La cultura del miedo

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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO  | por Dani García

¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

NO

Recuerdo una escena de Barrio Sésamo donde Epi y Blas estaban en el cine y no se por qué razón pero Epi chinchaba a Blas mucho y montaron tal follón que les echaban de la sala. Aquello me asustaba, aquello me acojonaba, no se qué llevaba a mi cerebro de 4 años a activar el mecanismo del miedo pero me escondía detrás del sofá o pasaba la cinta hacia delante como si estuviera exhortando a Marujita Díaz. Quizás ya apuntaba a estar como una puta cabra, quizás mis delirios son congénitos y no fruto de los golpes en la cabeza durante 25 años o quizás el cerebro humano es lo bastante inteligente desde su formación, porque esa misma sensación de terror me producía la pantalla azul del Copyright antes de cada VHS de Disney que me tragaba. Ese mensaje que comenzaba con “Warning” en letras mayúsculas y que decía no se que de un “Copyright” y no se que de “protected”. Aquello intimidaba, sabías que te estaban diciendo NO a algo, aquello aporta una prueba más a cómo somos educados por los gobiernos en la cultura del miedo. Es lo que siempre reitero en ‘El Elefante’, la educación lo hace todo y es más difícil para el que te enseña educar en el respeto, es más fácil decir NO. Le pregunté a mi padre un día qué significaba aquello, me contestó que no podía grabar cintas de video. Yo ya por entonces traficaba con VHS con mis vecinos, además de grabar todos los capítulos de Barrio Sésamo. Unos años después me enteré que realmente lo que NO podías hacer era grabar un capítulo de Quién Sabe Dónde de Paco Lobatón y venderlo al lado del puesto de flores de la gitana.

Aquello era, simplemente, el preludio legal de la industria de los medios de comunicación tradicionales del siglo XX por monopolizar la producción. Que el consumidor solo consuma, decían ellos. Llegó la DMCA (Digital Millennium Copyright Act) en 1996 para acoplarse a la inminente sociedad de la información, pasaron otra serie de leyes de protección de la propiedad intelectual, unas con más pena que gloria, pero todas con esa esencia de Epi y Blas en el cine: miedo, censura y poca educación, decir NO, porque, seamos sinceros, sale más barato dar una capón al niño que enseñarle porque no se tira el plato de puré al suelo. Y llegó el momento en que imprimir la cara de Mickey Mouse en una tarta de cumpleaños podía suponer que el FBI entrara a lo SWAT en la pastelería de tu barrio. Llegó el momento SOPA y PIPA, y los usuarios, que ya NO querían solo consumir sino también producir y compartir, dijeron que NO. Una guerra ya comenzada que saca la artillería pesada a paseo porque, esta no es la última batalla que el mundo que cree en la democratización de la información tendrá que librar. Vosotros me echáis la ley abajo pues nosotros os cerramos vuestra principal fuente de compartir archivos. Pues si vosotros nos jodéis con Megaupload, nosotros lanzamos un ataque informático a gran escala contra los principales medios de comunicación, para que veáis de lo que somos capaces. Como en toda guerra, ya NO hay un término medio en ningún bando.

