La tinta de las notas

Allí embobados estaban Ginsberg, Kerouac, Cassady o Holmes en clubes neoyorquinos de jazz como el Birland delante de sus “héroes secretos” (como apodó Ginsberg), Charlie Parker, Dizzie Gilliespie o Miles Davis. Eran los años cincuenta y la generación de jóvenes inconformistas pos-II Guerra Mundial se fusionaba entre los sonidos bebop y los literatos beats, las ideologías de contracultura coagulaban en un reducido grupo de músicos y escritores norteamericanos. Aquella actitud fue la primera pieza del rock’n’roll, de las grandes estrellas del rock, del pacifismo, de la variante del movimiento hippie, de las drogas, el alcohol y la sexualidad libre, de la espontaneidad y la experimentación. La Generación Beat fue la primera célula de la música contemporánea; sesenta años de vinilos, casetes, cds, internet, letras en cuadernos y servilletas, escenarios, conciertos, festivales, escándalos, ciudades, barrios, clubes, mitos, muertes…y que la tinta, el gran descubrimiento de la civilización china, ha cristalizado. Porque como dice un proverbio chino, “un libro es como un jardín que llevas en el bolsillo”, y si es sobre música, es portar una aventura de la hermandad entre este arte y el estilo de vida beat.

Yo y yo mismo

Las biografías musicales suelen funcionar mejor que las autobiografías, probablemente porque la personalidad del autor no está implicada, mientras que las autobiografías son como un fantasma escribiendo sobre sí mismo. Slash o Eric Clapton han dejado manuscritos excesivamente cargados de ego mientras que George Harrison con I Me Mine y Bob Dylan con Crónicas (especialmente el volumen 1) han planchado su alma en palabras. Jim Morrison, los Rolling Stones y los miembros de los Beatles han sido un manjar para la elaboración de biografías. De Morrison hay que destacar El Enigma, Jim Morrison de Stephen Davis, quizás el mejor biógrafo de estrellas del rock de Estados Unidos, que ahonda especialmente en los prontos trastornos, sueños y soledad de este magnético poeta de la música. De sus ‘Satánicas Majestades’ pegas una patada una piedra y salen manadas de escritos, pero el recomendable es The True Adventures of the Rolling Stones de un periodista que les ha seguido la mayor parte de su carrera, Stanley Booth, además de la reciente biografía de Keith Richards que deja, una vez más, inexplicables perlas de cómo es posible que sigan vivos. De los Beatles, dos extensos retratos, uno de Lennon por Ray Coleman y otro de McCartney (Many Years From Now) por Barry Miles, autor underground de los ’60. Hendrix o Led Zeppelin también son focos de biografías pero la última recomendación es Love, Janis de la hermana de la cantante, Laura Joplin.

Las escenas

Segundo tópico más recurrido a la hora de escribir un libro sobre música: las escenas musicales. El punk es el rey, tanto en la vertiente neoyorquina en torno al club CBGB de mediados de los ’70 como la británica de Camden Town de finales de esa década; la biblia es England’s Dreaming de Jon Savage, con viscerales implicaciones ideológico-políticas. El otro libro sagrado es Revolution In The Head: The Beatles’ Records and the Sixties, un profundo análisis del periodista Ian MacDonald, cuya vida dedicó a detallar la historia de los ‘Fab Four’ hasta que se suicidó en 2003. El seudónimo MacDonald es uno de los mejores en este campo literario y algunos de sus ensayos y críticas están recogidos en The People’s Music.

La ficción

La realidad acontecida nos pone las imágenes en la mente pero la ficción las crea de diferente manera en cada subconsciente. Se han escrito hasta la fecha deliciosas novelas sobre la música, empezando por aquellas que son un baño de discos y canciones, The Importance Of Music to Girls de la poetisa inglesa Lavinia Greenlaw o Alta Fidelidad (de Nick Hornby) pasada a la gran pantalla con John Cusack como protagonista y moviendo la localización de los hechos de Londres a Chicago; como dijo J.W.Eagan, “nunca juzgues un libro por una película”.

La ficción también ha dado novelas extremadamente salvajes como The Taqwacores, un manifiesto del punk musulmán, una especie de Guardián Entre el Centeno para los jóvenes del islam, y Fargo Rock City: A Heavy Metal Odyssey in Rural North Dakota, una historia con algunos tintes autobiográficos del autor Chuck Klosterman con los paisajes helados de Dakota del Norte viniendo a la memoria las imágenes de Fargo, aquella película de los hermanos Coen. Klosterman, un autor bastante activo, añade otra novela con dosis de humor, Killing Yourself to Live: 85% of A True Story, un viaje por la carretera yanqui en el que la música rock, el amor y la muerte, especialmente la que envuelve a las estrellas del rock, son los protagonistas.

En casa

Con estas historias de rock and roll adornando periódicos históricos y offset de libros que retratan que “cualquier tiempo fue mejor”, nos olvidamos que en España entramos en el mundo libre en los años ochenta. La tinta que se ha escrito sobre Morente es probablemente la mejor literatura musical en este país, más que nada porque el emblema del personaje incitaba a carismáticos textos, pero será por afiliación que Una Semana En El Motor De Un Autobús produce tanta dependencia como una relación tóxica. Y es que de eso va, de la relación tóxico-creativa de Los Planetas al facturar uno de los mejores discos de la historia de la música española. La vorágine surrealista de los granadinos (especialmente de Florent) plantea el clásico pulso de si las drogas y el alcohol enaltecen la creatividad, pero con un poco de rigor crítico (y menos del odio extremista a Planetas) se vislumbra la genialidad de una banda donde luchaban los fantasmas de Moloch a machete. He ahí precisamente la convergencia de fuerzas invisibles (y químicas y físicas) que hacen genial a una banda.

Un libro es la medicina para el alma. Aquellos que dicen que tienen una sola vida es que no han leído nunca un libro, por lo que sumergirse en una obra sobre música es embalsamar la mente en un episodio histórico o ficticio en el que estilo de vida alejado de los parámetros establecidos por la sociedad impregna en las entrañas y donde la imaginación pone las notas y la letra. No es que sea necesario leer, es que hace que la vida sea algo digno de ser vivido. Un libro es una vivencia, y todo lo que sea vivir es necesario para el espíritu humano. Como dijo Groucho Marx: “fuera de un perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro de un perro…está demasiado oscuro para leer”.

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