La caida del Rey

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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO | por Dani García

¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

Con la dictadura del dance de capa caída a mediados de los ochenta, había que plantear un nuevo sistema en el que todas las clases tuvieran voz y voto, en el que el ser humano se comportara con su fiereza innata y se dejara de las polladas de bailes y atusar el pelo. Era momento de dar hostias. Así, el rock se disponía como el régimen más libre para todos, el verdadero género democrático de la música, pero lo que no percibían muchos era que el rock como tal ya estaba esnifado (“1973, el rock ha muerto, chaval”, Lester Bangs en Casi Famosos). Los gloriosos tiempos de la República del Rock quedaban atrás, el gobierno unipersonal y centralizado del comercialismo se hacía con el poder para fundar el Imperio del Mainstream; se seguía llamando rock, pero sin esencia.

Faltaba un líder. Un hombre que agitara a la masa, que sacara su instintos más mundanos, que conectara con los plebeyos más bajos vendiéndoles la lejía como cocaína. Se podía haber configurado una república justa de senadores al mando como Metallica, Van Halen y R.E.M., se podía haber elegido un candidato para rey más cualificado como Bruce Springsteen o Prince aunque ambos desestimaron ser la imagen de ese imperio que sabían que era tenebroso, se podía haber dado el poder a U2 para después entregarlo al pueblo. Pero los brazos ocultos de este nuevo poder oscuro imperial encontraron el candidato perfecto, designaron a dedo, sin votación de un pueblo ansioso de cambio que se tragaba cualquier cosa, el candidato que conectaba con la plebe, Axl Rose y su séquito de Guns N’Roses.

La corte de Rose eran los reyes, merecidos o no, pero al pueblo no le importaba, los adoraba, no se paraban a pensar quien lo había elegido. Eran los reyes. Lo cierto es que crearon un gobierno de esplendor de este rock disfrazado con acciones populares de talento durante cuatro años, desde que entraron en el poder con Apetite For Destruction, pasando por el aclamado desfile de G R’ N Lies, hasta sus acciones de poder más pragmáticas, Use Your Illusion (I y II). Salvaron algún que otro golpe de estado chapucero como el de Aerosmith, tuvieron un hijo que sabían que jamás tomaría el poder, Red Hot Chili Peppers, y gozaban de los privilegios de la realeza a dos manos, aprovechando cualquier exceso posible como la follada de placer continuo que fue Welcome To The Jungle.

“The Spaghetti Incident?” marcó el inicio del alejamiento del Rey con su pueblo. Axl perdió el contacto con la realidad y libró sus guerras civiles internas que todavía mantiene a causa de los celos con Slash. Una profunda confusión y desconexión con su sociedad que duró quince años en los que su pueblo buscó nuevas referencias de poder, su trono ya había caído virtualmente, pero él conservaba su estado mental idílico de Rey sin comprender que había obviado su misión en la democracia disfrazada del rock con los fans. Había sido simplemente una cabeza de turco de los ocultos brazos robóticos del Imperio del Mainstream; como él se han inaugurado, sucedido y agotado otros reinados.

El incidente de Chinese Democracy demostró su desquicio delirante, hasta tal punto de posiblemente plagiar. ¿Por qué los pájaros huyen cuando anochece? Porque son gilipollas y se creen que acaba el mundo. Con Chinese Democracy ni siquiera huyeron, esperaron para degollarse con una rama de lo malo que era. Era difícil servir a una masa con la que ya no se identificaba, ni comprendía y, sobre todo, ni atendía porque le importa menos que un montón de mierda de elefante. Y llegó cuando se rompió la cadera en el momento menos oportuno, reflejó sus dementes letargos en una interminable carta en la que explicaba porque no acudía al nombramiento del Salón de la Fama del Rock. Líneas y líneas de basura de un viejo chocho. El pueblo le cortó una cabeza que, virtualmente, ya estaba cortada. Guns N’ Roses no eran los reyes del Imperio del Rock desde hace años, al menos su antigua corte admitió su papel en su día. En medio de la polémica ha venido otra chiflada epístola: “que perdón, que no volverá a pasar, que lo juro por Arturo”.

El daño ya está hecho, las nuevas generaciones llevan años creciendo con el síntoma de que fue elegido a dedo. Porque el rock (o lo que queda de él) es una república y no una monarquía.

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Todo El Elefante, en @elefancracia

Dani Garcia

Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2013, alcanzando especial repercusión con su columna ‘El Elefante Está Borracho’. Actualmente prosigue su carrera en Doist PR.