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El patio del colegio era una jungla salvaje. La perspectiva del tiempo te demuestra lo minúsculas que eran las preocupaciones de aquella época que ahora resulta tan feliz y apacible, aunque no caes en la cuenta en ese momento. Las peleas, los insultos que recibes y aquellos con los que compensas tus inseguridades, la constante batalla por encajar, todo aquello que te marca de por vida sucede ahí. Piensas que no sobrevivirás, pero lo harás.

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Cierras ese capítulo de lucha incesante con ansias de libertad, curioso, expectante por ver lo que el enorme y desconocido mundo tiene para ofrecerte. La desesperación te atrapa en el momento que ves que nunca has salido de aquel patio de colegio. Lo que sucedía allí, sucede en el mundo real. Las inseguridades crecen, se entierran y explotan con 30 años como sucedía con 12. La mejor manera de triunfar entre una panda de mocosos era someter al más débil y esas costumbres no cambian, ni siquiera entre músicos.

Han aprendido todos bien de artistas como Azealia Banks que solo se dedican a soltar mierda de otra gente y no prestan atención alguna a lo que, en teoría, debería definirles: su producción musical. La del debut en eterna espera se granjeó su efímera fama a base de polémicas. La lista negra incluye a Lily Allen, Disclosure, Stone Roses, Marina Diamandis y una extensión casi interminable que trata de permanecer relevante a base de controversias que suplan la falta de talento y música.

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La disputa más estúpida tuvo a la rapera -cómo no- como protagonista y a Iggy Azalea como objetivo. Ambas celebridades del hip hop se enzarzaron con motivo de la similitud fonética de sus nombres artísticos. Azalea no quiso atacar, como tampoco sacó las garras contra Nicki Minaj, centrándose en su música (sea de tu agrado o no, que, para mí, no lo es si te soy sincero), como muchos deberían hacer.

Si hablamos de líderes de lo controvertido, la corona recae en Kanye West. Si no son marcas de moda, son colegas de profesión o el sistema mundial al completo; siempre hay alguien que merece ser fustigado por West. Sin embargo, en esta liga juegan Liam Gallagher o Gene Simmons, gente con carreras labradas que, simplemente, gustan de despotricar. Son figuras caracterizadas por ello pero que no viven de esta faceta.

¡Que le jodan a Kanye West!. A nadie le gusta

Elly Jackson de La Roux al Sunday Times.

Cuando no tienes ni dos pasos dados en lo que será tu carrera musical, es peligroso comenzar por estos lares. ¿Es realmente la manera idónea de darte a conocer? La promoción de un álbum o una gira debería sustentarse por la calidad de lo aportado, no por la controversia que su artista haya generado como una campaña de marketing al uso. De esto conoce bien la cantante de La Roux, que ha aprovechado el lanzamiento de ‘Trouble In Paradise’ (Polydor, 2014) para embestir contra el rey de la lengua viperina, Kanye West. Un buen truco, pero hemos visto este número en muchos ilusionistas distintos.

Parece estar de moda publicitarte a cuenta de agredir a otros. Son tendencias. Esta tan estúpida como la anterior. Por eso duele cuando se intenta arrastrar hacia esta vorágine a grupos como Sleaford Mods. No es que el dúo británico sea espere beatificación pronto, pero se aprovecha su carencia de comedimiento para golpear a nombres como Alex Turner o el propio Gallagher.

Esta es una carretera peligrosa por la que es mejor no circular. Una vez hayas entrado en ella, a nadie le importará nada más de lo que hagas si decides cerrar la boca. Piénsatelo dos veces antes de reemplazar tu música por hiriente palabrería.