El Gran Gatsby | BSO

Los críticos que hace unos días vieron el Gran Gatsby en Cannes salieron de la sala arrancándose los ojos, hincando las rodillas en el suelo y pidiendo clemencia al Señor. ¿Pero qué es exactamente lo que esperaban de Baz Luhrmann? ¿Una película compleja y profunda llena de sentimientos y crudas verdades sobre el ser humano? Lógicamente no. Así que no exageremos. La película es una valiente horterada que aplasta entre excesos visuales las cualidades literarias de Scott Fitgerald pero asumido este crimen, uno puede dejarse llevar por el visionario (aunque irritante en ocasiones) estilo de Luhrmann y la humanidad y la bajeza con la que los actores salvan de la quema esta película ¿vacía? No, no tan vacía como se pretende.

El director de Moulin Rouge siempre cuida las bandas sonoras. Este amanerado autor puede gustar o no gustar, pero es de necios negar su mano maestra para el videoclip. Aunque con el Gran Gatsby ha tenido una ventaja, tanto las imágenes como los cortes producidos por el omnipresente Jay-Z son una recopilación de incoherente y edulcorado material artístico. Le habrá resultado muy fácil mezclarlo.

Las canciones que conformaban la banda sonora han ido haciéndose públicas muy poco a poco, de esta forma los más fans han babeado día tras día en busca de aquellos temas de entretiempo de artistas como The XX, Lana del Rey o Florence. Temas en su mayoría prescindibles, al igual que la horrenda versión de Crazy in Love por Emeli Sandé o ese Black to Black de Amy Winehouse que suena tan raro en manos de Beyoncé y André 3000.

Sin embargo todas estas pequeñas abominaciones funcionan a la perfección en la película, incluido este Crazy in Love que parece interpretado por aquellos extraterrestres de la cantina de Star Wars. A ritmo de esta especie de swing degenerado bailan los cientos de invitados a las exageradas fiestas de Jay Gatsby. El alcohol abunda generosamente entre las manos mientras el rostro alelado de Tobey Maguire recorre los salones de la obscena mansión donde la libertad de unos salvajes años 20 resulta el reflejo de la corrupción y el despojo humano. Y mientras tanto, como ya pasaba en el molino rojo, un maestro de ceremonias y un par de mujeres de dudosa moralidad bailan canciones como el Bang Bang de Will.i.am, un corte que comienza con el ritmo de los 20’ y termina con la epilepsia propia de los sintetizadores del nuevo siglo.

Pero como el que sale a fumar fuera para respirar el humo en soledad o dejar de castigar a los oídos con atronadores amplificadores, Luhrmann también da respiro a la película. Menguan las acrobacias visuales y dan comienzo algunos pasajes íntimos. Ahí es donde Leonardo DiCaprio se hace fuerte y se le perdona el pecado de querer ser Jay Gatsby. Ahí donde Carey Mulligan reluce entre todo el esperpento. Ahí donde el director canadiense decide poner canciones asequibles para el oído tanto fuera como dentro del filme. El Over The Love de Florence + The Machine no llega a ser la gran canción que debería. Se estrellan persiguiendo el personaje de Daisy Buchanan. Sin embargo ahí está Lana del Rey con un tema sensible y lánguido, tanto como la historia que se cuenta. Su Young & Beautiful  es el tema estrella, sin duda.

Y no, ni The XX ni White destacan en esta cosa tan pomposa y bien armada con la que Luhrmann se ha paseado por Cannes dejando algunas heridas abiertas.