La cara B del DCode 2013

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Todos nos preguntamos lo mismo cuando empezó a organizarse el DCODE en la capital madrileña. ¿Qué iba a ofrecer este evento ante el sobre explotado panorama festivalero español? Por lo menos nos queda claro que, de primeras, obtenemos cercanía para todos aquellos amantes de la música que vivamos cerca de la capital. Suena bien de momento.

La famosa entrada lejana de este festival nos presentaba la primera gran confusión de la tarde. Sólo hacía falta darle la puta vuelta a la facultad de Ciencias de la Información para acceder por la única entrada disponible. Tiene sentido para cualquiera de los que hemos estado dentro, siendo que comprábamos Tokens (moneda de la nación DCODE que cambiaba a razón de 2,5 euros la unidad) en cantidades pares para gastarlos en las barras por bebidas que valían cantidades impares. Gran estrategia si todo el mundo tuviera sólo una neurona para pensar y no se diera cuenta de esa compleja treta que únicamente un maestro de la matemática podría perpetrar.

Jamás había podido sentir la increíble y onírica sensación de escuchar dos conciertos a la vez.

Pero a fin de cuentas… ¿Qué estábamos buscando todos los que nos dirigíamos al festival si no era que nos timaran en el nombre de la cultura una y otra vez? Jamás había podido sentir la increíble y onírica sensación de escuchar dos conciertos a la vez mientras algún tipo simpático me pedía droga porque al parecer tengo cara de yonqui. Sí, soy miembro de una generación que aúna todos sus extremos en un concierto de música. Como lo hicieron en Woodstock. El nuevo florecer de la unión entre los tirados y los pijos, entre los yonquis y los estudiantes de medicina. Bueno, a lo mejor no había muchos pijos en Woodstock, pero… ¿Qué importa? Nos sentimos todos muy felices. Casi como entonces.

Soy miembro de una generación que aúna todos sus extremos en un concierto de música.

Ahora no hace falta que te vayas hasta la costa de Benicàssim para ver cómo alguien se hace una raya sobre su propia cartera en la cola del baño, ni a Benidorm para hacerle corro a unas chicas que se mean sobre sus propios tobillos. Ahora puedes hacerlo desde Madrid. Hemos acuñado una forma de entender la vida. La posibilidad de tirar el dinero porque nos sobra para que alguien pueda decir que las cosas van bien. Que ha habido Sold Out. Que ya todo mejora y cada vez son más los que pueden lanzarse a la carrera empresarial del todo vale mientras sea rentable.

No importa nada mientras nos hagan olvidar por unos minutos que en nuestro trabajo abusan de nuestro espíritu acobardado, mientras esa chica de la que pasas te diga que sus amigas llevan cristal para ver si cambias de idea. Esto, amigos, es un festival. Darte cuenta de que vas a escuchar a Amaral a la vez que Reptile Youth y que Vampire Weekend van a ser un café descafeinado comparados con sus discos de estudio. Que te peguen una paliza, te roben y te pisen mientras escuchas a Capital Cities.

La vida no es justa. ¿Por qué iba a serlo el DCODE?

  • Diego Martín

    La vida sigue siendo justa, justo te mereces lo que te pase en cierto sitios que merecen, o no, ser visitados por tu persona.

  • Adrian Tele Cornflakes

    Churras, churras, merinas, merinas.

  • Jota Martínez

    Genial. La vida es justa para todos, menos para los que van a lugar equivocado!