Documentales 2011: Vacuna al refrito de Hollywood

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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO | por Dani García
¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

A Andy Warhol le gustaba Hollywood porque era un yonqui del plástico. El Elefante cata la misma pestilencia a plástico quemado al empezar una película en el cine y viendo la cartelera semanal. Pero, el Elefante un consumidor nato del refrito, es barato y simple, bocadillos de calamares de toda índole, remakes, pre-cuelas, secuelas, ante-secuelas, pos-secuelas, me-las-cuelan, biopics, historias basadas en hechos reales (y alteradas como las cuentas del Instituto Nóos), experimentación genética fallida con animales, romanticismos de compresa, agentes secretos que dominan el mundo con su sonrisa… No hay que estrujarse el cerebro mucho, los calamares se hacen en un momento, fríen, refríen y se venden solos. Nos pone ese hedor rebautizado de partículas grasientas de diferentes fritos acribillados. Unos porque somos tontos, otros porque nos gusta hacernos el tonto, porque a veces las cosas pueden ser más simples que un cubo y no hay que rizar el rizo hasta el punto de hacer una película para sordomudos ciegos vecinos de los hermanos Lumière.

Pero aún así, un mínimo de conciencia artística debería hacerte eliminar la descarga de Megavideo de la peli-tampax de Jennifer Aniston y activar el extractor para eliminar los malos humos del refrito de Hollywood. Primero, la edad de oro de las series de televisión (alabados sean HBO y Netflix), y es algo de lo que no hay mucho que explicar, ya se han encargado de desguazar miles de artículos; el Elefante metería su productora en concurso de acreedores para descansar el resto de los días de su vida en visionar su lista de “series pendientes”, a la que se añade el descubrimiento que ha hecho esta mañana, Steve Van Zandt (el de Los Soprano y el guitarrista de The E Street Band) en una de mafiosos en Noruega, Lilyhammer. Segundo, el excelente estado de calidad de las películas documentales (se dice así niños, “películas documentales”, de lo poco que recuerda y aprendió de la carrera de Periodismo, aquella asignatura) confirmado por el año que nos acaba de abandonar. Ya 2010 dejó una avalancha de obras maestras documentales, principalmente sobre la crisis (robo) financiera mundial (Inside Job, Client 9, Freakonomics), y no nos olvidamos del de Bansky (Exit Through The Gift Shop), 2011 ha supuesto la vuelta de artesanos del documental como Herzog, Errol Morris o Scorsese y el siempre surgimiento de cineastas de alguna alcantarilla:

#elefanteHTM

Abrid Megaupload, empezad la búsqueda de documentales porque en la cartelera hay cuatro películas españolas dopadas a subvenciones. Aclaración: en todas salen pezones. En los cines no estarán ninguno de los documentales que el Elefante os va a hablar. El Elefante dice que no es momento de diseccionar de arriba abajo una tesis de la mala (nula) concienciación y educación a la masa borreguil sobre la higiene de la calidad fílmica. Lo mismo el nuevo Ministerio de Cultura, Deportes y Educación (y Jardinería y Artes Silvestres) da unos milloncejos a Deportes Cuatro para que produzca un sitcom sobre las peripecias de Cristiano Ronaldo y Marcelo en sus “chaletes” de La Finca. Y hablando de deportes, se hacen buenos documentales de deportes, probablemente el que más cacahuetes me ha hecho consumir es Senna, sobre el piloto brasileño de Fórmula 1 Ayrton Senna, una auténtica estrella de rock and roll, mujeriego, religioso y, sobre todo, un piloto con una mala hostia en la pista que le ha hecho ser el mejor de todos los tiempos. Era cuando la Fórmula 1 molaba, cuando todavía no era un Scalextric con más cambios de reglamentación que Lady Gaga de vestimenta. La cinta, sobrecargada de imágenes de archivo pero que conduce la narración a la perfección, transmite la agresividad y el espíritu que tenía Senna dentro del monoplaza. Y el estatus de mito se alcanza con la muerte. El caso de Bobby Fisher es una figura legendaria por su carácter enigmático, por la responsabilidad de cargar a cuestas la guerra del mundo libre contra el bloque comunista en una batalla sobre un tablero de ajedrez; Bobby Fisher Against The World es el otro biodoc esencial de este 2011.

