Arcade Fire han jugado seguro. Su videoclip para ‘We Exist’ mostraba a un Andrew Garfield que se travestía y sufría la intolerancia de un grupo de paletos que estallaban en un éxtasis de danza. Un eufemismo que defendía a medias tintas lo que tenía que defender y denostaba lo recriminable sin ser demasiado explícito. Nada contra el videoclip, pero la defensa del colectivo LGTB es algo manido que no sorprende y, para intentar hacerlo, hace falta impacto. Aun así, nuestra sociedad se ha vuelto tan quisquillosa que hasta esto le parece ofensivo.

Si bien he comenzado enumerando ciertos “defectos” -más bien falta de originalidad-, la verdad es que toda intención de apoyo a minorías indefensas, sometidas a constantes vejaciones y maltratos, merece de por sí nuestro aplauso. No piensa lo mismo Laura Jane Grace.

La cantante de Against Me! lleva desde la publicación del vídeo dejando muy clara su aversión hacia el clip. El tema le toca de un modo personal, ya que ella misma es transexual. Quizás ese sea el problema y de ahí que sus comentarios hayan pasado la barrera de lo coherente a lo exagerado. Es necesario pensar fríamente cuando se trata de un tema con el que se siente cierta cercanía.

Su primer comentario fue que el actor debería haber sido un transexual y no Spider-Man. Primer error. El videoclip narra la historia de un hombre con problemas de identidad sexual que no reconoce lo que ve en el espejo; un transexual ha superado, obviamente, esos problemas, ergo no habría estado bien escogido en el casting. El cantante de Arcade Fire contestó y dijo que para un chico de Jamaica ver a Spider-Man en ese papel tenía mucha fuerza. Tampoco le gustó a Grace.

Entonces ya no tenía tantos problemas con el casting, sino con los estereotipos. [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]Todo esto demuestra una clara malinterpretación motivada por la falta de atención.[/inlinetweet] Puedo comprender cierta animadversión y recelo, pero, ¿tan protocolaria se ha vuelto nuestra sociedad? Se recubre de eufemismos y eyecta palabras políticamente incorrectas por un absurdo sentido de seguridad creado por la ocultación de la realidad. El velo siempre termina por levantarse y nos cogerá desprevenidos.

Hasta la cosa más segura, naif y comprometida va a sentar mal a algún colectivo, por costumbre, por defensas automáticas o por lo que sea, pero la crítica nos gusta y Dios nos libre de no ejercerla.

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