Bono, la santificada rock star

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U2 llegaba a la alfombra roja. Las figuras de todos los componentes de la banda desprendían un halo que define su condición de santos. ¿De artistas? Hace tiempo que dejaron de crear música. Ahora solo la repiten. Se mueven en círculos. Pero es llegar a la alfombra y el público se vuelve loco. La gente que se acumula detrás de las vallas, grita y salta y pide fotos pero también las estrellas de Hollywood se comportan como ‘groupies’ cuando ven al músico. ¿Qué les da Bono a los famosos?

Will Smith estaba dando una entrevista, entonces apareció Bono y se puso a dar saltitos de emoción y a gesticular como si hubiera visto la resurrección de Mandela. Hasta tal punto llega esta locura. Y es que Bono es mucho Bono, los irlandeses llevan una década ofreciendo al público pan sin sal mucho más centrados en ayudar a los desfavorecidos, en acabar con el hambre en el mundo y con las guerras y con todo eso con lo que no puede acabar el Dios al que le dedicó su premio Matthew McConaughey.

Es maravilloso que unos tipos ricos y famosos quieran cambiar el mundo. Y entendemos la histeria que se crea a su alrededor pero lo que nos cabrea y lo que, según nuestra poderosa y envenenada imaginación, Benedict Cumberbatch quiso denunciar con su salto intruso en la foto de familia de la alfombra roja es que en el aspecto musical U2 son también los grandes farsantes del pop-rock (¿qué será eso del pop-rock?).

Fueron nominados por su canción ‘Ordinary Love’ de la película (que no se comió un colín) ‘Mandela: Long Walk To Freedom (2013). Estamos ante una balada exactamente calcada a las que lleva haciendo desde la época de ‘Vértigo’, con un poquito de clímax, un poquito de letra aclimatada para ganar el nobel de la paz, un poquito de vena en el cuello para que se note la emoción pero completamente anodina y superficial.