoletazo para la recta final hacia el verano. Y las costas de todo el mundo tienen reyes cada verano, pero hay dos que saben capturar como nadie la esencia de una festividad tan alegre como la de las vacaciones: The Kooks Vampire Weekend. Es el momento de escoger cuál de los dos veranos es mejor.

  • Carlos Argüelles vota por The Kooks

Hoy toca una batalla de bandas muy primaveral, con dos contrincantes “Light”, de esos de espíritu rebelde para gente pero amantes de las sensaciones tranquilas. Y de esas que los grupos tienen que saber llamar la atención desde a adolescentes desquiciadas coreando sus nombres a los más sibaritas de la música.

¿Qué mejor conjunto hay que cumpla esas características que The Kooks?  Espíritu californiano, del tipo “simple y llano”, envasado con denominación de origen británica.  Y además con gran respeto por los grandes, al tomar su nombre de una canción del gran David Bowie. Sólo por eso ya deberían llamar la atención a todo aquel melómano convencido de la música actual independiente.

Hablar de The Kooks es sinónimo de hacerlo de una  banda con un aura especial. Si bien para muchos poco conocedores de su obra la banda se ha quedado en su ya clásico tema She moves in her on way, esto es totalmente falso. El grupo, que ha ido evolucionando con el paso de los años de una manera bestial, posee temas de todo tipo, letras dedicadas desde al amor más sincero a las vaivenes cotidianos de la sociedad actual.

Si me permiten la opinión, su desarrollo musical ha sido de manera muy lineal, gustando a todo el mundo. No tienen un solo disco malo. Los de Brighton se han mantenido fieles a sus inicios, cosa que pocas bandas pueden decir. A diferencia de Vampire Weekend, cuya capacidad creativa alabo, el estilo homogéneo que he mencionado les ha hecho que su número de admiradores no haya disminuido, si no que se ha mantenido e incluso ha crecido. Y esto tiene un mérito añadido si se tiene en cuenta que ha habido muchas “bajas y altas” en la banda sin perder un ápice de su esencia. Complicado pero cierto, ¿verdad?

Durante estos nueve años en el estrellato, The Kooks se ha mantenido firme bajo la tutela de Luke Pritchard y Hugh Harris dejándonos temas como Naive, Ooh La o Shine On. Todas ellas generan muy “buen rollo”, casi tanto como el “Bifidus Activo” al organismo según comenta una tal Carmen Machi. Muchos de sus singles se han utilizado de manera permanente en spots televisivos de marcas de multitud de empresas diferentes, por lo que han sabido mantener una imagen muy viva. Sin ir más lejos, sus canciones se han utilizado para desde los anuncios veraniegos de una conocida marca de cerveza (bebida de dioses, pero esa en concreto no) a otros de diversos tipos. Su gestión de la banda como “distintivo” comercial es más que buena. Hasta en eso ganan a Vampire Weekend.

Así pues, nos encontramos ante un grupo que han sabido ganar con la sencillez al gran público tanto como lo hacía un tal Joan Miró. Y no es tarea fácil. Con su bandera de que no se necesitan hacer cosas excesivamente enrevesadas para estar en el candelero musical su carrera ha sido, más que impecable, inmaculada. Tan blanca y brillante como el cielo en tiempos primaverales como los que nos ocupan. Ya se acerca el verano, época idílica de festivales eternos con tintes veraniegos, en los que seguro que actúan con su frescura habitual…

Suerte tocayo, pero “El Único” también es sabio, y hoy sabes que tengo razón.

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  • Carlos Naval vota por Vampire Weekend

Yo soy de esas personas que sigue teniendo fe en el pop. A pesar de que es un género en el que se ha cebado la mala pata, creo que puede ser más que un entretenimiento pasajero del que no queda más que un buen recuerdo en unas vacaciones en la playa. Por eso prefiero a Tarantino antes que a Richard Curtis, Breaking Bad Cómo conocí a vuestra madre Vampire Weekend The Kooks. 

Entiendo que la gente superficial se deje llevar por las olas y los gallitos de Luke Pritchard. Su descaro es contagioso y necesario para toda una generación de ovejas a las que un pequeño balido podría hacer despertar. Pero más allá del factor juvenil, Vampire Weekend parecen existir en un universo paralelo, donde se puede hacer alta cocina hasta con un huevo duro. ¿Cómo si no iban a poder refrescar el ritmo de reggaeton con un chapuzón tan inesperado como el de Run? Sólo un cuarteto de genios, de los nuevos Mozart del pop contemporáneo.

Y es que Vampire Weekend es, a su forma de ser, mucho más que una banda de pop. Muchísimo más. Mientras que The Kooks pueden hacer el mejor pop pasajero que hayan recordado las hamacas de California, los de Ezra Koenig se dedican a hacer historia, con discos para el recuerdo de las futuras generaciones. Sólo hace falta en directo para darse cuenta de la versatilidad del cuarteto neoyorquino. Muchos decían, ¡qué bueno esto de que recuperen los ritmos africanos, es lo que les hace únicos! Por eso me alegro de que ahora los vayan a abandonar en Modern Vampires of the City, su próximo disco, donde seguro que volverán a demostrar que son la jodida delicatessen del pop, no sólo apto para los paladares más exquisitos, sino para quienes quieren prepararse de fiesta escuchando Cousins.

Su estilo, inconfundible en cualquier formato y estación del año, es una obra maestra que combina a la perfección la deliciosa voz del niño pijo y judío de la gran manzana, las juguetonas líneas de bajo de Chris Baio, la elegante producción y mano enguantada de Rostam Batmanglij y la exquisita batería de Chris Thompson, que puede hacer desde una estrofa con redoble de caja hasta los ritmos más complejos utilizando sólo los aros de la batería. Esa comunión es inquebrantable, lejos de las personalidades definidas de un grupo pop al uso como The Kooks. Va más allá de sus canciones y sus dos (para tres) maravillosos discos, y es una unión que no dejará de crecer. De la misma forma que Arctic Monkeys no era un grupo de ritmos frenéticos y letras incomprensibles. Así, Modern Vampires of the City promete ser ese zas en la boca que todos esperamos en la cara de los fans de verano.

Mucho tiene que cambiar la cosa para que lo bueno de cada casa no esté enganchado un verano más a las costas de Vampire Weekend, a las risas y felicidad de Holiday, a los mojitos de Mansard Roof… Sí amigos, esta batalla está ganada con todas las de la ley y ha sido KO desde el primer segundo que los niños de Brighton se subieron al ring. Larga vida al eterno cuarteto de Nueva York.