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Unos Grammos

EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO | por Dani García

¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

Euforia, risa fácil (y falsa), exaltación de la amistad, sensación de seguridad, excitación, capacidad para sintonizar con los demás y uno mismo, sensación de fuerza, inquietud, desinhibición. Ambiente general creciente en la ciudad sin alma cada año ante los llamados oficialmente premios de los “Sobresalientes Logros En La Industria De La Música” (logro es un eufemismo para dólares, cosas de Adam Smith), vamos, como cuando dicen “Juan Carlos I rey de los españoles”, y otorgados por la Academia Nacional (yanqui) de las Artes y las Ciencias Musicales, vamos, como cuando dicen “La Razón, periódico”.

Llegar y esnifar, Grammys hasta los alveolos, pose por aquí, sonrisa por allá, la palabra hipocresía queda descatalogada para este evento, simplemente es un gran montón de mierda, un escaparate para que unos artistas reciban el mérito de 77 productores, 21 representantes y 37 que han montado “música” manoseada cual polla en manos de una puta orquestada desde el sexagésimo piso de un edificio de Nueva York por 7 inteligentes cabezas pensantes que conocen al consumidor. Esta edición, celebrada el pasado domingo, ha dejado el listón de la decencia, la moral y la ética tan bajo como los sacos de arena de Terelu Campos, pero tampoco nadie había pedido que aquello fuera la fiesta del Club del Té de la Señorita Pepis.

La muerte siempre se demanda, es un sabroso producto. La organización de los Grammys dio palmas con las orejas cuando supo que Whitney Houston no se había aprendido la noche anterior la primera regla del yonqui: si tomas barbitúricos, no te bañes (como me decía un amigo). Ella, olvidada en un mar de drogas, lamentos y palizas, que poético que me ha quedado, básicamente, con dinero como un jeque se ha puesto los últimos quince años hasta las tetas y parece que disfrutaba con que su ex marido la zurrara, un gran insulto por cierto a las mujeres que no pueden escapar de esta lacra social por encontrarse atadas económicamente. En un auténtico cenagal, se han acordado de ella en su muerte, porque la cultura cristiana nunca cambia, celebra la muerte, pero en la sociedad de hoy como un show mediático caduco (a ver quien se acuerda de Whitney en una semana). Polvo y viento. Hasta 22 singles de la cantante aparecen en el top 200 Billboard de esta semana y sus álbumes suben un 6000%, todo esto conseguido en pocas horas de margen porque murió el sábado tarde y las listas cierran el domingo, las horas que tardó Sony Music en una de sus habituales prácticas desesperadas para subir el precio de los discos; en la casa discográfica han rectificado: “¡ooops! Que perdón, que ha sido un becario” (¿pero devolverán el dinero de más?, me pregunto). La muerte es un premio, me hace pensar teniendo en cuenta que el otro día firmé un seguro de vida valorado en una buena suma, aunque hace pensar más firmarlo a los 26 años.

El cartel del circo no podía llegar entonces mejor al momento del “tabicazo” colectivo. Chris Brown pasaba por ahí, estaba en listas, le había metido un colega después de que no le dejaran entrar en el garito tras darle una buena somanta de palos a Rihanna hace tres años. Adorable caducidad mediática pensará él, que jamás ha mostrado arrepentimiento ante lo que hizo. Tampoco se puede disculpar mucho a la otra individua que declaró que le gustaba el punishing. Las adolescentes aplaudiendo (“clitóricamente” hablando) las nuevas canciones de Brown que hablan de una tía con una escopeta, lobotomizadas de la naturaleza de este individuo, un paleto yanqui más que manda a tomar por culo por Twitter a todos los que le han criticado cuando gana dos Grammos. MTV, los 40 o cualquier Carrefour mediático les ríen la gracia, porque el muslamen verborreico y el postureo pezonero tiran más que dos carretas.

Se une a estas rayas lo que conocéis como indie y, repito, enésimo argumento de porque la frontera entre el mainstream y el indie es una fina línea que se ha esnifado Pocholo. El mercado es el mercado, todo está estudiado, y los Grammys son una herramienta de mercado, como los bancos pero un poco mejor. ¿Qué es indie y que es no indie?¿En qué medida estamos capacitados para valorarlo si el solapamiento ya es real? Es una simple tendencia, moda pura y dura, como los perros-rata. Independientemente que haya premios inferiores como “Mejor Artista Alternativo” (donde estaban metidos Bon Iver, Death Cab For Cutie, Foster The People, My Morning Jacket y Radiohead), la presencia de nombres como Bon Iver, Mumford & Sons o The Black Keys en categorías importantes era un guiño claro a una industria que está consumiendo de otra teta para abastecerse. ¿O hay alguno que crea que estas nominaciones se hacen por el arte de la gran ética musical? El propio Justin Vernon se llevó el galardón a “Mejor Nuevo Artista”, enhorabuena y esperamos que haya superado ya lo de su ex novia cuatro años después, quizás es hora de que le dé un poco el sol.Enhorabuena también a Coldplay por su nominación a “Mejor Actuación De Una Banda” (porque casi han sabido estar a la atura de Los Trotamúsicos), Foster The People por la misma nominación (ahora ya pueden hacer como Jarabe De Palo y grabar la misma canción en diferentes versiones el resto de su carrera sin que se note) y a la organización de los Grammos por su excelente y ajustado criterio musical con Coldplay y Mumford & Sons nominados en “Mejor Actuación Rock” (elige, o eso es vomitar bilis con pus sobre el rock o el rock murió en 1973 como decía Lester Bangs en Casi Famosos). Aplauso sarcástico especial a Adele, no porque la tipa lo haga mal, sino porque la máxima triunfadora de los Grammys 2012 tiene la crítica de su disco en todas y cada uno de las publicaciones que se auto-denominan indie (y por lo tanto abanderan esa pulcritud) del mundo. Comprobadlo. Gol por la escuadra. Hipocresía a granel. Y luego si hubiera aparecido Lanita por alguna categoría, manos a la cabeza y las sirenas de guerra sonando.