(LA) Lana Del Rey

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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO | por Dani García

¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

En la baja Edad Media los reyes bárbaros utilizaban capas de lana llamadas clámides (de herencia griega y romana) en un intento de poder distinguirse de una nobleza que estaba al mismo nivel que ellos. Once y pico siglos después la humanidad no ha cambiado, nos gusta estar esclavizados a la estética, todo entra por los ojos, y jamás seremos capaces de apartarnos de ese Síndrome de Estocolmo.

En los últimos dos meses, todo blog indie con aires de grandeza cool sobre la faz de la webosfera ha mencionado a Lana del Rey y su video-viral ‘Video Games’. A los tres segundos te pestañea como una niñita dulce, a los veinte te mira como la jovencita provocativa que ya ha explorado su cuerpo, a los veintitrés entona su ardiente voz y ya estás enamorado/a. Cuatro minutos de flashes sensuales de ella insinuantes, ojitos inocentes, morritos en boca tan ingenuos y vírgenes como lascivos. Susurros de napalm brillantemente lanzados marcando el tempo de la canción sin precipitarse en un brillante ejercicio de precisión y naturalidad. Ella en un video-montaje hogareño de web-cam, grabaciones caseras con ese aire destartalado tan natural y reflejos del Los Ángeles estrambótico más superficial con la actriz Paz de la Huerta (Boardwalk Empire) cayéndose del pedo, un batido que parece de manufactura cercana, de ese amigo skater friki que sabe de Final Cut y que le hace el favor por mojar el pincel. Mismo camino para sus escasos temas que flotan por la Red, un precioso timbre vulnerable y batallador, con alguna punzada de ronquera ebria y fumadora como en Kinda Outta Luck la cual melódicamente tiene unos apegos más bailables pero apoderando siempre ella con la voz la canción. Aromas de jazz hollywoodiense como en Blue Jeans donde recuerda a la rica y femenina entonación de Joan Baez, salvando las distancias. Y los video-montajes en la misma línea con esa presencia de las películas que mostraban la opulencia americana de la Edad de Oro de Estados Unidos. Queda todo tan indie.

Con el párrafo anterior puede hacer corta-pega cualquier publicación indie de este país (cuando se enteren del hype que está reventando en la “bloguería” yanqui y dejen de informarse tanto a base de NME). Ahora paro las lametadas de Lizzy Grant, que es así como se llama esta chica de 24 años, para contar quién es (o quién era), a 29 de Septiembre de 2011, no en diciembre cuando ya habrá hecho un video casero con Pitchfork y estará en la lista de ‘Lo que va a ser cool de 2012’ de la NME (me apuesto una comida con el primero que comente en este post). Será entonces cuando todos los blogggggueros creerán que acaban de descubrir una pepita de oro del tamaño de su cabeza hipster en medio del desierto de Atacama. Pero resulta que Grant ya tenía un EP por 2009, verdoso pero prometedor, que firma recientemente por una discográfica independiente como Stranger Records con lazos subsidiarios con una de las majors, que detrás de ella ya hay una agencia de prensa moviendo los hilos de la marioneta y que mencionando (y no confirmando) la rumorología que la rodea, su padre es rico, ella se ha pasado por la cirugía estética y esto es un proyecto orquestado desde hace años.

