Lou Reed, un solo de Ornette Coleman

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Contaba Lou Reed que no había día que no tararease ‘Lonely Woman’, la canción que abría ‘The Shape of Jazz to Come‘ (Atlantic, 1959) de Ornette Coleman. Es fácil que se sintiera identificado. Coleman llegó como Reed a una Nueva York con sus propias reglas, una república de oscuridad humana que nada tenía que ver con las estampas de las vallas publicitarias. Entre aquellas humeantes calles revolucionaron sus estilos; Coleman con un saxo de plástico avisando de la llegada del free jazz, Reed con letras que hablaban de un mundo que no se veía desde los rascacielos.

Se fue Lou Reed. Y hoy suena ‘Lonely Woman’ y cada nota de la canción enloquece por la muerte del poeta radical, el hombre que llevó el mensaje maduro al rock y traspasó la frontera de la literatura para llevar los mundos de Ginsberg o Burroughs a la música. Cuando los hippies llevaban su mensaje de amor, flores y LSD, Reed se aliaba con John Cale para meterte en los bajos fondos habitados por chaperos, jeringas y travestis. El amor libre era un retrete atascado.

El éxito siempre fue algo relativo para el neoyorkino. El reconocimiento a The Velvet Underground llegó en el 93 con una esporádica reunión. 30 años atrás nadie en Nueva York aguantaba a aquella banda. Afirmaba Lou Reed que sus inicios en el Café Bizarre de Greenwich Village no pudieron ser peores. Casi nadie entraba a aquel antro y, quien lo hacía, salía nada más escuchar aquel estruendo. Una vez más, la música iba por delante.

Andy Warhol estaba allí, reunió a todos sus freaks y los vistió de cisnes. Los locos, los chaperos, los travestis y el hombre que compuso  ‘Heroin’ se codeaban con supermodelos, pintores, pseudo hispters aristócratas y otros animales. Holly, Candy, Little Joe, Sugar Plum Fairy, aquel Jackie que quería ser James Dean por un día y las chicas de color que cantaban du du du se daban cita en ‘Transformer‘ (RCA, 1972), el álbum que nos cambió la vida. Si la prosa directa y sencilla pero desgarradora y bella llevó a Hemingway hasta París, que era una fiesta, Lou viajó hasta aquel ‘Berlin‘ (RCA, 1973) depresivo y partido en dos. De allí salió el álbum más crudo que se ha hecho nunca. ¿Quién se atrevería a grabar una canción como ‘The Kids’? A Caroline le quitaban sus hijos por ser puta y drogadicta. El amor es una bestia deforme.

Porque hoy no hay confrontación por el sonido maníaco de ‘Metal Machine Music‘ (RCA, 1975), ni tan siquiera por el desastre rítmico de ‘Lulu‘ (Univesal, 2011). Porque sin Lou Reed no habría mas que un rock de grandes ideas, sin crudeza ni desesperanza. Por eso, hoy y para siempre, debe volver a tararearse un solo de Ornette Coleman. Porque Lou Reed lo hubiese tarareado cada día.

Retrato a cargo de E. Castellanos.

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