El pueblo contra la industria discografica: Segundo testigo, la musica independiente

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¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

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  1. PRÓLOGO
  2. ALEGATO DE APERTURA
  3. LOS TENTÁCULOS DE LA INDUSTRIA
  4. PRIMER TESTIGO, LA INDUSTRIA DISCOGRÁFICA (I)
  5. PRIMER TESTIGO, LA INDUSTRIA DISCOGRÁFICA (II)

La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas”, Platón

Ebrios patanes del jurado.

El 90% de los ingresos por discos vendidos viene del 2% de los lanzamientos hechos. El 99,875% de los artistas no llegaría al salario mínimo si utilizara el arte de la música como su forma de vida. ¿Cómo lo llamarían eso ustedes? “Injusticia” puede salir de sus bocas, que un artista que haga tal tipo de música sea millonario y otro que hace otro tipo solo pueda tenerlo como afición intermitente, dando igual el talento y la clase de música, suena a injusticia. Bueno, eso es el capitalismo, te jodes, ¿no?. ¿Es realmente el capitalismo? En el capitalismo gana el mejor, aquí ni siquiera se da oportunidad al mejor. No es un problema del capitalismo, dejémonos de reivindicaciones antisistema que se alejan de la realidad. Es un problema de concepción de la música como producto comercial. ¿En qué momento ocurrió eso?

Captura de pantalla 2013-02-20 a las 21.17.34Citaba a 
Wladyslaw Tatarkiewicz al principio de este juicio: “El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque”. No necesitamos una definición mejor, por lo tanto, ¿es todo música lo que tenemos hoy en día alrededor? El 2% no, pero ese 2% no solo es el que se lleva el dinero sino que triunfa mediáticamente, ese valor es incalculable sobre todo en términos de la educación que le estamos dando al ser humano, más bien la deseducación en el arte y la cultura.

Y por mucho tiempo ocurrió que el 98% llevaba la bandera del arte. Pero llegaron los tentáculos de la industria, incesantes, para asaltar al arte sin ejército. Y pasó que el artista honesto perdió el sentido de la realización de su obra en sí misma, esa catarsis. Perdió el camino del proceso expresivo que supone la música, los sonidos, las letras, perdió esa visceral expresión de las entrañas. Algunos no lo aguantaron y se metieron una escopeta en la boca. Fue el artista el culpable inducido por la inercia del mercado, ya no se guiaba por la inercia de su ser, fueron sus propios mandamases en los que confiaba, para establecer miga a miga unos patrones alterados del concepto original de música independiente. El monstruo les estaba comiendo el terreno, primero por ambición (de los 70 a los 90) después con fugacidad por necesidad (en el nuevo siglo ante la caída de los ingresos por…¡Interneeeet! y su inoperancia ante pivotar en el modelo de negocio).

La intencionalidad con que el artista realiza su obra, es eso lo que crea una percepción en el espectador, tiene que revolucionar su psiquis, espíritu, mente y cuerpo. Cuando aquellos vendieron su alma, la música se convirtió en una percepción homogénea, esa que tenemos en nuestros días de “que bonito”, “me la canto con mis amigas”, “me la canto todo pedo” y “dale caña”. ¿Dónde está el dolor, sueños, imaginación, visión, amor, miedo, revolución…? La uniformidad de las sensaciones que produce la música de hoy, cualquiera sea el género y la industria, esa plastificación tan machacante no hace más que nos parezcamos al tío/a que tenemos en frente, no te diferencias nada de él/ella. Pretende esta música independiente contaminada por la industria discográfica ponerse a la altura del producto comercial postureando por ser la novedad.

Dijo el historiador británico Simon Schama: “El poder del arte más grande es que nos llega como una revelación y nos arranca de nuestra habitual manera de ver y mirar. Nos llena de visiones nuevas de belleza o ráfagas de intenso placer, pero la conmoción, el dolor e incluso la repulsión son parte del proceso. El arte que aspira a tanto no se crea sin problemas, luchas y toma de riesgos.” El arte, y por lo tanto la música, obliga al espectador a involucrarse en ese arte comprendiéndose a sí mismo. ¿Dónde está eso en la música de hoy? ¿En el momento que mojas el dedo en la bolsa de MDMA mientras escuchas al hit independiente de turno?

Y por último, ¿qué fue de aquella música independiente como mecanismo de protesta, denuncia de la sociedad y el poder y que cimentaba una identidad cultural de los pueblos? La música tenía una capacidad trasgresora de examinar y vociferar las injusticias del mundo, vomitar los problemas y formas de conducta. ¿Dónde están los himnos revolucionarios en unos tiempos donde Occidente se cae a pedazos? Mientras escuchamos aceites reciclados chiclosos sobre ligoteos de la última noche y los sentimientos del coño de la Aurora porque no ha sabido comportarse como una persona adulta. Eso es lo que nos aletarga los huevos en el sofá. Nos cogieron el espíritu y ahí lo tienen guardado los hijos de puta en una caja. Y nos gusta porque se está muy agustito.

Communications Advisor en Upplication. Fundó Popcorn Media. Creó y dirige como hobby sportsmadeinusa.com