El pueblo contra la industria discografica: Alegato final y soluciones

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¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

Homer_Simpson

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  1. PRÓLOGO
  2. ALEGATO DE APERTURA
  3. LOS TENTÁCULOS DE LA INDUSTRIA
  4. PRIMER TESTIGO, LA INDUSTRIA DISCOGRÁFICA (I)
  5. PRIMER TESTIGO, LA INDUSTRIA DISCOGRÁFICA (II)
  6. SEGUNDO TESTIGO, LA MÚSICA INDEPENDIENTE
  7. TERCER TESTIGO, EL PUEBLO
  8. ÚLTIMO TESTIGO, EL PUEBLO ESPAÑOL

Ebrios patanes del jurado. Han sido dos duros meses de juicio.

Esto es lo que se llama música hoy en día. Prueba número 1:


1. Acotemos definiciones de lo que es música y lo que no es

Describamos y detallemos lo que es arte, y por lo tanto la música como una de esas expresiones, denunciemos lo que es marketing, y por lo tanto aquello entroncado en el aparato de las industrias culturales para contentar a las hormigas del pueblo sin inquietar una célula del espíritu y un halo del alma. ¿Qué es música y qué no es música?: El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque. Es uno de los mecanismos de expresión del ser humano, reflejando no solo el mundo interno del hombre (vivencias, emociones y sentimientos), sino también erigiéndose en un referente histórico y social de las distintas culturas.

2. La industria discográfica es una lavadora de cerebros

A la industria discográfica le va bien con las canciones de hoy que se miran al ombligo ahogadas en cinismo, seña de la comodidad de conciencia en la que hemos sido vacunados y del sentido de la revolución innato del ser humano que se ha guillotinado. Métodos rápidos, sobornos, explotación, fraudes, estafas: corrupción. Este viejo y gordo dinosaurio de la industria discográfica tiene un repertorio para vomitar sobre la ética y la moral tan variado que pone los pelos como escarpias. Y en lo referente a los artistas, la música popular tiene un carácter distintivamente medieval: es la última forma de contrato de servidumbre.

Prueba número 2:

Citando a un autor, “el negocio de la música es una cruel y superficial fosa de dinero, un largo pasillo de plástico donde ladrones y proxenetas corren libremente, y los hombres buenos mueren como perros. Hay también un lado negativo”. Un archivador de almas arrancadas a golpe de productos que han desposeído de espíritu al ser humano: ¿dónde están himnos como Give Ireland Back To The Irish, War, We Shall Overcome, Free Nelson Mandela o Give Peace a Chance? Es el obituario de la canción protesta en un Occidente amorfinado por el adoctrinamiento de la industria cultural.

3. Los industria independiente se deja enjabonar

Pasó que el artista honesto perdió el sentido de la realización de su obra en sí misma, esa catarsis. Perdió el camino del proceso expresivo que supone la música, los sonidos, las letras, perdió esa visceral expresión de las entrañas. Cuando aquellos vendieron su alma, la música se convirtió en una percepción homogénea, esa que tenemos en nuestros días de “que bonito”, “me la canto con mis amigas”, “me la canto todo pedo” y “dale caña”. ¿Dónde está el dolor, sueños, imaginación, visión, amor, miedo, revolución…? La uniformidad de las sensaciones que produce la música de hoy, cualquiera sea el género y la industria, esa plastificación tan machacante no hace más que nos parezcamos al tío/a que tenemos en frente, no te diferencias nada de él/ella. Pretende esta música independiente contaminada por la industria discográfica ponerse a la altura del producto comercial postureando por ser la novedad.

4. Al pueblo le gusta el jabón porque es barato, grande y brilla

Esa masa para los que el arte, la música, no influye en ellos más allá de una simple sensación placentera. Ahí va la masa encefálica que se deja dominar por música descargada de metáfora, participación, comprensión, revelación, belleza, placer espiritual, riesgos…Para ellos la música es simplemente un elemento decorativo y distante que no despierta en ellos más interés que el de un momento de esparcimiento. Decía un autor: “el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone donde quiera”.

Y nos merecemos comernos esos productos comerciales. Todos ellos apelan al narcisismo, suponen, saben y están en lo cierto que somos gilipollas, que no sabemos de política, economía, sociedad, cultura, y tienen razón, hay detrás detallados estudios de marketing cuya conclusión es que somos estúpidos. Porque somos individualistas, cínicos, interminablemente superficiales y transparentes psicológicamente hasta tal punto que saben nuestros comportamientos de consumo como los perros ovejeros saben que las ovejas giraran a la derecha en cuanto las ladren. 

homer5. Hay más soluciones que problemas

Ebrios patanes del jurado. Por mucho que me hayan visto quejarme durante dos largos meses, puedo asegurarles que aquí viene la parte más importante del juicio: todo lo expuesto tiene remedio. Lo fácil sería quedarse en escupir una ristra de “lo que va mal”, ¡oigan ustedes! No me saldría de la tónica general de una sociedad plagada de individuos que hablan mucho pero hacen poco. Cito a un autor: “Hay tres grupos de personas: los que hacen que las cosas pasen, los que miran las cosas que pasan y los que preguntan qué pasó”.

Vivimos en una era comunicacional sin precedentes donde las posibilidades comunicativas son abrumadoras. Todos somos productores y consumidores información, hay más voces participando y publicando que nunca. Estos momentos extraordinarios están reestructurando y reinventando muchas industrias, principalmente la de los medios de comunicación y la de la música; de hecho el proceso no ha acabado y no sabemos donde irá porque la tecnología lo posibilita.

En la música, la lenta muerte del modelo tradicional de la industria discográfica es evidente. Y es que desde un negocio hasta todos los aspectos de una vida humana, si no te adaptas te extingues, te lo dice cualquier documental de naturaleza. La historia nos demuestra que los cambios vienen de revoluciones y que esos cambios siempre fueron tachados de locuras; la historia nos demuestra que los cambios dan la evolución y que sino estaríamos todavía cazando con lanzas y taparrabos. La historia nos demuestra que precisamente por eso se inventaron las palabras “era”, “tiempo”, “época”.

Hoy, sabemos de dónde venimos pero no a dónde vamos. El cambio radical de paradigma comunicativo nos hace disfrutar e investigar más ricamente en creatividad gracias a Internet. Son redes de conocimiento que permiten desafiar el status quo, todo lo previamente establecido y asentado con óxido hasta las entrañas. Son procesos de intercambio, apropiación, remezcla, donde además las evoluciones tecnológicas han permitido una ampliación bestial de la creación musical. Es la jodida edad de oro de la creatividad fuera de las industrias culturales, el problema es que todavía no ha conseguido apropiarse de los sistemas tradicionales establecidos, pero sí ha propagado su voz.

El sistema de la industria discográfica se va deshaciendo poco a poco, y ahí es cuando aparece el potencial innovador de la ciudadanía con estrategias que desobedecen o se enfrentan a las normas de una industria incapaz de reinventarse. Es innovar desobedeciendo. Sorprender, extrañarse, eso es comenzar a entender lo que pasa. Quizá hubiera sido tan fácil como dice la artista Amanda Palmer en esta espectacular, didáctica y preciosa conferencia: nos hemos estado haciendo mucho tiempo la pregunta incorrecta, “¿cómo hacemos que la gente pague por la música?”.

Prueba número 3:

-FIN-