Ser fan es una excusa más para convertirse en objeto traficable. Lejos quedan aquellos tiempos en los que un admirador era aquel apasionado por un grupo que consumía pósters, camisetas o papel de fumar con el logotipo de su formación favorita. Ya no se trata de dormir en el estadio para estar en primera fila o forrar la carpeta con recortes amorfos; ahora el fan asume su rol de mercancía.

A mediados de los ‘60 hubo una banda que dio con la tecla. Con una juventud efervescente que rechazaba los patrones de una nación metida en una guerra constante por mantener un imperio y una sociedad establecida bajo el conservadurismo, San Francisco hizo flop y The Grateful Dead se convirtieron en la primera sensación para todos aquellos que comenzaban a llamarse hippies.

¿Les suena aquello de ‘Factor X’? El término se utilizaba para definir las sensaciones que transmitía la música de The Dead, sus canciones se convertían en sentimientos inexplicables para sus fans. Quizá tendría algo que ver las ingentes cantidades de LSD que solían consumir. Todo aquello sucedía en una época en la que la inocencia primaba, antes de que Factor X se convirtiera en un programa de talentos, claro.

Aquellos hombres y mujeres comenzaron a seguir a la formación de Jerry García por todo el país instigados por la contracultura de Ken Kesey y sus Alegres Bromistas. Los Deadheads cambiaron el significado del término fan, llegando a una sintonía máxima con The Grateful Dead. Todo un movimiento espontáneo convertido en uno de los elementos más destacables de la juventud de los sesenta que hoy se estudia en la Universidad de California-Santa Cruz.

Pero ahora estamos en esta época en la que todo es vendible. El fan se vende y se compra. Hace unos días saltó la noticia de que Duran Duran -formación británica que conoció el triunfo en los ‘80- había denunciado a la empresa encargada de gestionar su club de fans. Al parecer, Worldwide Fans Club no había cumplido con su cometido como tampoco había llevado de una forma correcta la contabilidad; la empresa no le pasaba al grupo todos los beneficios que obtenían a costa de sus seguidores.

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El malentendido tardó poco en llegar. Muchos creyeron que la formación había denunciado a sus propios fans. El desmentido destapaba aún más la patraña. A partir de ahora, Duran Duran harían todo lo posible para “proporcionar un servicio del más alto nivel”. En la línea del Meet & Greet, el intercambio entre admirador y artista es económico, nada que ver con la pasión y agradecimiento que la Música transmitía entre ambos.

Entre merchandising y cuotas para considerarse un verdadero fan, cierto tipo de músicos han sabido sacar partido de las nuevas tecnologías, convirtiendo sentimientos y hasta ese ‘Factor X’ en tema monetario. Los fans lo son todo, ya saben.