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Asociamos la especulación al político y a su amigo, como si no existiera mala calaña en todas las castas. Ningún mundo se libra de ese virus. Y si las finanzas tienen a su banquero y el político a sus terrenos recalificados y sus mil faenas, la música tiene a aquel al que poco le importa la propia música.

Cuando compro un vinilo que lleva en este mundo más tiempo que uno mismo, imagino a quién perteneció en su momento. Observo los desperfectos y los apaños, el olor a humo que muchas veces guardan. Imagino a un hombre mayor -imagino también que ha fallecido- que en su momento fue un joven y que apostó por aquel álbum. Le veo fumando, escuchando la aguja pasar. Observo el tiempo que permaneció el disco en sus diferentes casas y cómo el joven se hizo padre y decidió desprenderse de él porque no tenía espacio o vio en el cedé el formato final.

Cada año llega el Día de las Tiendas de Discos, que los que saben más llaman Record Store Day, y ocurre lo propio. Vinilos en edición limitada puestos a la venta y discos que nadie llega a escuchar jamás. Paul Weller editó para este año un siete pulgadas de ‘Brand New Toy’ con una edición limitada de 500 copias. El vinilo no llegó a estar a la venta en las tiendas porque se había agotado antes. La noche anterior ya circulaban copias en Ebay con precios que iban de los 30 euros a los 60. Weller dice que no volverá a participar en la jornada que pretende llevar a la gente a redescubrir los santuarios del disco.

Este mercadeo viene directo desde parte de esas manos que no quieren ver morir la Música pero que contribuyen a destruirla con acciones en las que las canciones no son más que algo que se puede contar con billetes. ¿Qué amor no monetario hay en el que compra música para venderla al día siguiente? El disco antiguo y su reventa gozan de aquella prima que el tiempo le da, esa característica de una ignorancia y amor recompensados y revalorizados. ¿Qué tiene de eso un trabajo en edición limitada que sólo sirve para fomentar el consumo y la destrucción de una pasión como la Música?

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La lección la tuvimos hace un par de semanas con los Stones en Madrid y los problemas para comprar en condiciones una entrada. La página de venta de entradas bloqueada desde el momento que fueron puestas a la venta mientras las de reventa triplicaban su valor y funcionaban perfectamente. No era la primera vez. The Boss llegó a quejarse de estas prácticas cuando, en 2009, las entradas para un concierto que ofreció en Washington únicamente podían comprarse en reventa porque la página que ofrecía los tickets no funcionaba por motivos de mantenimiento. Saquen sus conclusiones.

Son estos actos los que no dejan crecer cada iniciativa, los que destrozan y martillean los verdaderos intentos de cambiar la fórmula de una Industria condenada por sus propias decisiones de buscar la riqueza en el Arte.

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