Para biodoc obligatorio el que ha hecho Martin Scorsese de George Harrison, George Harrison: Living In A Material World. Entre capítulo y capítulo de Boardwalk Empire y la maravillosa experiencia fastuosa juvenil a la que apunta Hugo, el maestro Scorsese, a sus casi 70 años, ha encontrado tiempo para hacer lo que hace mejor en el género documental, dar una visión única y nueva de la vida de un músico. Scorsese es único al crear esta fascinación, aunque venga precedido de Shine A Light, una pieza técnicamente impecable pero donde no se ve nada de lo que hace a The Rolling Stones, The Rolling Stones. No le falta en ambas cintas al cineasta neoyorquino ese “detrás de las cámaras”  que tanto adolece el género documental-musical de nuestros días más centrado en retrospectivas furiosas al estilo del británico Don Letts (autor de documentales sobre el movimiento punk).

Cambiando de tercio, vayamos al de la maldita y apestosa realidad. Estamos en plena temporada de cortar cabezas, la guillotina está fresca y empiezan a rodar las cabelleras de los periódicos en papel. Precisamente cuando todos los periodistas nos desgañitamos de que los medios de comunicación está dirigidos por empresarios y no por periodistas, los periódicos en papel están dirigidos por periodistas en vez de los empresarios. Reciente es el cerrojo que ha echado el diario gratuito ADN e inminente el de Público. La prensa en papel se extingue, pero la culpa es de los lectores que no aprecian el periódico, la crisis, el mercado, las vacas locas, los ovnis, Remedios Cervantes, la lluvia ácida. Que venga Iker Jiménez y estudie a los dinosaurios. No hay ningún Robespierre, las cabezas se cortan porque lo pide el pueblo. En cualquier otro mercado, el fracaso de un producto lleva al rediseño de éste. En esta sintonía Andrew Rossi hace un profundo análisis del diario más famoso y prestigioso del mundo, The New York Times, en Page One: Inside The New York Times. Narrado en la figura de ese periodista carismático, esa rock and roll star, un ex drogadicto que recupero su vida para acabar siendo una de las piezas editoriales más importantes del periódico, el documental profundiza en la decadencia de la prensa impresa y su posible desaparición. La realidad cambia, si hay que representarla hay que cambiar las formas de representación, por eso nos hemos convertido en esclavos de la tecnología, de estar conectados a todo, amorfinados a la dependencia, en continua carrera fatigados por no perder ese tren que nunca cogemos. No tenemos tiempo de ver parados y en calma esa fotografía de interdependencia: es lo que hace Connected: An Autobiography About Love, Death & Technology, la mejor película documental que pasó el año pasado por el festival de Sundance.

Para cerrar dejamos lo mejor para el postre. La vuelta de Herzog por doble partido, primero con su mirada más humanista y menos didáctica a base de testimonios y testimonios sobre la pena de muerte en Into The Abyss. Es complicado facturar una pieza documental sobre este tema sin la carga del sermón, pero el cineasta alemán consigue transmitir honestidad. La otra cinta es su personal aventura 3D en una de las cuevas más inhóspitas de la Tierra: Cave Of Forgotten Dreams. Por último, una de esas experiencias que es mejor sentirla que intentar comprenderla o escribirla, General Orders No.9 o ese tipo de filmes en los que hay que sumergirse en una experiencia muy íntima (por analizarlo superficialmente y para guiaros, es El Árbol de la Vida versión documental, y el Elefante quedó marcado con la película de Malick), el nuevo proyecto de James Marsh, Project Nim, que sigue la senda de su anterior trabajo y una de las mejores y más emocionantes películas documentales de todos los tiempos, Man On Wire, y un nuevo documental-denuncia de Morgan Spurlock (el que probó que comer McDonalds mata hasta las pulgas), POM Wonderful Presents: The Greatest Movie Ever Sold, donde este (habría que decir: hombre inquieto) cineasta se hace una meta-paja educativa, y siempre entretenida, para probar como la publicidad nos la mete doblada con productos en las películas.