John Lee Hooker VS Robert Johnson

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Cuando se habla de dos colosos, algo habitual en nuestra sección ‘batalla de bandas’, uno a menudo se pregunta por qué uno tiene que ser mejor que otro. En Hablatumúsica, como siempre, argumentamos desde una base sólida y con algo de picardía buscando quién y por qué fue más importante para las generaciones posteriores a su obra. En este caso, de un lado está Fernando Naval con Lee Hooker, en el otro, nuestro guillotinesco José Roa con Mr. Johnson.

Habría que preguntarle al diablo cuál de los dos le gusta más. Seguramente opte por Johnson. Robert Johnson no es simplemente uno de los músicos más venerados dentro del blues, si no que su leyenda se esparce a lo largo y ancho de todo el ámbito de la música popular. Un alma vendida que dejó en tan solo 29 temas grabados un talento “sobrenatural” en la guitarra, una voz profunda y melancólica de registro inimaginable y un adelanto pionero en más géneros de los que cualquier maestro del delta blues pudiera incluso desear.

Más allá del mito y del misterio, superando la leyenda para centrarnos en la historia, encontramos a un músico itinerante de quienes sus contemporáneos no hacen más que hablar maravillas. Esa es toda la prueba necesaria, cómo los artistas con los que compartía la carretera presenciaban atónitos el talento de aquel joven Johnson que se sentó en un cruce de caminos esperando mejor suerte. Lee Hooker, por enorme respeto que se le tiene, no es dueño de la canción de blues que más ha recorrido el mundo y sembrado inspiración, Cross Road Blues. Desde las versiones de Eric Clapton hasta películas como Crossroads (1986) (obviamente no la de Britney Spears), su legado mantiene el nombre de Robert Johnson resonando con más fuerza que cuando él mismo recorría el sur estadounidense.

En sus grabaciones puedes escuchar desde el swing en They’re Red Hot, hasta el ragtime y el vaudeville, incluso podían atisbarse retazos de lo que sería una década más tarde el rock n’ roll en temas como Sweet Home Chicago o Love In Vain. La versatilidad del músico ambulante los dotaba de gran capacidad creativa y aquí tenemos el ejemplo más concreto, sumado a la capacidad para captar canciones de oído sin tan siquiera ensayar, como comentaba su coetáneo Johnny Shines. Una genialidad con la que solo se puede nacer.

Su calidad técnica como guitarrista es otra cualidad indiscutible. En las grabaciones se puede apreciar el distintivo rasgueo del delta blues, el uso simple y profundo del slide, junto a composiciones que simplemente resultan difíciles de visualizar. En ocasiones pareces estar escuchando distintos instrumentos emanando de una sola guitarra: ritmo, percusión, melodía, todo encerrado en tan solo seis cuerdas. A esto acompaña el característico sonido de la producción de sus grabaciones. En una época en la que toda mezcla que podía hacerse era in situ, la preparación era aún más crucial, por lo que un simple gesto como orientar el metálico sonido de su guitarra hacia la esquina provocaba una reverberación natural y un efecto de multiplicación con el que podrías jurar escuchar más de una guitarra al mismo tiempo y se dedujo distintivo en el resultado final. Por fortuna o a propósito, ese en apariencia nimio detalle es parte de la reputación de su trabajo

Ambas figuras son representativas no sólo de un género, si no de un estilo de vida auténtico y perdido. Sin embargo, Robert Johnson es el padre y la primera leyenda musical del pasado siglo. El misterio de su vida no oculta la genialidad de su figura y su música.

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  • Fernando Naval vota por John Lee Hooker

Cuando hablamos de música ¿qué sentido tiene hablar de cifras, de fechas, de todo aquello que no sean los puros sentimientos y sensaciones que provocan las canciones? Cuando alguien utiliza un argumento de cifras dejamos de hablar de música, sólo tenemos que recordar muchos de los grupos que actualmente son un boom de ventas son puramente prefabricados.

Johnny Lee Hooker es la carisma personificada. Tras una vida entera dedicada a la música se hacía el silencio cuando subía a un escenario y eso no se puede pagar con millones de promoción ni con fotos en un estudio profesional.

El blues es rabia y es ritmo, ingredientes que corrían por las venas del maestro de blues de vieja escuela. Alargaba las frases a su antojo, sorprendiendo con sus variaciones del blues clásico. La guitarra era una prolongación más de su cuerpo que le permite expresarse con una autenticidad increíble cuando cantaba One Bourbon, One Scotch and One Beer, Crawling King Snake, Hobo Blues, Boom Boom o cualquiera de los fantásticos temas que permanecen en el paraíso del blues más puro.

Cuando el tema no es tocar más rápido ni mejor aparece el espíritu del artista de forma más clara. La capacidad de emocionar con un swing directo que acompaña a un blues lento y aparentemente inofensivo que sale de las entrañas es más fuerte que todos los decibelios que pueda soportar el oído.

La posibilidad que le brindó el segundo marido de su madre de conocer personalmente a leyendas del blues clásico como Charlie Patton, muy anterior al blues de bandas de Chicago para el que debía ser directamente únicamente de guitarra y voz fueron esculpiendo su personalidad musical. Cuando comenzó su carrera musical, genios como Willie Dixon, Howlin’ Wolf o el increíble Muddy Waters habían dejado ansiosos al público de todo el mundo de alguien como él, haciendo posible que la gente por fin entendiera su estilo.

Este bluesman surgió de un mundo que se caía en pedazos, tocando la guitarra por la noche tras emigrar varias veces como vagabundo, no tenía a nadie pagándole los estudios profesionales en ninguna academia de música. Huía hacia delante con su fraseo casi hablado y eludiendo el ritmo que él mismo marcaba con el pie de forma literal. Su influencia ha sido tan grande como figura legendaria del blues que trasciende de la música y se une a una forma de vida por y para la música.

Johnny Lee Hooker llevó una forma de vida tan intensa que años más tarde de ser conocido internacionalmente todavía no era consciente de serlo habiendo pasado más de media vida muy próximo a la pobreza. Como dijo Howlin’ Wolf, cuando no tienes nada de nada es cuando tienes el blues.

Falleció tres días después de su último concierto y la última canción que grabó fue una colaboración con una gran estrella que nos abandonó varios años antes: Roadhouse Blues con Jim Morrison. Uno de esos tipos con suerte que pudo morir prácticamente subido al escenario.