Inside Llewyn Davis | Joel y Ethan Coen

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Un zapato hundido en la nieve, un calcetín mojado, ningún sofá para dormir aunque solo sea un par de horas, un gato que se llama Ulises, una guitarra, la ciudad de Nueva York y un hombre que hace folk. Joel y Ethan Coen han escrito y rodado una gran canción, se titula ‘Inside Llewyn Davis’ (2013). Es la historia de un perdedor, del músico que pasa hambre y frío, el que en los años sesenta frecuentaba la escena del Greenwich Village. El talento no siempre era suficiente, no todos los músicos de esa esencia instalada en Greenwich triunfaron como Bob Dylan, Tom Paxton o Joni Mitchell.

La película, su argumento, va en círculos. Si existieran las benditas dobles sesiones que murieron en los 70’ uno podría empezar a ver la película por la mitad, verla acabar, verla empezar de nuevo y no perdería sentido. Una canción folk empieza y acaba sin giros dramáticos, pero puede ser terriblemente dura. Así es ‘Inside Llewyn Davis’, un canto rodado que choca contra las complicaciones constantemente, que las esquiva si puede, que se sirve de la hospitalidad de amigos, que lleva un drama vital colgado al cuello y que cuando coge la guitarra y canta, abre su alma en canal. Y emociona y te da un buen golpe en el estómago si eres suficientemente perdedor.

Llewyn Davis arrastra una parte muy importante del alma y de la música de Dave Van Ronk, “la figura más importante en una escena oscura” según Ethan. Se refiere a que Van Ronk personifica la escena del barrio neoyorkino cuyo trabajo más imperecedero se titula ‘Inside Dave Van Ronk’ (Prestige/Folklore, 1962), no es coincidencia. Ethan se refería a que Van Ronk, que llegó a ser una especie de padrino en la escena pero nunca disfrutó de la condición de superestrella que tenía Dylan. Para armar este paralelismo los Coen se han fijado en su biografía, un libro titulado ‘The mayor of MacDougal Street’. Un documento entre grandioso, agrio y tremendamente divertido. En la línea del cine de los directores de ‘Fargo’ (1996).

Ninguna de las canciones del filme fueron escritas por Van Ronk, pero su sello está en la película. De momento ese antiguo tema titulado ‘Hang Me, Oh Hang Me’ que Ronk reinventó es el que abre la película. También se incluye la versión de ‘Ronk de Green Green Rocky Road’, interpretada en el filme por Oscar Isaac.

El trabajo del protagonista, Oscar Isaac, es portentoso. Cansado, sarcástico, triste y terrible. El rostro perfecto para retratar al músico que se emborracha y maldice el folk una noche y a la siguiente estalla ante la falta de respeto por un oficio donde no importa (al menos en Greenwich Village) lo bueno que fueras. Y Justin Timberlake demostrando otra vez que detrás de ese cantante de gimnasio hay un talento para la interpretación incuestionable. Y Carey Mulligan tan maravillosa como siempre en un estado de encantadora impertinencia. Y John Goodman en el momento más Coen del filme y el peor de la película. Y esto solo quiere decir que estamos ante una película prácticamente perfecta.