Desechando los cotilleos “mariñescos” indies y las teorías conspirativas de Iker Jiménez, muchas circunstancias desprenden el tufo de una mano meciendo la cuna por detrás. Lo vemos venir aquellos que vivimos en el underground musical, lo percibimos esos fraggles que vemos proyectos musicales ascender del subsuelo atraídos por el aroma de la superficie y cuyo hedor va subiendo hasta alcanzar los cielos del mainstream. Del mal llamado indie a lo comercial ya no hay ni un paso, no hay pasos, todo está en la misma acera. Es la confirmación de la reorientación del negocio de la música, las discográficas grandes, con las reservas de petróleo bajas en sus yacimientos con la crisis de la industria, han ido a buscar otros combustibles para abastecerse en la llamada música indie; una tendencia ya conocida antes de este siglo pero que ha dado su boom en la última década (siempre pongo el ejemplo de Kings of Leon). Pero el caso de Lana del Rey ya no parece un ejemplo de absorción sino de propia creación, un embrión gestado genéticamente a lo John Hammond, desde el underground con montajes caseros, con un video-viral, filtrado a lo más molón del mundo hipster que tiene ramificaciones en todos lados, para que en cuestión de tiempo tome la herencia de las Winehouse (estoy esperando el análisis que la compare con Amy, y no va a tardar) y las Gaga por el nivel de explotación comercial. Desde luego una de las primeras sensaciones que provoca la desnudez de ‘Video Games’ es que Del Rey es carnaza de ser vestida por una major, pero ya no es ver quien es el listo que le talla el vestido, sino que el vestido ya lo tiene hecho.

Amy Klein de Titus Andronicus escribe que Lana Del Rey se asocia a sí misma con lo que conocemos como romance del pasado, la edad de oro del cine, Los Ángeles en blanco y negro, pantalones vaqueros, cerveza, noches de borrachera, gangsters…es decir, evoca a los hombres esa América de los años ’50 pero, en vez de esperar el Martini después del duro día de trabajo, la esperamos a ella (“Lana Del Rey nos hace pensar sobre la relación entre vender fantasía y vender mentiras”). Klein se va por los cerros de Úbeda al mencionar la actual decadencia de Estados Unidos, obviando que viene de décadas pasadas, por ello no puedo despreciar una materia prima de notable calidad, por mucho que pongamos en duda la autoría de los videos, la escritura de sus canciones y demás, el producto es muy bueno, Lizzy Grant es especial, claro que ya nos están colocando poco a poco el producto en el Carrefour musical. Por eso, es bueno investigar el proceso de elaboración y transporte que ha seguido ese producto, por muy malo que sea el etiquetado hay que saber lo que nos estamos comiendo.

Ella es más lista que nosotros”, termina Klein. Probablemente. Ha conseguido la mejor forma de promoción a lo bestia, la llamada (por mi) doble vía nazi-comunista, convertirse en esa sirena que enamora y en el otro extremo odiada por el posible tufo de su fecundación en laboratorio. Y algo bueno siempre hay cuando se producen sentimientos tan extremos y, en muchos casos, la crítica negativa es desde la envidia y ese manto de amargura que tienen muchos críticos musicales. Que si estuvo cinco años bebiendo mucho y ahora ya no lo hace, punto cool para ella porque dudo que viviera en el jodido Bronx rodeada de crack, tiene más pinta que tuvo cinco años perdidos alimentados por un estilo de vida Gossip Girl; que si hace un secret show en Nueva York, que ahora se lleva mucho para crear más expectación, al que acude toda la payasada artistera de Williamsburg, punto cool para ella; que si le gusta David Lynch y así es rara, punt cool para ella. Pero no puedo dudar que es una muñequita de pestañas oscuras y peinado bouffant que hace pucheritos mirando fijamente a la cámara cantando sobre desnudarse ante un hombre que la trata como mierda. Y además estudió metafísica, o lo intentó, tampoco es tan puppet.

Lana del Rey es la perfecta trampa para críticos buceadores, anti-sistemas de la música que levantan la voz ante el mainstream imperialista, idealistas, nostálgicos que se oxigenan del pasado. Cargados de escepticismo o contaminados de pseudo-intelectualismo nos creemos más listos que los demás, rizamos el rizo de tal manera para cagarnos en lo hipster, lo que nos convierte en metahipsters. Es eso o es verdad que es una Jurasic Park más. Nos ahogamos en el relativismo, pero lo único cierto que se es lo que dijo aquel gran filósofo llamado Dave colocado después de volver del dentista: “Is this real life?”.

Dani Garcia

Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2013, alcanzando especial repercusión con su columna ‘El Elefante Está Borracho’. Actualmente prosigue su carrera en Doist PR.