Putero, ladrón, criminal, contrabando, armas, lavado de dinero, modelos húngaras, 18 coches deportivos, $50 millones en metálico, una mega-mansión en Nueva Zelanda, ¿qué tiene que ver todo esto de Megaupload y su fundador Kim Dotcom con la propiedad intelectual? Absolutamente nada. El poder, a través de los medios, infunde una nueva cortina de humo para tapar el verdadero problema. ¿No sería más responsable tal como se hace en las democracias tratar la violación de copyright con un juicio presentando todas las pruebas, como hicieron con NAPSTER, que vendiendo la imagen del malo malísimo, ese gordo cabrón que quema el dinero para encenderse un puro mientras acaricia su gato en su gran trono? ¿No sería más sano educar a las nuevas generaciones en la existencia de una propiedad intelectual y que hay creaciones que tienen un trabajo detrás que muchos esperan que sea recompensado y que no quieren compartir, que vender la imagen de realizar una operación contra la piratería a lo SWAT? Porque, cuando las noticias dicen que el FBI ha entrado en las instalaciones de Megaupload y han detenido a sus creadores, a todos nos viene a la mente lo que hemos visto en las películas, y el poder lo sabe, sabe manejar ese miedo. Resulta que los de Megaupload vivían mejor que los políticos valencianos, aunque estos parece que NO van a tener tanta “suerte” y afrontan 20 años de cárcel mínimo por haber causado $500 millones en pérdidas de ingresos a las industrias del entretenimiento y haber generado $175 millones en “asuntos criminales”, por lo menos así lo dice el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Por “suerte” podemos entender en este país por el peso ideológico de la justicia; una paradoja que sea el mismo día que el nuevo ministro de justicia saque una ley en la que, según él, la justicia será más independiente, y en ese pack viene también que la justicia ya NO será también para los pobres y que puedes ser condenado a cadena perpetua si tu crimen es trending topic o se debate el sábado en La Noria. Pero ese es otro asunto.

Volviendo a lo de antes. Todo radica en un problema de educación. En un lado del cuadrilátero, el poder, propagando el miedo a través del restrictivo copyright, “que NO, que NO y que NO” patalea la industria de los medios de comunicación tradicionales, “que quiero mi trozo de tarta y ese niño la está repartiendo a todo el cumpleaños”. En otro lado del cuadrilátero, la nueva sociedad de la democratización de la información, puedes hacer lo que te salga del higo con tu creación, quieres compartirla, compártela, quieres sacarle un rendimiento económico, protégela, quieres que cualquiera pueda darle forma su gusto, cuélgala. Siempre reconociendo que existe una propiedad intelectual, que esto NO es la casa de tócame Roque como creen algunos. En dos palabras, un Creative Commons. Pero claro, un mundo ideal, como cantan en Aladdin en ese VHS que le grabé a mi vecino, no existe. Verde que te quiero verde, verde billete.

¿Os parece bien que ‘El Gordo de Megaupload’ haya amasado esa riqueza de sultán a base de las creaciones y trabajo de otros? ¿Os parece bien que uno de los dos tipos de Seriesyonkis haya vendido su parte por 10 millones de euros? ¿Qué va hacer con esos milloncejos? ¿Para su cuerpo? ¿Para los niños hambrientos de Sudán? ¿Para los niños surferos de Tarifa? Prefiero preguntárselo antes que prejuzgar. Oiga, que una propiedad intelectual sí que existe, lo que no podemos hacer es obligar a un señor a que comparta su creación, precisamente ese NO es el espíritu del Creative Commons, educar y NO obligar. Cada uno decide la apertura de su mente: o eres un frígido/a o follas. Y lo más indignante de todo, vendrá un Alejandro Sanz de turno, primero con su incultura general del mundo, segundo con sus riquezas respaldándole y tercero con la hipocresía de que son sus creaciones (¿cuántos artistas de grandes discográficas hacen sus letras?), para decirnos que estamos violando la propiedad intelectual. No soy un gran fan de Liam Gallagher, primero porque soy de Noel, segundo porque es un gilipollas, pero dijo algo tan cierto como que “descargar es lo mismo que hacía con las cintas de casete, grababa los éxitos de la radio. Odio ver a todas esas grandes estrellas del rock quejándose, al menos están descargando tu puta música, idiota, y te están prestando atención. Deberías apreciar eso, joder. ¿De qué te quejas? Tienes cinco puñeteras casas enormes así que cállate”.

Mientras tanto, en tierras españolas, la ley anti-piratería, denominación incorrecta y algún día la desguazaremos aquí, la famosa Ley Sinde entrará en vigor en marzo. Una ley aprobada por un Consejo de Ministros, a diferencia de SOPA y PIPA que iban a ser puestas a votación por los representantes del pueblo. Y me puedes decir: “es que ese Consejo de Ministros representa la elección del pueblo”. Y yo contesto: “sí, pero NO”. Pero eso es ya otro asunto. Aquí nos comeremos la sopa, nos preocupa más lo que le dijo Casillas en el vestuario al árbitro.