La lujuria del Olimpo no ha conocido límites ni contrincante. De un Dionisio reencarnado en la figura de Jim Morrison a la excéntrica egolatría de Axl Rose, el sexo ha formado una parte esencial en la inspiración artística de la música popular. Y para inspirarse, hay que vivir la experiencia de primera mano.

No se conforman con dedicar infinidad de sus composiciones al mejor de los ejercicios, sino que convierten el propio proceso musical en una bacanal de excesos, a cada cual más depravada, a cada cual más interesante. Hemos rescatado dos anécdotas en las que el sexo tuvo más importancia de la que crees durante la grabación de sus álbumes. ¿Cuál de ellas gana, la de Morrison o la de Rose?

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The Doors | 'The Soft Parade (Elektra, 1969)'

La banda de Jim Morrison entró al estudio para grabar su cuarto álbum, ‘The Soft Parade’. El Rey Lagarto pasó de un tímido joven que daba la espalda al público a un chamán de multitudes a lo largo de una incesante debacle autodestructiva.

Este controvertido cuarto disco expandía las composiciones del grupo, incluía secciones orquestales y lo distanciaba de su clásico blues hacia un jazz de crooner. Lo que no cambiaron fueron los hábitos de Morrison, quien pidió a su eterna novia, Pamela Courson, que le realizara sexo oral mientras cantaba ‘The Soft Parade’ y así evadirse del nerviosismo causa del síndrome de abstinencia. Y ella lo hizo.

Guns N' Roses | 'Appetite for Destruction' (Geffen, 1987)

Aunque el nombre se haya visto mancillado en los últimos años por su propio fundador, la banda de Axl Rose y Slash devoró al glam metal de Hollywood con su mezcla entre hard rock y punk, un paso condicionante para la música que comenzaba a surgir en aquellos tardíos \’80.

Su debut, ‘Appetite for Destruction’, definió a la banda a la perfección, confeccionado entre el salvaje estilo de vida que los caracterizaba y absorbiendo la esencia de aquella época. Uno de lo hitos en la leyenda de aquel disco fue la grabación de ‘Rocket Queen’. Durante el solo de la canción, se puede escuchar el orgasmo de una mujer y no fue fingido. Rose se acostó en el estudio con Adriana Smith -novia del entonces batería, Steven Adler-, rodeados de micrófonos, en una sesión para la que su productor no tuvo nada que ver, quedándose a su cargo el ingeniero Vic Deyglio. Así cumplió el cantante su proyecto de grabar una sesión de sexo en directo.

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